lunes, 20 de junio de 2022

¿Vencedores o vencidos?

 

Señores y señoras les informo que, a partir de la fecha, el país con la democracia más consolidada de América del Sur ha hecho la transición a un gobierno de izquierda. Igualmente, para la prensa amarillista, que le encantan estas noticias les doy la primicia que, hace un par de semanas, mi socio se suicida víctima de una extorsión.  Una extorsión cuyo modus operandi se basaba en la empatía.

Y sí, las cosas cambian. De la noche a la mañana. Un día nacemos otro día morimos. Un día el sueño colectivo se esfuma para convertirse en la historia sin fin. Un día nos sentimos capaces de comernos el mundo, y al otro nos vemos sentados, petrificados, por las noticias que parecen de otras vidas, viendo un camión de la fiscalía salir con el cuerpo de tu amigo hecho trizas.  

Esto me recuerda a las canchas de arena en las que jugaba futbol, con Jose Fernando mi primo, y el combo del barrio donde estaba la casa de mis abuelos.  Cuando corríamos de un lado al otro, y la polvareda se levantaba y de pronto éramos incapaces de ver hacia adelante, por esa nube de tierra que se nos metía en los ojos y, no nos dejaba respirar. 

¿Y ahora quién podrá ayudarnos? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo me debo parar después de lo sucedido? ¿Hacia dónde debo correr para meter el gol? ¿Cuál es la meta, si es meter un gol? 

Por qué carajo esperamos batacazos que nos mueven el piso para hacernos estas preguntas y para darle el valor a las cosas antes de que pasen. Digan si no valoran ahora, por más discrepancias que tengan, al combo de presidentes que lidero este país en los últimos 20 años. No soy de política, pero valoro la libre expresión, y valoro la honestidad y la transparencia. Detesto la manipulación basándose en falaz empatía.  Hay dolor de patria, como hay dolor en mi corazón porque un amigo no se vulneró ante sus amigos y familiares, no soporto más el agobio, y decidió terminar el calvario de su vida. ¿Tenían solución sus problemas? ¿Eran verdaderamente inmanejables o era su percepción?

Como dice otro amigo mío:  "el mayor de los problemas es el propio". Es una verdad a rajatabla. Y si es así, entonces. por qué creemos que tu situación no es la mía o viceversa. ¿Por qué insistimos en creer que hay un tú que no soy yo? Si no que lo digan todas las personas que asistimos a la misa de mi socio. Él se sentía desesperado con seguridad, se sentía solo y sin salida.  ¿Es que acaso su suicidio no me afectó?  La presidencia de Petro nos afecta a todos. U optamos por ser la víctima y creer que una persona puede cambiarlo todo, o desmoronamos ese sesgo, y asumimos la responsabilidad que nos corresponde para trabajar, para seguir adelante, para transformarnos, para cambiar la realidad que nos refleja. Si yo cambio tu cambias.  

En nuestro emprendimiento, de ser los tres mosqueteros pasamos a ser Batman y Robin. Y muy a pesar de lo anterior, quedamos convencidos que nos tenemos que levantar cada mañana a trabajar por generar consciencia de la salud física pero sobre todo, de la salud mental de las personas.  Muy a pesar de Petro, y muy a pesar de la dolorosa muerte de nuestro socio y amigo, aceptamos el dolor como una invitación permanente e imborrable a que tenemos que dejarlo todo en la cancha. Que así nos duelan los ojos en la polvareda, y así tosamos como locos, tenemos que esforzarnos, por ayudar a las personas que tenemos a nuestro alrededor alivianar el peso de su carga.   Diríamos que la muerte de nuestro amigo se convierte en un permanente recorderis que tenemos que trabajar sin descanso por el otro, en vez de sentarnos en disquisiciones sin sentido, a pensar como la adversidad nos venció, tenemos que chutar el balón, sin miedo, a pesar de la defensa, de los empujones y de las zancadillas. A pesar de la polvareda.

Petro venció en la contienda electoral, pero todos como sociedad podemos vencer la indiferencia y la victimización.  El verdadero desarrollo no está afuera está dentro de cada uno de nosotros. La paz y la felicidad no nos la dará el régimen político o la estabilidad económica. 

