domingo, 25 de octubre de 2020

De arqueros y dibujantes

No importa si el mundo te ignora, no importa si el mundo te insulta, no importa si el mundo te separa, no importa si el mundo señala, no importa si el mundo te agrede. Importa si por lo que te ignora el mundo, trasciende. Importa si por lo que te insulta el mundo ama. Importa si por lo que te separa el mundo une. Importa si por lo que te agrede el mundo reconcilia. 

Vivimos en la Torre de Babel. Lo que decimos se malinterpreta. Vivimos con tanto ruido en nuestras mentes y vivimos tan a la carrera, que mientras el otro habla, estamos pensando cómo debatirle su idea o simplemente no le escuchamos. Luego se vuelve un juego de egos. El ganador es aquel que se doblega al otro y cree falsamente ser portador de la verdad. Nuestras acciones o palabras son pasadas por un tamiz, el prejuicio. Y de ahí se construye la epopeya que sustentará la argumentación que nos hará ganar el juego. Nunca pensamos si tenemos la información completa que apalancó una decisión determinada por parte del interlocutor. Lo que creemos escuchar lo encajamos perfectamente como un lego en el espacio de nuestros preconceptos. Así todo queda de maravilla, lo que era una casa de una planta se convierte en un edificio. Por lo tanto al tener mas "aire" como dicen por ahí, todo queda ilusoriamente validado, y le permite al susodicho lanzar un aplastante juicio que puede cambiar el curso de nuestras vidas. La distancia que se crea entre la realidad y la percepción es abrumadora.  Nos convertimos en jueces versados en las leyes de la injustica, sin declararnos impedidos por estar inmersos en un flagrante conflicto de interés. 

Hoy vale hacer toda la conjugación del verbo criticar. Me critico, te critico, se critica, nos criticamos, os criticasteis, se critican. ¿Qué obtenemos haciéndolo? Somos tan ciegos y a la vez tan severos que  a pesar de ignorar sistemáticamente el efecto de nuestras palabras en el caminar del otro,  continuamos impartiendo justicia. Y somos tan inconscientes que pasamos por alto que esa palabra dirigida como flecha al cordero, es un boomerang. El arma dirigida al otro termina devolviéndose con toda determinación e igual letalidad al arquero. 

Que nuestras palabras no hieran, que nuestras palabras no invaliden, que nuestras palabras no rompan, que nuestras palabras no maten. Que nuestros sueños se mantengan intactos a pesar de un no, que nuestra esperanza se edifique más fuerte a pesar de puertas cerradas en nuestras narices, que nuestra decisión de intentar no sea enterrada por el golpe certero de la almádana. Que la severidad se convierta en perseverancia por lograr eso que tanto anhelamos.  Que la casa con aire creada por los demás no sea tenida en cuenta, siempre que apostemos como Escalona, a hacer una casa en el aire solamente pa' que vivas tu.

Que nuestra voz no se esconda. Que nuestras palabras no se disfracen para satisfacer la percepción del otro. Que nuestras palabras no sean cinceles que esculpan una escultura inánime. Que nuestras palabras no nos confinen a una isla inhabitada, y como un naufrago los días se pasen pensando en cómo regresar. Que la vida no se nos pase esperando el avión como Tattoo de la Isla de Fantasía. Mickey Mouse nace porque Walt Disney no renunció a hacer sus caricaturas mientras servía como conductor de ambulancia para la Cruz Roja en la Segunda Guerra Mundial, porque siguió insistiendo a pesar de despidos y quiebras, porque decidió experimentar con la técnica de animación en su casa, porque nunca se dio por vencido. 

No importa si el mundo te ignora, no importa si el mundo te insulta, no importa si el mundo te separa, no importa si el mundo señala, no importa si el mundo te agrede. Importa si por lo que te ignora el mundo trasciende. Importa si por lo que te insulta el mundo ama. Importa si por lo que te separa el mundo une. Importa si por lo que te agrede el mundo reconcilia. 






 

domingo, 18 de octubre de 2020

Eclosión

El sol sigue haciéndonos su despliegue de belleza, los arreboles nos quitan la respiración al verlos. Los ciclos de la naturaleza siguen su curso, y no han sido interrumpidos,como tantas cosas, por la pandemia. El otoño llegó para algunos, la primavera para otros, los días se acortan o se alargan a la espera de los solsticios. La hormiga arriera trabaja incasable por cargar una hoja y llevarla a su casa. Las corrientes marinas hacen sus trazos y marcan el ritmo de la travesía de los cardúmenes. Los vientos se arremolinan, se calman, se elevan, nos refrescan, nos avisan, nos recuerdan. La pequeña hoja que nace de un abedul, le permite a un escarabajo resguardarse del clima. Todo se mueve, todo sigue su ritmo, todo tiene su tiempo. Hasta la quietud se mueve dentro de nosotros, y nosotros nos transformamos dentro de ella. Y la lluvia, cómo olvidarla, ella con su magia se lo lleva todo, y permite que después de una temible tormenta eléctrica, todo refulja. ¿Cómo no agradecer cada día y su movimiento? 

