domingo, 20 de diciembre de 2020

Plerosis

Velas encendidas, faroles engalanados de colores, música festiva, pólvora ardiendo, viandas autóctonas haciendo su agosto: para unos, arepas fritas y carimañolas; para otros, buñuelos, natillas y hojuelas. Las reuniones familiares están a la orden del día, los amigos también buscan un pretexto para cantar juntos "...dulce Jesús mío, mi niño adorado, ven a nuestras almas; ven, no tardes tanto...". Siempre hay un motivo para encender esa vela, un motivo para agradecer, un motivo para añorar. El olor de la cera de las velas se mezcla con el rocío de la madrugada en la costa, o se mezcla con las frías noches del interior del país, en todo caso, el calor de las costumbres irrumpe hasta el más frío resquicio de nuestra hogar.

Pero este año todo fue diferente. No nos pudimos reunir como de costumbre a compartir, a vivir los sonidos, olores y colores de la Navidad. Es una Navidad que, para muchas familias, les recuerda la ausencia de un ser querido, o porque el Covid lo hizo partir o porque la pandemia los separó. Es un año de distancia, de angustias y miedos; es un año en que tantas tantas personas, de una u otra manera, sufrieron.  Así que, si hoy estás leyendo este blog, dale gracias a Dios por el milagro de la vida, por el milagro de compartir con tu hijo, nieto, esposo, esposa, amigo, amiga.

Para mí, hoy es un día especial. Hace un año que estoy en el tratamiento para la esclerosis, con esa inyección que me manda a la lona un fin de semana entero.  Y la verdad, creo que es el momento para compartirles algo de lo que he aprendido con esta dosis quincenal.  El miedo acompaña a lo incierto, para nadie es un misterio,  pero lo cierto es que el miedo se puede vencer si se acepta lo que nos toca vivir.  Como dice Desmund Tutu, la persona que tiene coraje no es aquella que no tiene miedo, sino aquella que vive, que actúa, a pesar del miedo.  Y, como todo camino, lo único que podemos hacer es enfocar nuestra energía en dar el siguiente paso. Con frecuencia, me preguntan hasta cuándo me pondrán la droga y, como no lo sé y los médicos lo ven que es para largo, les respondo que los médicos dicen que para siempre, pero que yo no lo creo. Por lo tanto, la pregunta es cómo decido enfrentar el reto quincenal. Y aquí viene  el segundo gran aprendizaje de este camino, y es que el dolor es una puerta que puede resignificarlo todo,  que te vuelve más consciente del sentirse bien y a plenitud; por tanto, cuando me siento bien, exprimo los días hasta su última gota. El dolor es el maestro para enseñarte que, a veces, es inevitable,  pero que puedes darle un sentido a esos 72 días al año que debes estar recluida, acostada, superando la fiebre y el malestar. ¿Me preguntarán si abatida? La respuesta es que no. Como buen maestro, me ha hecho comprender el gran poder que tenemos en nuestro interior; el gran poder de la mente para llevarnos de paseo al mar, a escucharlo, a olerlo, a ver su serenidad en la madrugada, mientras mi cuerpo combate la fiebre, el dolor y el insomnio. 

El poder de pensar en el otro  fue, para mí, revelador. Entonces, cuando me siento mal, pienso en tantas personas en hospitales, cuidados intensivos, discapacitadas, en tratamientos invasivos, trasplantes que también, como yo, deben enfrentar el reto de superar el dolor. Lo que he aprendido es que el quid está en no pelear con el dolor, en aceptarlo, y utilizar esos días para pedirle a Dios por las personas que tienen pruebas más fuertes que las que yo vivo. Es quitarle el foco a mi malestar y relativizarlo frente al dolor de los demás. 

Y este año, sí que ha estado lleno de historias anegadas de lágrimas. Por tanto, siempre he estado bien entretenida. Si pienso que es una pérdida de tiempo, lo es. Si pienso que esos 6 días al mes son una escuela para que mi corazón se sintonice con el dolor del otro, es un gran regalo. 