¡Un acto de amor hace la diferencia! 

¡No pierdas la esperanza!

¡Goooooool!

  

domingo, 20 de marzo de 2022

Aletheia

Escucho a los analistas políticos decir que la razón de ser de la guerra de Ucrania es por el miedo que tiene Putin, líder de un régimen autoritario, de la occidentalización de su vecino.  Putin a su vez afirma vehemente que Ucrania es un régimen neonazi. Se le olvida el pequeñito detalle a Mr. Putin que, Zelensky, el presidente de Ucrania es judío. Los noticieros buscan explicaciones para su locura y ahora dicen que tiene una enfermedad neurodegenerativa y que no tiene tiempo que perder. Por otro lado, Zelensky exhorta al presidente de los Estados Unidos a que se convierta en el líder del mundo, y la manera de hacerlo es convirtiéndose en el adalid de la paz. ¿Cómo lo propone? Ayudándole a defender sus fronteras, su territorio, y a ayudar a que la barbarie cese.  Es decir, incorporándose en la guerra. Ucrania se desangra, se destruye, llora, tiene hambre, tiene miedo, se siente abandonada por el mundo occidental por el cual tanto apostó.

Tantas contradicciones y cuántos debates éticos. Estados Unidos afirma a todas luces que se abstiene de participar por prevenir una tercera guerra mundial, pero aporta armas y dinero. Europa tibia depende del petróleo y el gas natural de Rusia. Tan sólo ahora después de casi un mes de crueldad empieza a debatir una posible incorporación de Ucrania a la Unión Europea, movimiento que responde a unas afirmaciones de Zelensky donde daba por perdida esa posibilidad. Los líderes religiosos exacerbando la discordia contraria a su mandato de unión, compasión y amor. Los rusos de a pie sufriendo también por el orate que tienen de autócrata, porque sienten que los impuestos que pagan están siendo utilizados para matar a su vecino y pariente. Además, viéndoseles cercenada la libertad de acceso a la información y a la libertad de expresión. Hoy ya ni si quiera pueden comerse una hamburguesa de McDonalds que fue símbolo del fin de la guerra fría y acceso a las comodidades a las que adolecían. Las madres de los soldados no conocen sus paraderos, y Putin afirma darles compensación económicas por ser héroes. ¿Vida vs. Dinero?

Sufrimos y peleamos por el poder, por unas fronteras imaginarias delineadas por el hombre, para el hombre y por el hombre. ¿O acaso un lobo estepario que sale de Siberia a darse un paseíto le piden pasaporte para pasar a Ucrania, a China o a Kazajistán?

¿Y nosotros a qué jugamos? La humanidad está desorientada, está anestesiada. Por un lado, nos encanta ver las noticias, nos encanta vociferar en contra de las atrocidades y de la inoperancia de la justicia global por juzgar a Putin como un criminal de lesa humanidad. Pero olvidamos la compasión, olvidamos que mientras nos comemos un plato de almuerzo, al otro lado del mundo hay alguien en un resguardo sin luz, oyendo bombas, sin comida y angustiado por sus seres queridos, por su propio devenir. ¿y qué hacemos? ¿Al menos una oración? ¿Cuántos de nosotros hemos ayudado a las víctimas? No Caro, es que está muy lejos y no sé cómo hacer. ¿En serio? Querer es poder. No queremos. Pero al mismo tiempo nos decimos a cada uno de nosotros que somos personas buenas. Las contradicciones que vemos afuera existen en nosotros mismos. ¿Vamos a dejar que persistan?

El miedo es la leña que aviva el fuego de guerras, de crímenes execrables, de hechos inenarrables. El miedo es el que hace que nos acoracemos detrás de imágenes inexistentes de nosotros. El miedo nos paraliza. El miedo nos hace reaccionar violentamente. El miedo nos hace agredir. El miedo nos hace mirar la mirada hacia afuera y no hacía nosotros mismos. El miedo nos convierte en lo que no somos.  El miedo “petri-fica”.

