lunes, 28 de junio de 2021

Apoteosis

Para los griegos originariamente y,  luego para los romanos se conoce como apoteosis la ceremonia en la que elevaban a cualquier persona virtuosa a estátus de héroe o Dios. En este mundo, como estamos locos lucas, hacemos de la apoteosis un partido de fútbol, en vez de considerar, la búsqueda de las personas atrapadas por el edificio desplomado una ceremonia digna de esta denominación, si se considera el esfuerzo titánico y el riesgo que cada uno de esos hombres y mujeres corren por tratar buscar con vida a 159 personas. 

Tal vez si nos quedamos atrapados en la semántica consideraríamos la apoteósis como el desenlace con tinte de espectacularidad de una obra de teatro. Necesitaremos la pericia de un guionista para saber si el guión tenía una estructura clásica donde los planteamientos narrativos tienen una respuesta. O si por el contrario, la estructura es no clásica y el desenlace que se nos presenta es abierto, es infinito, está por hacerse.  ¿En dónde radica lo magistral de un desenlace que lo reviste de espectacularidad? ¿Será el nivel de aplausos?

¡Como de eso no sabemos mejor, zapatero a tus zapatos! 

Si lo mejor es que me dedique a hablar de mi vida, en vez de ponerme a hacer elucubraciones del virtuosismo de los futbolistas artistas de reggaeton o actores de telenovelas. Si tamizamos con un buen cedazo el tedio de nuestras vidas, podemos apostar como dice la biblia  a "Dios rogando y con el mazo dando", que nuestra vida sea una apoteosis. Nunca es tarde para embarcarnos en ese emprendimiento. Para que se convierta en la motivación misma de la vida, el deificarse. 

Eso me lo enseñó mi tía Martica, la "tita", quien me mostró que aunque la arena del reloj se escurra entre los dedos de las manos, y las opciones se condensen: se puede amar, se puede servir, se puede perdonar, se puede ser humilde, se puede ser valiente, se puede confiar, se puede entregar, se puede dignifcar la vida y la muerte. Se puede brillar como el oro o la plata cuando un pañito se le pasa, a pesar de lo que pueda doler. En esta trama el cuerpo y sus batallas son la escuela perfecta para domar el potro descarriado que todos llevamos dentro.  Y hacer que como un buen deportista nos esforcemos en la recta final para llegar a la meta con  laureles. En esa meta las tramas entre el cuerpo y el espíritu se separan.Pero esa maratón que llamamos vida valió la pena si apostamos porque la estructura de esa obra teatral no sea clásica, donde el desenlace sea simplemente infinito.  La tita nos enseñó que la palabra dicha no se olvida, que el amor no se borra, que no hay más tiempo si no para darnos a la tarea titánica de hacer de nuestra vida apoteosis, porque con su ejemplo nos demostró que: SÍ se puede. 

¡Salud por su vida, por cada segundo de la nuestra, y por cada uno de ustedes!

Les comparto este video para que disfruten.

https://www.youtube.com/watch?v=BIQ2D6AIys8











 



domingo, 2 de mayo de 2021

Salvoconducto

Empiezo por contarles que me dieron un salvoconducto para salir de la detención intramural por 4 días.  ¡Aún no sé cuál fue la causa del permiso, si fue por buen comportamiento, o por salud mental, pero lo que si es cierto es que pude deambular por aquí y por allá,  coger un avión y hasta ver el mar! ¡Mentiras, puras mentiras! Los estoy engañando,  la verdad fue que salí en busca de Pfizer el nuevo superhéroe americano, y por fortuna, tuve mi encuentro cercano. 

Pero en lo personal el hito para mi fue ver y sentir al mar. Me metí cual cachaca con blue jeans remangados, pero eso importó poco, para sentir el juego del agua y sus corrientes, oler el salitre, saltar y reírme cuando las algas me hacían cosquillas de vez en cuando, y poder echarle un vistazo al horizonte. Era el atardecer y se percibía su felicidad, le estaba diciendo adios al día con todos los juguetes. Un gran pez saltó un par de veces, unos pajaritos blanquitos con alas grises hacían fila como niños de escuela en pandemia, con la distancia requerida, a comer el alga que se arremolinaba en la costa, mientras el majestuoso pelicano planeaba con libertad para aprovisionarse de una buena cena, y cuando la divisaba: ¡Chuplundum!