Llevamos casi 7 meses de un hecho que estremeció nuestras rutinas. Yo sigo viendo esos movimientos de la naturaleza desde mi balcón. Sentada en un banquito, veo a lo lejos las montañas que resguardan el valle en donde vivo, observo las golondrinas jugar plenas en la mañana, a las avionetas creerse golondrinas, el sonido de un estornudo incontenible de un vecino que se mezcla con la alaraca de los motores de la avioneta. Veo las nubes amontonarse a lo lejos, como hinchas en un estadio de fútbol a la espera del cotejo, luego las veo dispersarse súbitamente como resultado de una estampida en el escenario deportivo. Mi gato repite una y otra vez su rutina de dormilón consumado que alterna con sus ansiados paseos a su coca de comida. Las historias de nacimientos, muertes, enfermedades, recuperaciones milagrosas, de sonrisas y llantos, de desasosiegos y de esperanzas. De todo como en botica se presenta en este teatro.  

En ese movimiento perenne, nosotros nos apegamos al statu quo. Nos creemos la idea de que podemos reversar, sostener o imponer nuestro deseo frente a los vaivenes del devenir. Somos los artífices de suposiciones infundadas y sobre esto construimos el imperio de nuestras existencias. Ustedes podrán pensar que la ola ni siquiera se imaginaría que que moriría al llegar a la orilla, o que a la nube juguetona la tomaría por sorpresa desgarrarse cuando terminase de cargar. La ola no muere, su contorno lo marcará siempre esa frontera de burbujas que se duermen en la tierra, y la nube siempre existirá en la plantita que nace de la semilla en eclosión. ¿Por qué insistimos en ignorar aquello que conocemos?

Cuando desde la ventana se observa el movimiento de lo que nos rodea, nos obliga a pensar que este también se refleja en nuestros ritmos y ciclos. ¿ Se lo permitimos? O simplemente la incomodidad que nos suscita la imagen de lo que creemos ser, nos encarcela, y no nos permite dejarnos llevar al son de esa melodía que tanto resuena en nosotros.  Debemos trabajar de forma incansable para eclosionar.  Salir de las membranas que nos inmovilizan, de los juicios que nos paralizan, de las palabras que nos imposibilitan, de los pensamientos que nos arrodillan. ¿No creen que vale la pena ser Jacque Cousteau y surcar las profundidades de nuestros mares? En ese caso tenemos que ser como los delfines y las ballenas, que son felices tan solo por existir, tal como nos lo recuerda nuestro aclamado marino. Nos convertimos en el explorador y lo explorado, en lo conocido reconocido, en lo amado y protegido. 

Al salir de nuestro resguardo encontraremos que todo se mueve, pero disfrutaremos de esos cambios de estación, el miedo cederá el paso al asombro, el brote germinado se vestirá de gala, con la ayuda del sol se elevará, su tronco se ensanchará, su follaje se volverá tupido, y algún día florecerá. Con toda seguridad albergará nidos, acogerá insectos, será columpio para monos y trampolín para ardillas, y sin duda el pájaro carpintero se esmerará a marcar el ritmo de los días  y a hacer de su tronco una obra de arte. 

La eclosión se da cuando le damos calor a nuestra alma, cuando como buen guionista desentrañamos a los personajes de la obra, cuando buscamos hacer el bien, cuando nos examinamos y decidimos apostar por los movimientos que transforman nuestra vida y la de otros, cuando apostamos por evolucionar, por crecer, por dejar la seguridad de la casa materna, y aceptamos que la vida y sus aparentes encrucijadas son tan solo pretextos, para robustecer nuestra determinación a la búsqueda de esa plenitud que todos en los profundo anhelamos.

Y como diría Sócrates a sus atenienses, en su apología antes de ser sentenciado a muerte: 

".. Toda mi ocupación es trabajar para persuadiros, jóvenes y viejos, que antes que el cuidado del cuerpo y de las riquezas, antes que cualquier otro cuidado, es el del alma y de su perfeccionamiento; porque no me canso de deciros que la virtud no viene de las riquezas, sino por el contrario , que las riquezas vienen de la virtud, y que es de aquí de donde nacen todos los demás bienes públicos y particulares."




sábado, 26 de septiembre de 2020

Frenesí

Como dicen los sabiondos, hemos vuelto a la nueva normalidad. Yo la verdad no sé que significa eso de la nueva normalidad. Dejando de lado que sigo en cuarentena estricta, y veo la barahúnda por lo que transmiten nuestros independientes medios de comunicación, la realidad se muestra aún más desgarradora. No me aguanto, para serles sincera, ni a terminar los titulares de los noticieros colombianos. Me asombra  que así como creemos que todo tiempo pasado fue mejor, así creemos que todo tiempo futuro será mejor. ¿Cómo será nuestro futuro diferente si no hacemos nada por él en nuestro presente?  No basta si no ver las matanzas de personas de a pie, como dirían las abuelas,  por cuenta de abusos de la fuerza "armada". ¿Qué legitima el uso de un arma de fuego para cegar la vida del otro? A los civiles los llaman homicidas, a los militares por tener un uniforme parece que estamos acuñando una nueva acepción. El punto aquí se trata de que reflexionemos que cuando estábamos en medio del confinamiento nos vanagloriábamos de cómo la realidad iba a cambiar. ¿Lo ha hecho? ¿Hemos cambiado nosotros?