El tercer aprendizaje es: si pienso que me va a dar duro la aplicación, me da tres vueltas. Así que la mejor amiga y aliada para esta prueba soy yo misma. Si me considero víctima, le doy el poder a mi alter ego para que cave la tumba, aún estando viva. Si decido vivir, debo exiliar todos los pensamientos que me obligan a pensar que estoy enferma. Como me dijeron en unas de las primeras citas de mi nueva profesión "paciente", hay enfermos y enfermedades.

Al final, por qué le tememos tanto miedo a vivir, por qué tratamos de eludir el dolor, por qué no valoramos los simples y grandiosos momentos en que podemos dar, amar, sentir.  Yo, hoy, le doy las gracias a la vida por la esclerosis múltiple;  les cuento que la redefiní, si juegan con las letras se dan cuenta que la esclerosis multiple esconde que es mi plerosis. Para los que se pregunten qué es plerosis, etimológicamente, viene del griego plerosis "regeneración" y se compone de "pleon" que significa pleno, mucho y "osis" que significa conversión, impulso. Es decir, la esclerosis, ya denominada plerosis es, para mí, un recorderis del impulso que nunca puedo perder por buscar la plenitud, por aprender cada día, por regenerarme cada día, por convertir cada segundo de mi vida en tiempo con sentido.

Que en esta Navidad, ustedes busquen la plenitud, comprometiéndose con el otro, con el amigo, con el que conoces, con el que no conoces, porque al final, todos buscamos la felicidad que a veces se nos muestra escurridiza.  El año se cierra, así que, como los balances en las empresas, los invito a que no sigamos esperando un año más para hacer lo que nos soñamos, para dar lo que somos, para agradecer lo que recibimos sin merecer, para vivir con sentido cada segundo de nuestra existencia. 

Feliz Navidad a todos y espero que el año 2021 nos permita borrar la palabra separación del diccionario y nos permita abrazar, besar a quienes están en nuestro corazón. Que sea la oportunidad para agradecerles a todos sus comentarios, sus palabras de aliento, su compañía. 

¡Cantemos!


"... Dime que me quieres
Dime que me quieres
Que me adoras mas
un año que viene
y otro que se va
un año que viene
y otro que se va


traigo un ramillete
traigo un ramillete
de un lindo rosal
un año que viene
y otro que se va
un año que viene
y otro que se va
vengo del olivo
vengo del olivo
voy pa'l olivar
un año que viene
y otro que se va
un año que viene
y otro que se va..."
CANTARES DE NAVIDAD

domingo, 6 de diciembre de 2020

Entre zánganos y perfumes

Las abejas se arremolinan alrededor de las flores del jardín. Sin tapujos rompen los esquemas y dibujan sus viajes en el viento, en la supuesta invisibilidad del aire.  En medio del jolgorio se desgaja un aguacero que las hace salir despavoridas a resguardarse de tal violento encuentro, baten sus alas sin resistencia y buscan con seguridad el camino más corto para llegar a la colmena, donde podrán calentar sus cuerpos y podrán quitarse la ropa húmeda. Ellas no miran para atrás , no hay tiempo que perder, se enfocan en llegar a su anhelado refugio.

¡Tanto tenemos que aprender de las abejas! Ellas saben hacia dónde se tienen que dirigir, saben cuál es su rol y aporte a su sociedad, cumplen su cometido sin "peros". Ellas no conocen su ignorancia, ni anhelan ser la reina porque solo hay una.  Son zánganos u obreras, aún así pasan por alto el impacto de su dedicado esfuerzo y ni se les pasa por la cabeza que le dan alimento a tantos. Nosotros que nos creemos una especie superior deberíamos observar a ese combito de bichitos vestidos con un enterizo amarillo de rayas negras, que zumban y zumban, y ofrecen la mismísima vida por asegurar la supervivencia de sus familiares y amigos.  

Que si el huracán de Providencia, que si las casas quemadas de Cartagena, que si la inundación por las lluvias, que si el virus llego a tu comunidad, que si los refugiados huyen de sus hogares en busca de seguridad y sustento para sus hijos, que si los desplazados de la violencia empiezan de nuevo, que si las víctimas son héroes o villanos. ¿Y nosotros qué hacemos?