Comprenderán ustedes asombrarse de la sinfonía que presenciaba, sonaba como se veía, como diría mi profe de cello. Muchas veces le había dicho a mi mamá que lo que quería era ver el mar, y ahí estaba, respirando su inmensidad, agradecida por el salvoconducto. Pasé del 1103 donde el horizonte eran los ladrillos del edificio de enfrente, donde la algarabía no era porque la naturaleza estuviera entonada sino porque los taladros de una obra, rompían el piso y la tranquilidad de todos. 

¡Y aún así, he de confesarles que no todo es como se ve!

¡Y aquí viene la frase cliché que faltaba! "Es que la pandemia me cambió". Salir después de un año de estar confinada, con muy poco contacto físico, con una rutina determinada, a tener que estar alrededor de muchas personas,  algunos desafiando el uso de las mascarillas, jugando a dos manos entre el celular y el gel antibacterial, ahogándome por tener doble mascarilla y lamina de protección, estaba como una digna teletubi. No fue nada chévere la experiencia. 
                                                 
¿Así que me pregunté esos cuatro días de libertad condicional, si realmente era el exterior lo que condicionaba mi libertad? ¿O si por el contrario, será que durante un año no fui consciente que el encuentro con mi libertad, no esta condicionada por paredes y ladrillos, ni por salvoconductos? ¿Será que buscaba salir del 1103 como un mecanismo para no entrar en mi?

Así que cuando te dan esa opción de ver el "afuera" te das cuenta que a pesar de la belleza, de ver cosas diferentes, todo carece de sentido si eso no se conecta con ese mundo, de donde nacen las canciones, los poemas y las oraciones.  Es como estando fuera del 1103, sentía que el exterior carecía de sentido, que donde estaba verdaderamente feliz era en mi. Era el juego de los contrasentidos, entre más contacto con el exterior mayor era el llamado del interior. 

Al final parece que somos nosotros los que decidimos condicionar nuestra libertad o hasta a veces nos decidimos reos de la cárcel que nuestra propia mente y sus juicios erige. Comprendí con este viaje de encuentro con Pfizer, que el viaje en donde tenemos plena libertad nunca debe cesar,  y que éste no esta condicionado por los circunstancias externas. Nuestra apuesta por nuestra espíritu no depende de encierros ni de pandemias, depende de nuestra voluntad.  Hasta nuestro último suspiro debemos apostarle por sentir la plenitud del mar dentro de nosotros, sentir el asombro por sus misterios, apostarle a zambullirse en él, bailar en sus entrañas, cantar con sus ritmos, orar con su íntimo. 






lunes, 22 de marzo de 2021

El remolcador de empuje

No sé si tuvieron la oportunidad de ver en las noticias, que esta semana anunciaban la muerte de Dick Hoyt, quien corrió 32 veces la Maratón de Boston,  y 6 Iron Man (la carrera de triatlón más exigente de todas).  Pues hasta ahí sonaría como una hazaña loable de un obsesivo compulsivo del ejercicio. Pero esta no es la historia. Dick realizaba todas estas hazañas de resistencia remolcando a su hijo Rick, quien nació con parálisis cerebral, quien no podía hablar y únicamente podía voluntariamente mover las rodillas. Cuadripléjico de nacimiento, a Rick no se le auguraba más que la acuñada frase de "vegetal". Se comunicaron por más de 10 años interpretando el movimiento de sus ojos. En vista de ver la coherencia de sus pensamientos,  sus padres fueron a la Universidad de Tufts para que le diseñaran una computadora que pudiera enunciar las frases dictadas por Rick al golpear su cabeza. Un tiempo después lograron empezarse a comunicar a través de la computadora adaptada, y así un día, de la nada,  le dice a su papá, ya de 40 años,  que quería que juntos corrieran una pequeña carrera de 5 millas, a lo que su papá accedió sin reparo. Así empezó la historia, de un héroe que:  adaptó la silla de ruedas de su hijo para poder correr los 42 kms de las maratones; que ubicaba a su hijo en un bote inflable que con una cuerda vinculaba a su cuerpo,  mientras nadaba en las triatlones; que adaptó la silla de ruedas que era movilizada con el pedalear sudoroso del padre en sus travesías en bicicletas , y que mientras el padre hacía la transición de disciplina, y no siendo ya de por sí retadoras las pruebas físicas del Iron Man, entre ellas y a contrarreloj el padre se cargaba al hombro al hijo, para ubicarlo en el siguiente dispositivo y así continuar juntos su aventura. 