Mientras la violencia se escala, el mundo está como caballo desbocado vale decir, que sin tapabocas. Es pues, el episodio de una serie de suspenso de la mejor calaña. La posibilidad que un virus inexplicable, le ponga zozobra a nuestros vidas, se enmascara con la crueldad, de otros flagelos que como sociedad tenemos enquistados. El mundo se resiste al confinamiento manifestando en las calles con pancartas y todo, por absurdo que parezca, mientras que los ministros de salud advierten de la seriedad de la amenaza. Los alcaldes de las ciudades antagonizando con los gobiernos centrales, además de buscar ser la voz del pueblo, buscan minimizar el impacto económico de sus comunidades ( para la muestra Madrid y Bogotá). Buscan el heroísmo que compra votos. Qué sistema en el que vivimos, que terminamos olvidando las motivaciones iniciales de un confinamiento para darle paso a la prosperidad, que terminamos olvidando al otro ser humano, por darle paso a mi propia abundancia y seguridad. España se debate en esta dicotomía, y la población colombiana corre desbocada al inexorable encuentro con un rebrote digno de alfombra roja. Tenemos miedo del futuro, porque sentimos que estamos solos, y sentimos que sin seguridad económica cómo vamos a sobrevivir. El ideal que perseguían las personas de una comunidad neolítica que habitó Malta era el de ser obesos, porque vivían llenos de restricciones y limitaciones alimentarias. ¿ Cuál es nuestra limitación que refuerza nuestro ideal? ¿Cuál es nuestro ideal? Si no que lo responda el sobrino de Pablo Escobar que se dedicó a buscar una caleta por tantos años, que finalmente encontró con 18 millones de dólares hecho trizas por la humedad, ¿para qué gastó su tiempo, por unos papelitos con dibujitos? 

Y mientras tanto hay seres humanos batiéndose como titanes en UCIs, hay otros que se esfuerzan hasta el cansancio por hacer que esos guerreros que libran sus batallas, regresen sanos y salvos a sus queridos que añoran su regreso. Hay otros que se duelen por una desaparición, por un asesinato, por una amenaza, por el hambre, por la soledad, por ser discriminados. Todos y cada uno de nosotros tenemos que sobreponernos a las pruebas que nos pone la vida. Todos y cada uno de nosotros de una manera u otra, nos tenemos que tomar nuestra pildorita. Todos tenemos que ser, para los que les gusta el deporte, como ese tenista que está en la final de un gran slam y va dos sets abajo. Él no sólo tiene que remontar los dos sets, sino que debe ganar el quinto si quiere coronarse campeón. Esa es su prueba de fuego. Thiem el último campeón del US Open le tocó jugar horas y horas para vencer a su contrincante, cuando todo indicaba que iba a perder.  

¿No creen ustedes que las fotos de los seres queridos, o unos dibujitos hechos por niños,  hacen que las personas en las UCIs aceleren su mejoría? ¿No creen ustedes que para la hermana de la joven asesinada en el Cauca, escuchar el sollozo de la mamá del militar que le disparó, y poderse abrazar compartiendo su dolor, no fue un bálsamo para la amargura que ambas sentían?   

Mientras todo parece inmutable afuera, como colectivo. Nosotros como individuos tenemos el lienzo listo para el primer pincelazo. Al imaginar el resultado, la mano se dirige hacia el color indicado, a la textura indicada, a la mezcla indicada. Hay tantas obras de artes como personas. Para unas el pincel es la paciencia, para otros es la perseverancia, para otros es entender sus defectos, para otros es la humildad. El trazo se vuelve milagroso porque le empieza a dar vida un espacio vacío. El amor y la compasión son el color. ¿Cómo pretender hacer una composición sin una inspiración? ¿Qué sentido tiene nuestra vida si no es en relación a otra persona, a una flor, a un pájaro, a un amanecer, a una mascota?

¿Qué sintió Thiem al revertir el marcador? ¿ Qué siente un paciente que sale de la UCI al ver a sus enfermeros y camilleros llorar? ¿ Qué sienten los familiares de un desaparecido al conocer su paradero? ¿ Qué siente un anciano en un asilo cuando alguien lo visita? ¿ Qué sienten las personas con hambre, cuando piden y no son ignoradas?

Que sea el momento, para citar a Calderón de la Barca, cuando en Segismundo, nos recuerda: 

"...pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar....


Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son."


domingo, 6 de septiembre de 2020

En sus marcas...listos...FUEEERAAAA!!!!!