Nosotros hemos olvidado que vivimos en comunidad. Falsamente, creemos que nuestra supervivencia depende de lo que atesoremos, así eso implique hasta la muerte de otro ser humano. Omitimos de forma sistemática la necesidad del otro, solo perseguimos nuestro bienestar. ¿Y será que  lo que buscamos como bienestar, es lo que en el largo plazo nos lo dará?  Vivimos perdidos, todos nos consideramos obreros cuando somo zánganos, algunos se resisten a su realidad de zángano para volverse el rey o la reina. No ejecutamos nuestras labores por estar hurgando en nuestras memorias, pidiendo perdón o pidiendo permiso. Rompemos el equilibrio de la colmena porque no respetamos las leyes universales del dar y del recibir.  Somos obtusos al no comprender que el foco de nuestra vida trasciende, como las abejas, las fronteras de la colmena. Utilizamos nuestros aguijones para hacer doler al otro, en vez de dar nuestra vida por el otro. Desconocemos que tenemos que buscar la flor mas dulce y excelsa, esa que nos alimenta el cuerpo y el alma. 

¡Qué maravilloso es que nadie necesite esperar ni un solo momento antes de comenzar a mejorar el mundo! Anne Frank







lunes, 16 de noviembre de 2020

La atarraya

Ella observa a través de una vidriera a su mamá fallecer por Covid. Él ve cómo en una prueba de embarazo que se practicó su señora se pinta la palabra "Embarazada", se acobarda al pensar que ahora tendrá más responsabilidad. Ella suspira al celebrar la vida, advirtiendo el paso del tiempo al cumplir un año de un trasplante de médula,y  poder celebrar con una torta roja la hemoglobina que hoy su cuerpo produce. Ella se persigna dándole gracias a Dios por haber  encontrado la casita en el campo  en la que tanto soñaba vivir. Ella celebra sus 78 años bailando en la calle al ritmo de Carmen de Bolívar al mejor estilo de una banda de venezolanos, vino, el abrazo de su perro y su hijo, una sonrisa...que más se puede pedir. Ella lucha con rehacer su vida luego de una separación. Él trata de quitar el lodazal de enfrente de su casa, mientras se repone, porque la tormenta dejó inservible todos sus muebles y enseres. Ella se monta por primera vez en una bicicleta, con la ayuda de su hermano, luego de la amputación de una de  sus piernas.

Desde el 1103 observo como este entramado de eventos se desenvuelve. Mientras los unos bailan, los otros lloran; mientras los unos conciben una vida los otros luchan por su vida; mientras los unos hacen sus sueños realidad, los otros hacen de su realidad un sueño. Ni el más digno guionista pudiera incorporar en una sola composición tantas líneas narrativas sin ningún sobresalto ni gazapo. La belleza no solo está en la cantidad de las líneas narrativas sino en que, como una atarraya que se lanza al voleo, las historias se unen, y anudadas las unas a las otras, sostienen y soportan más allá de su propio peso. Pueden pescar, pueden dar alimento, pueden resguardar, pueden quedarse suspendidas en el agua al vaivén de las corrientes del amanecer. El pescador nunca suelta la atarraya. La fuerza de la atarraya está en su tejido. El pescador es el testigo de la magia de la atarraya, y es a la vez el artífice de su baile, de su arrullo, de su silencio.

Cada una de esas historias me han tocado de una u otra forma en las últimas semanas. En mi atarraya ellas se tejen. En tu atarraya ellas se trenzan.  Tu historia me hace, me nace. Mi historia , te mece, te crece. ¿ No es este el sentido de nuestra existencia?