Este hombre de hierro pensarían unos, transpiraba con la única motivación que su hijo volviera a sentir aquello que experimentó luego de culminar la carrera de las 5 millas: "Papá, cuando corro, siento que no soy una persona discapacitada".  Este hombre venció los límites del cansancio, venció su propia mente, por brindarle a su hijo  la liberación de sentirse preso de un cuerpo inerte. En una entrevista que le hacen luego de terminar una Maratón de Boston y de pulverizar los tiempos,  afirma que él no tenía interés alguno de correr solo, que la velocidad que lograban viene de algo que emanaba el cuerpo de su hijo, " el atleta es él".

¡Dibújenmelo, que yo lo coloreo!

Los antiguos alquimistas  antes de buscar transmutar metales en oro, debían purificarse, debían transmutar su propia alma.  Este padre emprendió un sendero de vencerse a si mismo, vencer su propio cuerpo para que su hijo lograra viendo el movimiento, porque no sé si su cuerpo lo sintiera, pero con seguridad su alma,  encontrara la respuesta de que él habitaba su cuerpo, pero que puede ser libre a pesar de él, que su alma  lo trasciende todo. No hay sueño imposible.  Este padre por amor, como un alquimista se purificó a si mismo para lograr lo impensable,  darle la oportunidad a su hijo de que comprendiera que es oro y no escoria, que es precioso en la burda discapacidad, en la quietud, en la dependencia, que es unión en la separación del mundo, que su espíritu no tiene silla de ruedas y que canta sin palabras. Que en su mente podía hacer lo que su papá hacía entregándolo todo por amor: cambiar, esforzarse, no desfallecer, rozar el límite de la locura, crear, reivindicar, motivar, correr, nadar, pedalear, sudar, darle sentido a cada respiración.

Este hombre fue un ejemplo para su hijo, lo dio todo, aniquiló lo imposible, la separación y los límites. Su padre fallece pero, hoy Rick sabe que se puede ser y no ser.  

No perdamos la oportunidad de ser un remolcador , como lo fue Dick para su hijo. Su empuje transformó, su empuje sembró, su empuje enseñó. La fuerza del remolcador y del remolcado se unen para transformarse. 

Si por el contrario, llega el momento en nuestras vidas que necesitamos de un remolcador porque no sabemos en qué aguas estamos navegando.  Confiemos en la pericia del otro y abrámonos a la experiencia de encontrar la belleza suprema en la unión, en el aprendizaje, en el despojarse de lo innecesario para sentir, como Rick, que nace la pureza de la impureza, que hay  movimiento en la quietud, que se puede alcanzar la  perfecta comprensión en lo incomprehensible, que se puede amar, amarse, amarte. 





 




domingo, 14 de marzo de 2021

El viaje del barranquero

La tarde cae..las nubes galopan la inmensidad como si estuvieran buscando un lugar donde pudieran resguardarse de la intemperie. El botón de la flor sigue su danza de apertura. El Barranquero se posa en una estaca de madera, desafiante de la oscuridad e inmóvil, observa el devenir. Es hora de ocultarse y, él sigue erguido sintiendo la sinfonía de bienvenida a la noche, con cantos, castañuelas y el zumbido propio del bosque en ebullición.  El Barranquero decida volar hacia allí, donde la orquesta de avezados músicos diminutos interpretan la belleza personificada. Ese lugar donde a pesar de la oscuridad y la poca visibilidad se siente en casa, seguro y a salvo de sus depredadores. 

Adentro de la casa la llama de la vela se contornea con la más mínima corriente de aire. Su calor y presencia se toma el lugar, y sí, al son de grillos, ranitas y luciérnagas, ella también vuela hacia donde su ser se expande. Nosotros espectadores de tal majestuosidad, más grandes en tamaño, pero incapaces de fundirnos en el movimiento perenne de lo que nos rodea, inspirados y coloreados por el halo de su llama, también como el Barranquero volamos sin saber, en el silencio, a ese lugar que nos recoge, que nos da calor, que nos resguarda de la intemperie, que nos invita a sosegarnos, donde solo debemos vigilar nuestros pensamientos, donde no podemos presumir o fingir, donde nuestra raza, peso, color o preferencia son fútiles, donde solo se puede estar presente.