Todos los participantes de la carrera se precipitan por la línea de salida, cada uno, claro está, portando la insignia que lo distingue como corredor de esta maratón. Nada más llevar la insignia es motivo de orgullo, ya que no cualquier persona clasifica a la carrera. La hora tan anhelada por fin ha llegado, los corazones laten de la emoción, la música intenta acallar el remolino que transcurre en las mentes de los participantes. Todos muy emperifollados con los últimos juguetes para medir su desempeño, audífonos inalámbricos, y ni les digo los tenis que llevan, dignos de un correcaminos de los de verdad, verdad. ¿Lograré mis tiempos personales? ¿Alcanzaré la meta o moriré de deshidratación? Todos conocen las reglas, correr 42 kms. y hacerlo en el menor tiempo posible. Algunos corren por causas sociales, o otros por su propia causa, o por una reivindicación Lo que es inobjetable es que no es un deporte de equipo, de lo que se trata es de vencer a los demás que están tan bien preparados y aperados como tú. 

Mientras en algunos lugares del mundo, dan el pitazo de salida, en otros la atención se va a Messi y su reversazo a su decisión de irse del Barcelona, a propósito de deportes colectivos. Y a las manifestaciones que buscan acabar con la monarquía y con el uso del tapabocas. ¿Será que nos perdimos la entronización de su majestad el tapabocas? España, enfrentándose al segundo pico de la pandemia, agotados por la carrera, buscan a toda costa no enfrentar los efectos de su festejo de verano en las playas atiborradas de bañistas locales y nórdicos que se echan su escapadita anual, para rostizarse al mejor estilo ibérico. 

¿Han tenido ustedes la oportunidad de ver una catarata? Pues yo recuerdo cuando tenía 15 años ir a ver las cataratas del Niágara. Para mi sorpresa, cuando se ven desde arriba, se ve la fuerza del agua en esa caída libre, se oye el solo de un percusionista único en su clase. Desde arriba se ve una nube, cuando se mira hacia abajo. ¡Sí! ¡Una nube! Si uno se acerca en el bote, se interna en la nube y no puede mirar hacia arriba, todo esta cubierto por esa densa capa de humedad, que no permite ver el punto en que el agua se despide de la tierra. ¡Para que me entiendan, de abajo no se ve lo de arriba, y de arriba, no se ve lo de abajo!

Así nos está pasando hoy.  Colombia entera está corriendo la maratón. Sin embargo, me quedan muchas dudas que las personas sean conscientes de las reglas del juego de la carrera. El pitazo de salida se convierte, guardadas las proporciones, en un florero de Llorente. Es un grito a la libertad, a la independencia, al anonimato. Las reglas para muchos son simples, tengo que salir a trabajar, a ganar dinero. Para otros, debo salir porque tenía que hacer esto otro, hace mil años. Para otro grupo, la razón es que tengo que salir porque no veo la hora de ver a mis amigos. Lo sorprendente es la amnesia colectiva. A todos se nos olvidó que estuvimos casi seis meses enclaustrados por un virus, que no se ha ido. Ahora todos corren con vigor, ignorando que son presos de un sistema que los obliga salir a ganarse su sustento, a pesar de los peligros para la salud. Y obviando un datico relevante y es que estea es una carrera de fondo, es una carrera de largo aliento, y parece que estuviéramos corriendo los 100 mts. planos de la mano de Usain Bolt.  Estamos enceguecidos, debajo de una nube que no nos permite observar el origen de la caída de agua, y tampoco nos permite comprender, que más allá del estruendo hay un arco iris que se dibuja cuando se colorea la humedad por el sol. Los españoles están corriendo la última mitad de la maratón, y se están dando cuenta, que no tenía sentido ignorar la presencia del coronado virus, ya que muchas personas están abandonando la gesta, y está poniendo en tela de juicio la carrera debe continuar o si más bien se pide regresar a la cuarentena.

Vivimos en comunidad, por ende, no podemos creer que la vida es un carrera individualista. ¿Acaso  creen ustedes que una cayena abre sus hermosos pétalos sin intervención de sol ni del agua? Nuestra vida tiene sentido en función del otro. Del otro como reflejo mío. Hoy escribo haciendo un llamado a la cordura a la mesura. En una carrera lo importante, es autoregularse, es conocer el ritmo y la cadencia que nos permitirán llegar a la meta. Lo importante es saber por qué y para qué corro. ¿Por qué huimos raudos y veloces al sosiego de nuestros hogares, para encerrarnos como ratones de laboratorios en centros comerciales, creyendo falsamente que con una compra todas nuestras infelicidades se van a desaparecer? 

Mi pregunta de hoy es si debemos concebir nuestra libertad presos del mundo y su sistemas, o si debemos parar y mirar desde la ventana los aguaceros caer y esperar que el sol salga en cada uno de nosotros. La libertad no está dada porque el presidente Duque emita un decreto. Nuestra capacidad de crear no está limitada por las paredes. Nuestra posibilidad de dar no está cercenada por el distanciamiento físico.  Yo tomé la decisión de no correr, sino por el contrario de parar. De vivir la libertad oyendo a Nahuel Pennisi, de vivir la libertad viendo a un ser querido sonreír o llorar, de vivir la libertad, no presa del dinero, si no de la magia, la belleza y la armonía, que vive en cada cosa a nuestro alrededor. ¡La verdadera libertad no la vemos, la sentimos!





domingo, 16 de agosto de 2020

Día 146: ¿Discordia o unión?