Hay miradas que se esculpen para siempre en la memoria por su fuerza anímica, hay otras que se añoran sin atisbo de regreso. Hay que miradas que rompen el silencio con su tonada. Hay miradas que brotan y sinceran hasta al más mentiroso. Hay miradas que dan la bienvenida, que llaman a la puerta, que juegan, que conquistan, que con picardía, derriban barricadas. Hay miradas que son oasis, hay miradas que son una bayoneta, hay miradas que son almíbar, hay miradas que son aciagas. Hay miradas que imploran compasión, hay otrasque, por el contrario, se acorazan de orgullo. Hay miradas que se inundan en desesperanza y otras que son como el amanecer soleado después del paso de la tormenta. Aquí recuerdo la rima XXIII de Becquer, que escuchaba con frecuencia en mi niñez, que dice: 

"Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso… ¡yo no sé
qué te diera por un beso!










domingo, 25 de octubre de 2020

De arqueros y dibujantes

No importa si el mundo te ignora, no importa si el mundo te insulta, no importa si el mundo te separa, no importa si el mundo señala, no importa si el mundo te agrede. Importa si por lo que te ignora el mundo, trasciende. Importa si por lo que te insulta el mundo ama. Importa si por lo que te separa el mundo une. Importa si por lo que te agrede el mundo reconcilia. 

Vivimos en la Torre de Babel. Lo que decimos se malinterpreta. Vivimos con tanto ruido en nuestras mentes y vivimos tan a la carrera, que mientras el otro habla, estamos pensando cómo debatirle su idea o simplemente no le escuchamos. Luego se vuelve un juego de egos. El ganador es aquel que se doblega al otro y cree falsamente ser portador de la verdad. Nuestras acciones o palabras son pasadas por un tamiz, el prejuicio. Y de ahí se construye la epopeya que sustentará la argumentación que nos hará ganar el juego. Nunca pensamos si tenemos la información completa que apalancó una decisión determinada por parte del interlocutor. Lo que creemos escuchar lo encajamos perfectamente como un lego en el espacio de nuestros preconceptos. Así todo queda de maravilla, lo que era una casa de una planta se convierte en un edificio. Por lo tanto al tener mas "aire" como dicen por ahí, todo queda ilusoriamente validado, y le permite al susodicho lanzar un aplastante juicio que puede cambiar el curso de nuestras vidas. La distancia que se crea entre la realidad y la percepción es abrumadora.  Nos convertimos en jueces versados en las leyes de la injustica, sin declararnos impedidos por estar inmersos en un flagrante conflicto de interés. 

Hoy vale hacer toda la conjugación del verbo criticar. Me critico, te critico, se critica, nos criticamos, os criticasteis, se critican. ¿Qué obtenemos haciéndolo? Somos tan ciegos y a la vez tan severos que  a pesar de ignorar sistemáticamente el efecto de nuestras palabras en el caminar del otro,  continuamos impartiendo justicia. Y somos tan inconscientes que pasamos por alto que esa palabra dirigida como flecha al cordero, es un boomerang. El arma dirigida al otro termina devolviéndose con toda determinación e igual letalidad al arquero. 

Que nuestras palabras no hieran, que nuestras palabras no invaliden, que nuestras palabras no rompan, que nuestras palabras no maten. Que nuestros sueños se mantengan intactos a pesar de un no, que nuestra esperanza se edifique más fuerte a pesar de puertas cerradas en nuestras narices, que nuestra decisión de intentar no sea enterrada por el golpe certero de la almádana. Que la severidad se convierta en perseverancia por lograr eso que tanto anhelamos.  Que la casa con aire creada por los demás no sea tenida en cuenta, siempre que apostemos como Escalona, a hacer una casa en el aire solamente pa' que vivas tu.

Que nuestra voz no se esconda. Que nuestras palabras no se disfracen para satisfacer la percepción del otro. Que nuestras palabras no sean cinceles que esculpan una escultura inánime. Que nuestras palabras no nos confinen a una isla inhabitada, y como un naufrago los días se pasen pensando en cómo regresar. Que la vida no se nos pase esperando el avión como Tattoo de la Isla de Fantasía. Mickey Mouse nace porque Walt Disney no renunció a hacer sus caricaturas mientras servía como conductor de ambulancia para la Cruz Roja en la Segunda Guerra Mundial, porque siguió insistiendo a pesar de despidos y quiebras, porque decidió experimentar con la técnica de animación en su casa, porque nunca se dio por vencido. 

No importa si el mundo te ignora, no importa si el mundo te insulta, no importa si el mundo te separa, no importa si el mundo señala, no importa si el mundo te agrede. Importa si por lo que te ignora el mundo trasciende. Importa si por lo que te insulta el mundo ama. Importa si por lo que te separa el mundo une. Importa si por lo que te agrede el mundo reconcilia. 