 

Es el momento para desocultar nuestro ser, de acercarnos a la verdad dejando atrás los velos que no nos dejan conocer las cosas tal cual son. Aristóteles le llamaba a esto aletheia. Su etimología a (sin) letheia (ocultamiento). 

Evitemos guerras, confrontaciones, evitemos dejar de vivir y tan solo existir, por nuestros miedos y contradicciones. No nos ocultemos detrás de ellos. Y busquemos con nuestras acciones plagadas de osadía y compasión, un cambio. Una desnudez sin velo, una entrega sin ruego, una búsqueda sin ego, un amor labriego.

sábado, 5 de marzo de 2022

COLOQUIO

 Las voces de los instrumentos en una orquesta en algunos pasajes se contraponen, en otros, llevan el mismo ritmo. Es una conversación permanente, donde el tiempo da la entrada a cada expresión, donde cada intérprete se funde con su instrumento para emitir, desde su corazón, más allá de la nota correcta, la sensación perfecta.  El instrumento es una extensión del cuerpo, la voz silente del intérprete se hace movimiento, es energía que se hace armonía. Es una oración que respeta la de los demás. Es un baile que se eleva en el torrente del mensaje plagado de silencios, de corcheas y redondas. Es un diálogo que une a varias almas aspirando a la belleza personificada en sonido. Es una búsqueda por entrar tanto en sí mismo, en el presente, donde la individualidad se diluye para fusionarse en un alma colectiva, donde la concentración plena abre paso al frescor del sentirse frente al mar, o deambulando en la noche viendo las estrellas, o hasta sentir la presencia del amado. La música es el misterio que nos une, que hace que nuestros cuerpos se muevan, que nuestra mente se aquiete y se adentre en ella, para recordarnos la insondable felicidad que nos habita, pero que tanto olvidamos.

Es así como esta semana tuve el inmenso privilegio por primera vez en mi vida de sentirme parte de una orquesta estudiantil de cuerdas frotadas. Para mi fue como subir al mismísimo Everest. Como toda aprendiz me senté en la silla sin saber como era que funcionaba, como se esculpía la magia del sonido. Era aterrorizante y a la vez emocionante. He de confesarles que cuando escuché por primera vez el sonido conjunto de todos los instrumentos, me paralicé de lo que me impactó lo que sentí. Fue sobrecogedor. Entendí que esa magia es fruto de interminables horas de trabajo, por comprender la tarea que te corresponde, por vencer las dificultades técnicas, pero sobre todo es fruto de que cada persona se supere a si misma, a su mente que le limita y le hace creer que no es capaz.  Asistir a una orquesta es ir a una escuela de trabajo en equipo, es una escuela de “mindfulness”, es una escuela de empoderamiento, de seguridad, es una escuela de enfrentarse al miedo a la equivocación. Me di cuenta de que es ese proceso individual quien aviva el fuego de la persistencia. El resultado de todo este proceso no es sólo la música que el asistente al evento escucha. Es la música misma quien edifica en cada una de las personas que la busca, un camino solitario y silente, para crecer, para abrirse a la intuición, para dejar de ser y convertirse en lo mismo que se busca, en música. Dejar de ser estáticos a ser dinámicos.  Dejar de ser inmóviles a ser móviles. Dejar de ocultarse detrás de palabras o prejuicios para desnudar su alma del todo, sin excusas. Dejar ser densos a ser sutiles.

Esta aventura me ha recordado la importancia de respetar el tiempo que vivimos, porque cada tiempo tiene una razón de ser. Si nos aceleramos, no escucharemos al otro, romperemos toda comprensión, todo diálogo, toda construcción común. A veces los mensajes llegan de manera directa por la voz de un amigo, a veces nos llegan enmascarados en enfermedades, en pérdidas de seres queridos, y por qué no hasta cuando caminamos o sembramos una plantita. La osadía de actuar aún cuando tengamos miedo de perder, de equivocarnos, de dolernos o de morirnos es lo que hace un buen director de orquesta, es hacer respetar la fluidez de ese coloquio, es componer la eternidad de esas notas en los corazones de quienes se abren a ellas. Escuchemos al otro, escuchémonos. Y aprovechémonos cada hora del día para vislumbrar que, así como Dios habita en la música, ese espíritu divino habita en nosotros. Hagamos de nuestras vidas una gran composición, esmerémonos por que ésta sea fiel a nuestro ser, a nuestras aspiraciones profundas y trascendentes. Y no sólo creemos la partitura fiel a nuestra composición. Sino que, en coherencia, seamos los intérpretes de esa composición. Y no olvidemos jamás, a aspirar ser música, y a ser música aspirándola.