Una niña se asoma de una ventana del edificio de enfrente, ella con su capa, haciendo fintas me observa fijamente, mientras yo montada en el simulador ( de bicicleta), le digo adiós. Ella sin dudar, agita su mano, sonríe, emocionada me hace ver que ella es toda una princesa, me hace reír un poco, en medio de la agite de la escalada a Richmond, su ilusión me habita. Al mismo tiempo, en otro balcón veo a una mujer joven quien organiza una mesita, poniendo una planta en su centro, y ubicando de manera adecuada una jarra de café, las tazas, los platos, las sillas. Todo impecable a la espera de la llegada de su amado.  ¿Qué ambicionamos como individuos y como sociedad? ¿La niña se creía princesa, lo soñaba, o lo era? ¿La joven mujer quería mostrar su amor a su esposo con la disposición armoniosa del espacio que iban a compartir? ¿Y yo por mi parte, pedaleando, hacia dónde, cuál era mi destino, cuál era la meta?

Esta semana he estado un poco conmocionada aquí en Medellín, por la renuncia de la juntas directivas de EPM y Ruta N. ¿ por qué? Los miembros de las junta directivas, adujeron que el Alcalde tomó decisiones de gran envergadura para las empresas sin haberlos tomado en cuenta, siendo ellos que tienen la responsabilidad legal del direccionamiento de las empresas. Todo un "golpe de estado". La versión del Alcalde de Medellín, es que él no confiaba en esa junta, hablando sobre la de EPM. ¿Acaso él no la ratificó?  Aquí el punto no es si EPM debía demandar a sus constructores o no, en relación con Hidroituango. Pero dicho sea de paso,  que la verdad esa demanda tiene poco sentido, ya que Mapfre, la aseguradora, ya había aceptado reconocer el siniestro, porque era un caso fortuito y no era previsible el hecho. Aún hay pagos pendientes. ¿ Mapfre le seguirá pagando a EPM, sabiendo que el dueño de la empresa piensa que los constructores tuvieron la culpa? ¿Creen ustedes que "los pobres" de esta ciudad  los beneficia más, que "unos ricos" ocupen la junta directiva, o la sostenibilidad de largo plazo de la empresa? Lo primero que he de decir es que no acepto, de un dirigente, azuzar el encono social, la división. Utilizar como pretexto la diferencia de clases, para un flagrante abuso del gobierno corporativo, de una empresa que le sirve a toda la comunidad es indignante. Ha promovido una desinformación profunda.  Su jugada estuvo premeditada, ya que hace unos meses presentó ante el Consejo de la ciudad, un proyecto para modificar los estatutos de EPM, le tocó retirarlo; ¿y donde me dejan ustedes tener nombres listos para una nueva junta al día siguiente de la renuncia de los actuales miembros? Hoy, la consecuencia que sus intereses políticos prevalecieran sobre los intereses de la comunidad que lo escogió, so pena de haberlo elegido enarbolando las banderas de ser "independiente", son sensibles para el futuro de esta ciudad. El Alcalde birló la institucionalidad, el gobierno corporativo, y puso en una posición de extrema fragilidad a la empresa que es vital para las finanzas de esta ciudad. Ya Fitch y Moody´s, revisaron sus calificaciones, por obvias razones, diciendo que el principal riesgo para las empresas era la visión del propietario de la misma.  ¡Toda una quijotada! Hay que meter mucho las patas para que los cuatro alcaldes anteriores, que no se pueden ni ver, ni sentar en una mesa estén de acuerdo. ¡Increíble!

Yo no quiero hablar de política, pero si que reflexionemos sobre la ambición. Para mi el episodio que les acabo de narrar de lo acaecido en Medellin, se parece a Macbeth de Shakespeare. No sé si se acuerdan de la trama de la obra, pero en resumidas cuentas Macbeth se encuentra de camino de regreso de una batalla, con tres brujas que le dijeron tres profecías, dentro de las cuales decían que él sería rey, y a Banquo su compañero de gestas, que en su descendencia habría reyes. Para hacer la historia corta, Macbeth instigado por Lady Macbeth, para cumplir la profecía de ser rey, mató al Rey Duncan con el consecuente exilio de los hijos del Rey Duncan. Lady Macbeth, al ver la debilidad de su esposo, además de matar a los criados del Rey Duncan, decide incriminarlos y teñirlos de sangre. Igualmente, Macbeth decide matar a su amigo Banquo, ya que le mortificaba saber que en su descendencia habría reyes, tal como lo habían profetizado las brujas. La cuota de sus actos, ya cobraban en la sanidad mental de Lady Macbeth, quien lavaba machas de sangre imaginarias en sus manos, mientras Macbeth, su culpa, lo hacía ver el fantasma de Banquo. Todo esto lleva a Macbeth de nuevo  de nuevo al encuentro con las brujas preocupado por su futuro, ellas conjuran tres espíritus, y vuelven a darle tres profecías, para tranquilidad de Macbeth.  Sin embargo, lo que no se imaginaría Macbeth es que las profecías de las brujas resultarían engañosas. Macbeth pierde su trono en franca lid, y resulta asesinado. El hijo del Rey Duncan es coronado de nuevo. 