 

domingo, 18 de octubre de 2020

Eclosión

El sol sigue haciéndonos su despliegue de belleza, los arreboles nos quitan la respiración al verlos. Los ciclos de la naturaleza siguen su curso, y no han sido interrumpidos,como tantas cosas, por la pandemia. El otoño llegó para algunos, la primavera para otros, los días se acortan o se alargan a la espera de los solsticios. La hormiga arriera trabaja incasable por cargar una hoja y llevarla a su casa. Las corrientes marinas hacen sus trazos y marcan el ritmo de la travesía de los cardúmenes. Los vientos se arremolinan, se calman, se elevan, nos refrescan, nos avisan, nos recuerdan. La pequeña hoja que nace de un abedul, le permite a un escarabajo resguardarse del clima. Todo se mueve, todo sigue su ritmo, todo tiene su tiempo. Hasta la quietud se mueve dentro de nosotros, y nosotros nos transformamos dentro de ella. Y la lluvia, cómo olvidarla, ella con su magia se lo lleva todo, y permite que después de una temible tormenta eléctrica, todo refulja. ¿Cómo no agradecer cada día y su movimiento? 

Llevamos casi 7 meses de un hecho que estremeció nuestras rutinas. Yo sigo viendo esos movimientos de la naturaleza desde mi balcón. Sentada en un banquito, veo a lo lejos las montañas que resguardan el valle en donde vivo, observo las golondrinas jugar plenas en la mañana, a las avionetas creerse golondrinas, el sonido de un estornudo incontenible de un vecino que se mezcla con la alaraca de los motores de la avioneta. Veo las nubes amontonarse a lo lejos, como hinchas en un estadio de fútbol a la espera del cotejo, luego las veo dispersarse súbitamente como resultado de una estampida en el escenario deportivo. Mi gato repite una y otra vez su rutina de dormilón consumado que alterna con sus ansiados paseos a su coca de comida. Las historias de nacimientos, muertes, enfermedades, recuperaciones milagrosas, de sonrisas y llantos, de desasosiegos y de esperanzas. De todo como en botica se presenta en este teatro.  

En ese movimiento perenne, nosotros nos apegamos al statu quo. Nos creemos la idea de que podemos reversar, sostener o imponer nuestro deseo frente a los vaivenes del devenir. Somos los artífices de suposiciones infundadas y sobre esto construimos el imperio de nuestras existencias. Ustedes podrán pensar que la ola ni siquiera se imaginaría que que moriría al llegar a la orilla, o que a la nube juguetona la tomaría por sorpresa desgarrarse cuando terminase de cargar. La ola no muere, su contorno lo marcará siempre esa frontera de burbujas que se duermen en la tierra, y la nube siempre existirá en la plantita que nace de la semilla en eclosión. ¿Por qué insistimos en ignorar aquello que conocemos?

Cuando desde la ventana se observa el movimiento de lo que nos rodea, nos obliga a pensar que este también se refleja en nuestros ritmos y ciclos. ¿ Se lo permitimos? O simplemente la incomodidad que nos suscita la imagen de lo que creemos ser, nos encarcela, y no nos permite dejarnos llevar al son de esa melodía que tanto resuena en nosotros.  Debemos trabajar de forma incansable para eclosionar.  Salir de las membranas que nos inmovilizan, de los juicios que nos paralizan, de las palabras que nos imposibilitan, de los pensamientos que nos arrodillan. ¿No creen que vale la pena ser Jacque Cousteau y surcar las profundidades de nuestros mares? En ese caso tenemos que ser como los delfines y las ballenas, que son felices tan solo por existir, tal como nos lo recuerda nuestro aclamado marino. Nos convertimos en el explorador y lo explorado, en lo conocido reconocido, en lo amado y protegido. 

Al salir de nuestro resguardo encontraremos que todo se mueve, pero disfrutaremos de esos cambios de estación, el miedo cederá el paso al asombro, el brote germinado se vestirá de gala, con la ayuda del sol se elevará, su tronco se ensanchará, su follaje se volverá tupido, y algún día florecerá. Con toda seguridad albergará nidos, acogerá insectos, será columpio para monos y trampolín para ardillas, y sin duda el pájaro carpintero se esmerará a marcar el ritmo de los días  y a hacer de su tronco una obra de arte. 