viernes, 4 de febrero de 2022

Bon voyage

 

Hoy tuve que presenciar el último adiós de un entrañable amigo. ¡La muerte tiene el poder de relativizarlo todo, ojalá tuviera el poder de movilizarnos!

El observar el dolor de amigos en común me hizo pensar, si él, Luis, alcanzaría a imaginarse cómo transformó la vida de cada uno de nosotros. Las lágrimas se escurrían sin pedir permiso. Y ahí algunos de los que, en otrora, se tomara unos aguardientes, bailara y hasta cantara karaoke, éramos espectadores de una obra de teatro donde él era su protagonista.

Cuando se baja el telón. Todos los presentes abandonamos el teatro volviendo a la realidad de nuestras vidas, pero con la sensación de una tarde fría y lluviosa. Húmedos y acontecidos.   Y es ahí mientras resuelvo mi almuerzo y dirijo mi atención a temas mundanos que, me empiezo a hacer todo tipo de preguntas, que compartiré sin filtro con ustedes.

Aquí van mis divagaciones: ¿por qué no expresamos con apertura nuestros sentimientos a las personas que amamos? ¿a qué le tenemos miedo? ¿por qué callamos en vez de darnos al otro? ¿por qué nos alejamos de los demás? ¿por qué nos dejamos imbuir en nuestros atafagos y olvidamos lo fundamental, el otro? ¿por qué están ausentes los que pensé debían estar presentes? ¿cómo transformamos la ausencia en eterna presencia? ¿Qué más evidencia necesitamos para quitarnos la venda de los ojos y empezar a caminar hacia la paz, el amor, que tanto anhelamos? ¿por qué somos tan débiles y obstinados con nuestros propósitos y por qué abandonamos nuestras luchas justificando nuestra derrota? ¿por qué nos dejamos sonsacar de nuestros corazones para vivir presos del ruido, el afán, la posesión y el ego? ¿cuánto tiempo más vamos a vacilarnos, a hacernos los de la vista gorda, a sabiendas que podía haber hecho más y no lo hice? ¿por qué creemos que tenemos tiempo de sobra?

Y es cuando pienso en el tiempo y su severidad, que paro estas divagaciones y me concentro en hacer el almuerzo, porque el hambre me azotaba. Cuando la cosa estuvo lista y me siento a almorzar, le doy gracias a Dios por la vida, y una vez más se apodera de mi la gratitud por el tiempo compartido con los seres que siempre serán en mi corazón, así esta noche, ellos no puedan ver la luna. ¿qué es lo que verdaderamente atesoramos en esta vida? ¿qué es lo que se tatúa de forma indeleble en el alma?

Yo hoy agradezco el milagro de vivir, de llorar y de reír, y que me regalaras este instante de tu vida para leer estos garabatos. Hoy brindemos por las personas que ya partieron, porque ellos son una parte de nosotros, y tal vez nosotros seamos una parte de ellos. Que nuestras lágrimas sean compromiso de cambio y persistencia para que seamos diferentes, para que nuestras acciones le den calor a tantas personas con las que compartimos a diario nuestras vidas, para que no sientan, como nosotros hoy el frío y la humedad. Aprovechemos que es viernes, y brindemos por ese sí, que llevas contigo. ¡Hoy brindo por ti Luis, buen viaje amigo!

domingo, 30 de enero de 2022

Nankurunaisa

 