A Macbeth, lo cegó la ambición de ser rey. No le importó incriminar, asesinar, y afectar a las personas a su alrededor, incluyendo a su amigo. Su consciencia, y la de su esposa,estaban intranquilas. Sin embargo, no había cómo remover ese remordimiento, y buscaba en oráculos su tranquilidad. Muere engañado por aquello que él creía le daba sosiego. ¿Los medios justifican el fin para los que ostentan el poder político? Yo me pregunto, ¿cuál es el verdadero poder? ¿No creen ustedes que es aquel que tiene cada uno, cuando le cede el espacio al nosotros por delante del yo? Puede no ser mala fe, pero se es responsable de nuestros actos, a pesar de nuestra ignorancia. El verdadero poder, está en actuar con la consciencia limpia y sin remordimiento, con bondad, con justicia. Como Macbeth, todos pagaremos nuestros errores. No hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla. No debemos consultar, como Macbeth, brujas ni cartas, debemos consultar nuestro gran maestro que está en nuestro interior, allí tendremos nuestra brújula. Nuestra debilidad no se puede disipar acusando ni incriminando al otro, si no enfrentándola con compasión, y con voluntad férrea. Actuar sin pensar, motivados por el miedo, es una fórmula para hacernos daño y para hacerle daño al otro. 

La ambición nos impulsa, nos puede llevar a gestar cambios en nuestro interior. Puede ayudarnos a sembrar transformaciones en nuestro entorno. Pero también nos puede hacer sucumbir, cuando nuestro egoísmo polariza la ventana a través de la cual vemos la realidad. La niña en esa ventana, me hizo soñar, me hizo recordar lo que se sentía personificar en la niñez, nuestros personajes. Eramos héroes, doctores, cajeros de supermercado, sacerdotes, mamás, papás, policías, bomberos. Con la imaginación se recreaba una realidad alterna. Utilicemos la imaginación como puente, para imaginarnos diferentes, para definir el rol que queremos jugar en esta sociedad en que vivimos. Pero sobretodo, imaginemos que somos respetuosos del otro, no engañemos al otro por su falta de información. El sistema es inequitativo, pero nosotros podemos darle el lugar a cada cual con nuestros actos, si verdaderamente actuamos desde el amor. Tenemos que estar muy atentos, para no traspasar la frontera en la que la ambición que gesta lo impensable, se convierte en la ambición, que entierra a la humildad, que nos ubica en el pedestal, que nos vuelve la verdad revelada.  

Seamos responsables de nuestros actos y como dice el gran maestro Francisco de Asís: 

Oh Señor, hazme un instrumento de tu paz. 

Donde haya odio, que yo lleve el amor.

Donde haya ofensa, que yo lleve el perdón.

Donde hay discordia, que yo lleve la unión 

Donde hay duda, que yo lleve la fe.

Donde haya error, que yo lleve la verdad.

Donde haya desesperación , que yo lleve la alegría.

Donde haya tinieblas, que yo lleve la luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;

ser comprendido, sino comprender;

ser amado, como amar.

Porque es:

Dando, que se recibe;

Perdonando que se es perdonado;

Muriendo que se resucita a la

Vida Eterna. 


sábado, 8 de agosto de 2020

Día 138: Ubuntu

"Umuntu, nigumuntu,nagamuntu"

" Una persona es una persona a causa de de los demás" Proverbio Zulu

En un tribu africana del país del arco iris, alguna vez un antropólogo propuso un juego a sus niños. El juego consistía en que le ponían una canasta llena de frutas debajo de un frondoso árbol, mientras los niños a una distancia considerable debían hacer una carrera por ese suculento manjar. El vencedor probaría el dulzor de esas exquisiteces.  Para sorpresa del doctor que proponía el experimento, cuando dio la señal de que la carrera empezaba, los niños se tomaron las manos, y corriendo así enlazados, alcanzaron la sombra del milenario árbol, y la canasta colorida y olorosa estuvo al alcance de todos. ¡Juntos se sentaron a disfrutar la tan anhelada merienda, se saboreaban los colores! Mientras el antropólogo, no saliendo de su asombro, les preguntó  que por qué se habían agarrado las manos, la respuesta al unísono del grupo de chiquillos fue "¡UBUNTU! ¿Cómo uno de nosotros podría estar feliz, si todos los demás están tristes?"   

En un país pluriétnico, en donde el 80% de la población es negra, donde se hablan once lenguas oficiales  (¡nosotros en Latinoamérica somo 23 países hablando la misma lengua oficial!), donde el 20% de la población tiene SIDA, donde el segregacionismo utilizó la educación y los derechos desiguales como forma de perpetuarse, es ahí donde UBUNTU, como concepto, liderado por Mandela y su gobierno, logró  reconstruir las relaciones de una sociedad no sólo, ni cultural ni linguísticamente homogénea (se imaginan, el transporte público, los servicios públicos, la educación, la salud...), sino también marcada por el dolor de la injusticia y la desigualdad. Muy seguramente, la historia para un Boer ( un blanco) estará relatada en Afrikáans y linos, y para un nativo estará narrada Xhosa o en Zulu, y estará enmarcada por el ejemplo que les da la naturaleza, el respeto por sus leyes, por su inherente jerarquía, por su armonía, por su hegemonía. Era una crisis insuperable.  Odio y venganza de los oprimidos solo crecía  En esta historia, Mandela trajo a Boers a trabajar con él en su tarea de reunificación, Roelf Meyer, en palabras de Meyer, Mandela jamás se vengó contra sus captores, por el contrario, pasó años estudiando cómo pensaban, para poderlos entender. ¡UBUNTU! Meyer, siempre encontró en Mandela un hombre entregado a su rol comunitario, con modestia sirviendo a su idea de unión, con sus actos generosos y empáticos lo resignificó todo, hasta el Rugby!