La eclosión se da cuando le damos calor a nuestra alma, cuando como buen guionista desentrañamos a los personajes de la obra, cuando buscamos hacer el bien, cuando nos examinamos y decidimos apostar por los movimientos que transforman nuestra vida y la de otros, cuando apostamos por evolucionar, por crecer, por dejar la seguridad de la casa materna, y aceptamos que la vida y sus aparentes encrucijadas son tan solo pretextos, para robustecer nuestra determinación a la búsqueda de esa plenitud que todos en los profundo anhelamos.

Y como diría Sócrates a sus atenienses, en su apología antes de ser sentenciado a muerte: 

".. Toda mi ocupación es trabajar para persuadiros, jóvenes y viejos, que antes que el cuidado del cuerpo y de las riquezas, antes que cualquier otro cuidado, es el del alma y de su perfeccionamiento; porque no me canso de deciros que la virtud no viene de las riquezas, sino por el contrario , que las riquezas vienen de la virtud, y que es de aquí de donde nacen todos los demás bienes públicos y particulares."




sábado, 26 de septiembre de 2020

Frenesí

Como dicen los sabiondos, hemos vuelto a la nueva normalidad. Yo la verdad no sé que significa eso de la nueva normalidad. Dejando de lado que sigo en cuarentena estricta, y veo la barahúnda por lo que transmiten nuestros independientes medios de comunicación, la realidad se muestra aún más desgarradora. No me aguanto, para serles sincera, ni a terminar los titulares de los noticieros colombianos. Me asombra  que así como creemos que todo tiempo pasado fue mejor, así creemos que todo tiempo futuro será mejor. ¿Cómo será nuestro futuro diferente si no hacemos nada por él en nuestro presente?  No basta si no ver las matanzas de personas de a pie, como dirían las abuelas,  por cuenta de abusos de la fuerza "armada". ¿Qué legitima el uso de un arma de fuego para cegar la vida del otro? A los civiles los llaman homicidas, a los militares por tener un uniforme parece que estamos acuñando una nueva acepción. El punto aquí se trata de que reflexionemos que cuando estábamos en medio del confinamiento nos vanagloriábamos de cómo la realidad iba a cambiar. ¿Lo ha hecho? ¿Hemos cambiado nosotros?

Mientras la violencia se escala, el mundo está como caballo desbocado vale decir, que sin tapabocas. Es pues, el episodio de una serie de suspenso de la mejor calaña. La posibilidad que un virus inexplicable, le ponga zozobra a nuestros vidas, se enmascara con la crueldad, de otros flagelos que como sociedad tenemos enquistados. El mundo se resiste al confinamiento manifestando en las calles con pancartas y todo, por absurdo que parezca, mientras que los ministros de salud advierten de la seriedad de la amenaza. Los alcaldes de las ciudades antagonizando con los gobiernos centrales, además de buscar ser la voz del pueblo, buscan minimizar el impacto económico de sus comunidades ( para la muestra Madrid y Bogotá). Buscan el heroísmo que compra votos. Qué sistema en el que vivimos, que terminamos olvidando las motivaciones iniciales de un confinamiento para darle paso a la prosperidad, que terminamos olvidando al otro ser humano, por darle paso a mi propia abundancia y seguridad. España se debate en esta dicotomía, y la población colombiana corre desbocada al inexorable encuentro con un rebrote digno de alfombra roja. Tenemos miedo del futuro, porque sentimos que estamos solos, y sentimos que sin seguridad económica cómo vamos a sobrevivir. El ideal que perseguían las personas de una comunidad neolítica que habitó Malta era el de ser obesos, porque vivían llenos de restricciones y limitaciones alimentarias. ¿ Cuál es nuestra limitación que refuerza nuestro ideal? ¿Cuál es nuestro ideal? Si no que lo responda el sobrino de Pablo Escobar que se dedicó a buscar una caleta por tantos años, que finalmente encontró con 18 millones de dólares hecho trizas por la humedad, ¿para qué gastó su tiempo, por unos papelitos con dibujitos? 