Les he de confesar que, en estos días he estado cavilando lo mucho que la naturaleza nos enseña y, cómo nosotros ensimismados en nuestros afanes olvidamos observarla y escucharla. Ella tiene el poder de sorprendernos, tiene el poder de arrancarnos una sonrisa o hasta un infarto si tenemos un encuentro cercano con una culebra.  Es como un libro en permanente escritura, es una sinfonía en permanente composición. Todo se mueve. Cada elemento laborioso trabaja, sin cesar, por su supervivencia. Es tal su perfección que la lluvia termina con el agobio de una resolana insoportable, o contrario sensu, el sol es una bendición en medio un gélido invierno.  Pero no todo es trabajo. También hay momentos para disfrutar, sino que lo digan las copas de los árboles que se mecen cuál cumbiamberas bailando la Pollera Colorá, mientras el coro lo entonan las aves, y los árboles circundantes levantan sus brazos al son de la melodía. El regocijo es inatajable, es envolvente. Pero como nada es permanente, todo es cíclico llega el momento de la quietud, luego llega la noche y el frío, luego el amanecer, la humedad condensada, el sol, el calor, el florecer. En la naturaleza el sentido de la existencia es muy claro. Todo es UNO.

Eso pasa en cualquier rincón del planeta. Mientras tanto cada uno de nosotros en nuestras vidas luchamos por sobrevivir. Luchamos por comprender el sentido de esta existencia. Muchas veces confundidos por las señales contradictorias con las que nos enfrentamos, no sabemos qué hacer, nos sentimos separados de los demás, desorientados y, con frecuencia, desconectados de nuestra esencia. Nos frustramos por el comportamiento de los demás, otras veces, por el propio. Pero lo angustia, y el afán, no nos permiten ver que las respuestas que tanto imploramos la tenemos en nuestras narices. Tomamos decisiones y luego, ante cualquier adversidad quisiéramos echar la película atrás, ojalá pudiéramos rebobinar cual equipo de sonido. El mundo y su sistema es una lucha individualista, en la que hacemos daño, porque primero están nuestros intereses sin pensar en el efecto de nuestras acciones, para los demás. El miedo nos encarcela. Vivimos atados a nuestras percepciones.  Olvidamos que todo es UNO.  Olvidamos como diría Thích Nhất Hạnh, prolífico escritor y trabajador incansable por la paz quien falleció la semana pasada que, "sin barro no hay loto, honra tu proceso".

Casualmente, el viernes tuve mi medicamento que, por primera vez, me lo apliqué yo. Me mandó a la cama como ustedes ya saben, a la media noche, me dio mucha fiebre y malestar. No me hallaba. No tenía sueño.  Tuve la oportunidad de prender una chimenea.  Y sentada ahí frente a ella, viendo los palitos de madera dejar de ser madera para convertirse en fuego, y el fuego emanar calor, me di cuenta de que, cada cosa que pasa en la vida nos convierte en algo más, así no nos demos ni cuenta. Para mí la droga y el esfuerzo que me implica cada quince días es como los palitos, se transforman en fuego interior, en ganas de vivir, en ganas de servir, en ganas de dar cada paso de esta vida en forma consciente, en ganas de comprender que yo también soy fuego, soy palitos, soy nube, soy un cardenal, soy mar, soy aurora boreal.

"Cuando reconocemos las virtudes, el talento, la belleza de la Madre Tierra, algo nace en nosotros, algún tipo de relación nace el AMOR"

Thích Nhất Hạnh

 

PS. NANKURUNAISA palabra japonesa que significa: " nunca olvides quién eres y vive por hoy y por el mañana, que jamás se te olvide sonreír y por terrible que haya sido tu día recuerda que el próximo día el sol te recibirá con una gran sonrisa, tú has lo mismo".