Occidente se ha encargado de mostrarnos a los africanos, como negros, ignorantes con taparrabos. Es parte de su estrategia, para que ellos pudieran perpetuar su control sobre el oro y los diamantes que de ese país se extraían. Hoy en día, ese mundo "tan subdesarrollado" logró darnos una lección insuperable.  Hoy, se pueden sentar a la mesa juntos, personas de color, de religión, de origen, de tribu distintas. Aún mas, entendieron que la dignidad de unos depende de la dignidad de los otros. 

En Colombia, para algunos nuestra historia es digna de olvidar, al menos eso es lo que hacemos con los jóvenes, no contarles las cicatrices de esta guerra, sin sentido, pero de la que como pueblo debemos aprender. Nuestra  historia de conflicto, no surje de nuestras lenguas distintas, o que seamos culturalmente diversos, nuestro conflicto surje, por el abuso de poder de unos, o por la opresión de otros. Nuestras guerrillas bajo el sofisma libertario, utilizaron medios amenazantes para ganar adeptos, o al menos para neutralizar contradictores. En su imaginario, las ideas, por si mismas, carecían de fuerza suficiente.¿ Dónde estaba el otro? En Colombia hablamos la misma lengua, somos rojos o azules, somos de derecha o de izquierda.  Llevamos a cabo un proceso de paz desde la constitución política, pero no desde una transformación ética y de valores profundas. ¡Colombia sigue sin perdonar a quienes secuestraron y cegaron tantas vidas!

¿En qué se diferencia el período de " La Violencia", o la guerra de guerrillas con lo que hoy estamos viviendo? Hoy vemos un lenguaje divisorio, la izquierda queriendo hacerle ver a un electorado joven y sesgado por la falta de información, que sus banderas trabajan por la justicia. La derecha, haciéndole el quite a las voces populistas para abogar por un polifónico técnico. El país dividido en fanatismos porque Uribe está en la cárcel, ya sea porque se lo merece en la óptica de algunos, o con dolor de patria porque este servidor público deberá pagar injustamente casa por cárcel mientras Santrich toma vino añejo con unas buenas tapas. En el round de esta semana Uribe cayó a la lona a causa del jab de izquierda que Cepeda le propinó. 

Aprendamos a no olvidar nuestra historia, aprendamos de la historia de otros pueblos que superaron el segregacionismo en su máxima expresión para enfocar su transformación, en darle paso al egoísmo, y pensar en el otro aún diferente a mi, como objeto de mi servicio.Yo no gano si todos no ganamos. Será que la Corte Suprema de Justicia de este país entiende esto, será que las acciones de Cepeda tratándose de vengar, con razón o no, no generan más venganza?

Que UBUNTU se convierta en el sustrato de nuestro cambio. Esto si que es cierto ahora en medio de la pandemia. En vez de gritarle al otro porque le increpó por su falta de tapabocas, deberíamos entender que si el otro se enferma por causa mía, al final el que se enferma soy yo. Señores, no hay deuda que no se pague, ni plazo que no se cumpla. La vida es un suspiro. No perdamos el tiempo, en ahondar las diferencias ni en agresiones. Somos seres sociales, y como tales, tenemos una responsabilidad ignorada por todos, de ayudarle al otro, así haya sido mi ofensor, de perdonarlo así me haya hecho daño, de entender su historia porque con seguridad algo me enseñará. La vida no se trata de política, la vida se trata de realizarse como seres humanos, y ese realizarse no depende de banderas ni partidos, depende de imprimir en cada acto, el amor, la ética, y la justicia. Resignifiquemos nuestras relaciones por difíciles que sean.  Hoy por ti mañana por mi. 




domingo, 2 de agosto de 2020

Día 132: Saltaré


Siguiendo el mundo de las historietas del blog anterior, empiezo este por una que me dejó la boca abierta. Al buen entendedor pocas palabras. Esto sucedió el 20 de julio, mientras en Colombia, celebrábamos el día patrio, un par de niños saltaban de un tercer piso en Grenoble (Francia) huyendo de un incendio que consumía su hogar. Las causas las desconozco.  Los vecinos del lugar se agolparon en el primer piso y les gritaban que se tirarán, mientas los niños se sostenían aterrorizados afuera de la ventana. Los niños, uno tras otro, vencieron el miedo y confiando en este grupo de desconocidos para salvar sus vidas, se soltaron, para descender en caída libre unos 15 metros.  En pleno siglo XXI , estos gritos no eran otra cosa, que gritos de independencia. Este fue el verdadero Florero de Llorente, para que este par de niños aprendieran que confiar en los otros puede salvarles sus propias vidas, que el miedo en vez de inmovilizarnos los debe movilizar, y que ante una encrucijada de tal magnitud una decisión puede ser un viaje cuyo puerto de partida es la angustia y cuyo puerto de llegada es la felicidad de ser conscientes de la fugacidad de la vida, y de su milagro. El mayor de los niños lanzó primero al pequeño, y luego lo hizo él. ¡Chapeau!