Y mientras tanto hay seres humanos batiéndose como titanes en UCIs, hay otros que se esfuerzan hasta el cansancio por hacer que esos guerreros que libran sus batallas, regresen sanos y salvos a sus queridos que añoran su regreso. Hay otros que se duelen por una desaparición, por un asesinato, por una amenaza, por el hambre, por la soledad, por ser discriminados. Todos y cada uno de nosotros tenemos que sobreponernos a las pruebas que nos pone la vida. Todos y cada uno de nosotros de una manera u otra, nos tenemos que tomar nuestra pildorita. Todos tenemos que ser, para los que les gusta el deporte, como ese tenista que está en la final de un gran slam y va dos sets abajo. Él no sólo tiene que remontar los dos sets, sino que debe ganar el quinto si quiere coronarse campeón. Esa es su prueba de fuego. Thiem el último campeón del US Open le tocó jugar horas y horas para vencer a su contrincante, cuando todo indicaba que iba a perder.  

¿No creen ustedes que las fotos de los seres queridos, o unos dibujitos hechos por niños,  hacen que las personas en las UCIs aceleren su mejoría? ¿No creen ustedes que para la hermana de la joven asesinada en el Cauca, escuchar el sollozo de la mamá del militar que le disparó, y poderse abrazar compartiendo su dolor, no fue un bálsamo para la amargura que ambas sentían?   

Mientras todo parece inmutable afuera, como colectivo. Nosotros como individuos tenemos el lienzo listo para el primer pincelazo. Al imaginar el resultado, la mano se dirige hacia el color indicado, a la textura indicada, a la mezcla indicada. Hay tantas obras de artes como personas. Para unas el pincel es la paciencia, para otros es la perseverancia, para otros es entender sus defectos, para otros es la humildad. El trazo se vuelve milagroso porque le empieza a dar vida un espacio vacío. El amor y la compasión son el color. ¿Cómo pretender hacer una composición sin una inspiración? ¿Qué sentido tiene nuestra vida si no es en relación a otra persona, a una flor, a un pájaro, a un amanecer, a una mascota?

¿Qué sintió Thiem al revertir el marcador? ¿ Qué siente un paciente que sale de la UCI al ver a sus enfermeros y camilleros llorar? ¿ Qué sienten los familiares de un desaparecido al conocer su paradero? ¿ Qué siente un anciano en un asilo cuando alguien lo visita? ¿ Qué sienten las personas con hambre, cuando piden y no son ignoradas?

Que sea el momento, para citar a Calderón de la Barca, cuando en Segismundo, nos recuerda: 

"...pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar....


Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son."


domingo, 6 de septiembre de 2020

En sus marcas...listos...FUEEERAAAA!!!!!


Todos los participantes de la carrera se precipitan por la línea de salida, cada uno, claro está, portando la insignia que lo distingue como corredor de esta maratón. Nada más llevar la insignia es motivo de orgullo, ya que no cualquier persona clasifica a la carrera. La hora tan anhelada por fin ha llegado, los corazones laten de la emoción, la música intenta acallar el remolino que transcurre en las mentes de los participantes. Todos muy emperifollados con los últimos juguetes para medir su desempeño, audífonos inalámbricos, y ni les digo los tenis que llevan, dignos de un correcaminos de los de verdad, verdad. ¿Lograré mis tiempos personales? ¿Alcanzaré la meta o moriré de deshidratación? Todos conocen las reglas, correr 42 kms. y hacerlo en el menor tiempo posible. Algunos corren por causas sociales, o otros por su propia causa, o por una reivindicación Lo que es inobjetable es que no es un deporte de equipo, de lo que se trata es de vencer a los demás que están tan bien preparados y aperados como tú. 