 









lunes, 6 de diciembre de 2021

El jorobado danzante

¿Ustedes sabían que el jorobado que menciona Víctor Hugo en su novela "Nuestra Señora de París" que, luego inspiró la película de Disney: El Jorobado de Notredame, verdaderamente existió? Monsieur Trajin, conocido como "Monsieur Le Bossu" (el señor jorobado) fue un escultor que le fue encomendada la labor de liderar las cuadrillas que restaurarían las esculturas destruidas de la fachada de la Catedral del Notredame, luego de la muerte de Luis XVI. Lo curioso es que el pueblo en la revolución francesa confundió personajes del Antiguo Testamento con monarcas franceses del pasado y las arrancaron y las destruyeron sin misericordia. Lo que se sabe de Monsieur Le Bossu es que no se mezclaba con otros talladores, era un hombre solitario. Yo me lo imagino con sus cinceles trabajando sin descanso en sus esculturas, preguntándose incesantemente, en la naturaleza divina de ese personaje bíblico que en sus manos quedaría representado para la eternidad. A pesar de su deformidad alzaba su mirada del piso a su obra, y de sus manos se transformaba el mármol inánime en arte, en belleza, en suavidad, en un ser casi mitológico.

Mientras el jorobado esculpía en solitario, los bailarines se deslizaban sobre los escenarios de madera en una conversación inaudible. La música los invitaba a expresar en movimiento. Sus cuerpos esbeltos y agraciados se movían con delicadeza y control.  Hubo un silencio en la música, y ellos se detienen, erguidos se miran el uno al otro con sus cuellos estirados, su barbilla mirando al infinito, y sus  brazos estirados con su dedo índice señalándose el uno al otro. Ya sienten que empieza de nuevo la danza. Y ellos se sumergen en esa apertura, en la confianza que el otro es una extensión suya, es el preludio del contacto, de la unión.  Y se da el primer paso, se acercan se toman de la mano, y dan ese giro en el aire. La gravedad es inexistente ante la expresión del cuerpo humano gimiendo libertad.  El cuerpo expresando el caudal de esa música que llevamos dentro. 

Es así como a cada uno de nosotros hemos tenido una experiencia vital única. Unos nos parecemos más al jorobado que otros. Mi mamá cuando estaba adolescente me decía "¡Enderézate!". Imagínense la joroba que construí. Yo miraba para el suelo y no miraba al infinito, yo no comprendía en ese entonces, que podía caminar abriendo el corazón a los demás, si no por el contrario, agobiada por mis contradicciones me interné en mi mundo, buscando ese sentido que resultaba escurridizo.  Esa fue la forma que yo encontré para comprender mi unicidad. Toda una Madame Bossu venciendo sus inseguridades y miedos. No siendo eso suficiente, decidí salir de mi aislamiento y me dediqué a viajar y a buscar afuera lo que tenía adentro. Entonces me fui al otro extremo. 

El viaje es el movimiento hacia el equilibrio. El más difícil de hallar. La balanza a veces se nos devuelve y el esfuerzo es el triple. Todos los días luchamos con nuestra mente que nos da mensajes encontrados y nos invita a abandonar la búsqueda. Independiente de nuestras historias, experiencias, tristezas o culpas, cada uno de nosotros debe ir detrás de conocerse a si mismo, para poder así dejar atrás todo aquello que nos ralentiza, que nos detiene, que hace que perdamos la orientación.  La danza de esta vida se compone de tomar consciencia y comprender que somos los escultores de nuestro viaje. Podemos optar por soltar todo y dejarnos llevar por lo que nos dice el corazón, y hacer caso omiso del monólogo que se reproduce sin parar en nuestro interior.  Podemos decidir cambiar nuestra postura, decidir dejar de mirar al piso y por el contrario, levantar nuestra mirada hacia el infinito, hacia la profundidad que escondemos, y que es necesario que vea la luz del sol.  Dancemos en la aceptación de nuestras vidas, y démonos el permiso de ser lo que somos, con la desnudez propia que enfrenta el artista en su proceso creativo.  Amemos las enseñanzas de las jorobas, y abracemos con la alegría la nueva postura con la que enfrentemos la vida. Ya Madame Bossu queda en el pasado, hoy miro este día como un regalo milagroso que me permite abrir mi corazón a fluir, como una buena bailarina al son de la melodía que solo yo escucho, pero que me permite levantar mi brazo, y dar ese giro en el aire. El desafío es vivir el amor, trabajar incansablemente, y aspirar a la libertad de ser nuestras propias obras de arte. 