Walid Athoumani, estudiante de geografía y vecino del lugar que estuvo ahí para recibir primero al niño de 3 años y luego para recibir al de 10 años. Walid con otros vecinos, subieron a tumbar la puerta para poder entrar y no lo pudieron hacer, por lo cual decidieron optar por indicarle al par de niños que saltaran de su ventana. Los niños salieron ilesos, no tocaron el suelo. Mientras varios de los que recibieron a los niños sufrieron fracturas en sus muñecas, y dedos. A Walid no le importó el dolor de su muñeca y esperó la recepción del segundo niño. ¡Lo importante era salvarles la vida! En su relato, que les copio el link al final del blog, dice que se sentía orgulloso de la solidaridad de los vecinos y que los grandes héroes eran los niños con su coraje

Pienso en los niños, y me admiro ante su manejo de la situación, ante su valentía. Me asombra que a pesar de que en sus mentes el terror galopara, ante esta pequeñísima decisión, no vacilaron ejecutar lo que "unos mayores " desconocidos los instaban. Esa intrepidez y audacia es fruto también, de unas mentes sin tantos prejuicios, de la fantasía que los adultos olvidamos de que "todo es posible". El niño juega, y este juego se trataba de confiar. Por otro lado, pienso en Walid y sus demás vecinos,  actuaron determinados a ayudarles a los niños a pesar de la adversidad. La mente colectiva es mas fuerte que la mente individual, la adrenalina y la claridad del objetivo, los llevo como equipo a que, en tal nivel de presión, lograran lo impensable. Se imaginan la energía generada por la fuerza de choque, al sostener la caída libre de un un niño de 15 kilos y el otro de 30 kilos aproximadamente? Por pura física esa fuerza de choque deforma la materia porque la energía no se disipa si no que se transforma, y ahí llegaron las lesiones. No tenían manera de calcular ex ante el golpe ni el resultado. Querer es poder definitivamente.  Ninguno de los protagonistas de esta historia, tenían forma de verificar si el otro era confiable, pero lo hicieron sin tanto cavilar. La vida de estos niños son resultado de la confianza que todos se tuvieron: la confianza que los vecinos se tuvieron unos a otros, la confianza de los niños frente al grupo de vecinos, la confianza que el niño menor le tuvo al  niño mayor. Fue una cadena de confianza, la que impidió que estos niños yacieran fríos e inmóviles, o visto desde otra óptica, fue esta cadena de confianza lo que permitió que estos niños volvieran a nacer. 
 
¿Cuánto confío en mi?¿Cuánto confío en el otro?¿Cuánto confío en lo divino? La mente juega y nos encadena para hacernos pensar que no somos capaces de hacer algo que la saca de su statu quo, nuestro orgullo nos impide confiar porque nos hace sentir más que el otro, o el otro menos que nosotros, y nuestra ignorancia nos hace creer la mente suprema del universo, nos creemos dioses, y por tanto confiar en algo inmaterial es una pérdida de tiempo, si bajo mi pensamiento tengo controlado el destino,para qué debo confiar en algo que me trasciende? ¡Somos tan inconscientes, tan egoístas!

Alguien me dijo alguna vez que confiar es una decisión. Yo no creo que la tomemos con mucha frecuencia. Vivimos en relación a otras personas, y partimos de la desconfianza casi siempre. A mi me pasa, por ejemplo cuando vienen a gritar afuera del edificio pidiendo plata, familias enteras, más de una vez al día, con sillas y entables. Ya me suena premeditado el negocio. Ya no confío en la veracidad de sus quejidos y lamentos.  

Si queremos transgredir nuestros límites debemos confiar en nosotros, si queremos lograr algún día atisbar en lo divino, tenemos que confiar en su presencia, orden, y benevolencia, si queremos aprender a vivir con otros, debemos aprender a escuchar nuestra percepción e intuición sobre quién y cuándo confiar en el otro. Este episodio en Francia, nos dio una lección magistral, de poner en manos de otros, de desconocidos, mi vida. ¿Acaso soy yo la desconocida, es el otro, es el Ser Supremo? Tengamos el coraje de los niños para lanzarnos sin controlar el resultado. Soltar nuestras aprehensiones nos permitirán ser acogidos por nosotros mismos, por unas manos inesperadas a la vuelta de la esquina , por el despertar a la consciencia que la huella divina está en todo cuanto nos sucede, está en todo cuanto nos rodea. 

"Mientras andas el camino de la vida, verás un gran abismo. Salta. No es tan ancho como crees." Proverbio nativo americano

Aquí les va el link:
https://www.facebook.com/605545973301212/videos/31309074603266