Mientras en algunos lugares del mundo, dan el pitazo de salida, en otros la atención se va a Messi y su reversazo a su decisión de irse del Barcelona, a propósito de deportes colectivos. Y a las manifestaciones que buscan acabar con la monarquía y con el uso del tapabocas. ¿Será que nos perdimos la entronización de su majestad el tapabocas? España, enfrentándose al segundo pico de la pandemia, agotados por la carrera, buscan a toda costa no enfrentar los efectos de su festejo de verano en las playas atiborradas de bañistas locales y nórdicos que se echan su escapadita anual, para rostizarse al mejor estilo ibérico. 

¿Han tenido ustedes la oportunidad de ver una catarata? Pues yo recuerdo cuando tenía 15 años ir a ver las cataratas del Niágara. Para mi sorpresa, cuando se ven desde arriba, se ve la fuerza del agua en esa caída libre, se oye el solo de un percusionista único en su clase. Desde arriba se ve una nube, cuando se mira hacia abajo. ¡Sí! ¡Una nube! Si uno se acerca en el bote, se interna en la nube y no puede mirar hacia arriba, todo esta cubierto por esa densa capa de humedad, que no permite ver el punto en que el agua se despide de la tierra. ¡Para que me entiendan, de abajo no se ve lo de arriba, y de arriba, no se ve lo de abajo!

Así nos está pasando hoy.  Colombia entera está corriendo la maratón. Sin embargo, me quedan muchas dudas que las personas sean conscientes de las reglas del juego de la carrera. El pitazo de salida se convierte, guardadas las proporciones, en un florero de Llorente. Es un grito a la libertad, a la independencia, al anonimato. Las reglas para muchos son simples, tengo que salir a trabajar, a ganar dinero. Para otros, debo salir porque tenía que hacer esto otro, hace mil años. Para otro grupo, la razón es que tengo que salir porque no veo la hora de ver a mis amigos. Lo sorprendente es la amnesia colectiva. A todos se nos olvidó que estuvimos casi seis meses enclaustrados por un virus, que no se ha ido. Ahora todos corren con vigor, ignorando que son presos de un sistema que los obliga salir a ganarse su sustento, a pesar de los peligros para la salud. Y obviando un datico relevante y es que estea es una carrera de fondo, es una carrera de largo aliento, y parece que estuviéramos corriendo los 100 mts. planos de la mano de Usain Bolt.  Estamos enceguecidos, debajo de una nube que no nos permite observar el origen de la caída de agua, y tampoco nos permite comprender, que más allá del estruendo hay un arco iris que se dibuja cuando se colorea la humedad por el sol. Los españoles están corriendo la última mitad de la maratón, y se están dando cuenta, que no tenía sentido ignorar la presencia del coronado virus, ya que muchas personas están abandonando la gesta, y está poniendo en tela de juicio la carrera debe continuar o si más bien se pide regresar a la cuarentena.

Vivimos en comunidad, por ende, no podemos creer que la vida es un carrera individualista. ¿Acaso  creen ustedes que una cayena abre sus hermosos pétalos sin intervención de sol ni del agua? Nuestra vida tiene sentido en función del otro. Del otro como reflejo mío. Hoy escribo haciendo un llamado a la cordura a la mesura. En una carrera lo importante, es autoregularse, es conocer el ritmo y la cadencia que nos permitirán llegar a la meta. Lo importante es saber por qué y para qué corro. ¿Por qué huimos raudos y veloces al sosiego de nuestros hogares, para encerrarnos como ratones de laboratorios en centros comerciales, creyendo falsamente que con una compra todas nuestras infelicidades se van a desaparecer? 

Mi pregunta de hoy es si debemos concebir nuestra libertad presos del mundo y su sistemas, o si debemos parar y mirar desde la ventana los aguaceros caer y esperar que el sol salga en cada uno de nosotros. La libertad no está dada porque el presidente Duque emita un decreto. Nuestra capacidad de crear no está limitada por las paredes. Nuestra posibilidad de dar no está cercenada por el distanciamiento físico.  Yo tomé la decisión de no correr, sino por el contrario de parar. De vivir la libertad oyendo a Nahuel Pennisi, de vivir la libertad viendo a un ser querido sonreír o llorar, de vivir la libertad, no presa del dinero, si no de la magia, la belleza y la armonía, que vive en cada cosa a nuestro alrededor. ¡La verdadera libertad no la vemos, la sentimos!