domingo, 21 de noviembre de 2021

Simetría

En la vida, como en la música, todo tiene su ritmo. ¡Como diría mi profe de cello es " im-pe-ra-ti-vo!" Si me como el tiempo de una blanca, o de una negra, la conversación se altera, la armonía se destruye. Cada instrumento tiene una voz, y si la voz no se interpreta debidamente, la belleza que se persigue se aleja. A mí por ejemplo, me da un afán terrible salir de las notas largas, dejo de sentir la profundidad de esa nota por estar pensando en lo que viene.  Y ni les digo cuando se me da por acomodar el ritmo en función de si me parece fácil o difícil un pasaje.  ¡Valiente gracia! El ritmo tiene una mezcla de oído, de intuición, y de mucha presencia. Cada nota tiene una duración, cada nota tiene un momento de hacerse visible, de manifestarse, de ser, de extinguirse. Lo cierto es que a pesar de que el silencio se abra paso, su presencia no sólo transformó lo narrado si no también al alma de quien la escucha.

Han visto ustedes, por ejemplo, a los pescadores al amanecer recoger sus atarrayas. Sus lanchas las balancea la corriente. Sus compañeros los pelicanos se posan en el casco de la embarcación a acompañarlos siempre expectantes, de que un buen trozo de pescado caiga en sus gaznates. Son largos minutos en silencio. El vaivén de la fuerza del mar se siente con el embate de las olas despertándose, el sol hace su tránsito, el sonido del agua reventando contra la lancha se mezcla con el sonido de la nasa deslizándose. Los pescadores sostienen la relinga superior de las redes a la espera del momento perfecto. De la quietud a la acción. Se recoge la pesca con esfuerzo, un pescador se tira al agua a ayudarle al otro a alivianar el peso de la carga. La resistencia que sienten los pescadores es vencida por la ilusión de llevar el pan de cada día a sus hogares. Pero una vez, en la superficie, al interior de esa atarraya es frenesí, los peces bailan champeta, y son las contorsiones de su cuerpo que marcan el ritmo de su rito de despedida.  Es el vaivén de la quietud al movimiento, y del movimiento a la quietud.

Si la vida es como la música, un arte en el tiempo, ¿Cómo encontrar ese pulso divino en este tic tac humano? ¿Cómo ser equilibrio entre sonido y silencio, entre quietud y movimiento? ¿Cuál va a ser la ilusión que venza la resistencia de la carga que llevamos? ¿Cuál será la nota que se eleve de nuestro interior hoy?

Cada día que se nos da de vida, se nos da la oportunidad o de dejarnos llevar por la respiración incesante de nuestra existencia, o de resistirnos a los ciclos, a los cambios, a los aprendizajes. ¿Cuál opción escogemos?  

A pesar de la dificultad que implique, yo opto por escuchar ese pulso en mi corazón. Por apostarle a la magia de la polifonía. Que mi existencia se deslice al son de ese pulso, trabajando a buscar dentro de mí, esas notas que hagan refulgir la paz y la luz, en contraposición al afán y a la oscuridad.   Yo opto por ser ese instrumento que interprete la obra asignada respetando cada signo marcado por el compositor en la partitura.  

¡Hoy es el momento: para detenerse y pensar, para sentir, para soltar, para amar, para perdonar, para actuar!

 

Recordando al Eclesiastés:

"Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

 un tiempo para nacer,

    y un tiempo para morir;

un tiempo para plantar,

    y un tiempo para cosechar;

 un tiempo para matar,

    y un tiempo para sanar;

un tiempo para destruir,

    y un tiempo para construir;

 un tiempo para llorar,

    y un tiempo para reír;

un tiempo para estar de luto,

    y un tiempo para saltar de gusto;

 un tiempo para esparcir piedras,

    y un tiempo para recogerlas;

un tiempo para abrazarse,

    y un tiempo para despedirse;

 un tiempo para intentar,

    y un tiempo para desistir;

un tiempo para guardar,

    y un tiempo para desechar;

un tiempo para rasgar,

    y un tiempo para coser;

un tiempo para callar,

    y un tiempo para hablar;

 un tiempo para amar,

    y un tiempo para odiar;

un tiempo para la guerra,

    y un tiempo para la paz."