Ignorantes somos al pensar que no tenemos un poquito de nube, un poquito del botón de la flor, de Barranquero, de grillos, luciérnagas y ranitas, de una llama de una vela..del otro que nos ama, del otro que nos hizo daño, del otro al que herimos. Del instrumento que somos en esta composición imposible de ser escrita. 

¿Acaso no somos hombres en busca de sentido como diría Victor Frankl? Todos vivimos experiencias diferentes, unos tienen un tumor cerebral que le tienen que extirpar y luego vivir un proceso de quimioterapia, a otros le deben hacer resección de una parte del páncreas por un recién diagnosticado cancer, otros imprimen su ser en las composiciones musicales o en sus cuadros, otros se levantan en busca de su pan de cada día, otros caminan huyendo de la violencia a lugares desconocidos, otros viven entre barras por errores pasados, otros viven enterrados por la culpa, otros batallan contra la discriminación, otros sufren pérdidas de seres amados, otros padecen discapacidades y dependen de terceros. En fin en este mundo las historias no tienen son inimaginables. 

Victor Frankl habiendo experimentado el horror Nazi en un campo de concentración escribe lo siguiente: 

 “Las experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre mantiene su capacidad de elección. (…) Quizás no fuesen muchos (hombres), pero esos pocos representaban una muestra irrefutable de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino.”

“Considerar nuestra “existencia provisional” como algo irreal constituía un factor primordial para que la vida se les fuese entre las manos a los prisioneros, porque todo se revestía como carente de sentido. Tales personas olvidaban que, en multitud de ocasiones, son las circunstancia excepcionalmente adversas o difíciles las que otorgan al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo.”

 Yo me pregunto cada día, si en efecto estoy decidiendo mi propio camino o si soy alguien que asiste a una película y ve su trama detrás del telón y no la personifica.  O si por el contrario,  mi indecisión me aleja de mi sueño, o mi mirada miope tergiversa tanto mi percepción de la realidad que decido no actuar. A veces me pregunto si el miedo me inmoviliza tanto y no me permite ser como ese Barranquero que sereno desafiaba la noche y sus peligros.  O si mis oídos se cierran tanto a no escuchar lo que a gritos todo lo que me rodea me señala. Y ni qué decir en la pandemia, en donde la distancia física nos separa del otro....¿Si estaré andando mi camino o simplemente lo estaré viendo como se delinea en el horizonte deshabitado? ¿Será que me siento tan diferente y separada que no logro adentrarme a la magia que cada ser  que nos circunda nos enseña?

¡ Oh cuán tardía acción es comenzar la vida cuando se quiere acabar! dice Séneca. Si realmente queremos alcanzar la inmortalidad que anhelamos, asumamos la brevedad de nuestra existencia, y asumamos cada segundo como una gran oportunidad de que nuestro espíritu crezca, de dar el siguiente paso en nuestro camino, de ser coherentes, de revestir de sentido nuestra existencia, así sea un domingo de pereza. 

Tenemos cada día la oportunidad de fundirnos con el movimiento que nos rodea, de volver a casa, siendo la brújula  ese lugar de sosiego que nos invita la luz de la vela en la noche fría. Tenemos la oportunidad de sentir que en la noche hay belleza, hay armonía, hay sentido, hay AMANECER. Decidamos asumir la noche como pasajera y el viaje hacia el alba como cierto.

lunes, 1 de febrero de 2021

El pastorcito mentiroso

¡Cójanlo! ¡Cójanlo! Gritaban los feligreses en pleno ayuno. El amado pastor los hizo creer que Jesucristo iba a volver, que para verlo tenían que ayunar y entregar todos sus bienes. Luego de lograr el acervo de forma meticulosa y dar entrevistas a los medios de televisión colombianos, el pastorcillo mentiroso tramó y asestó  su huida al paraíso terrenal, con yate y amiguito incluido. La Casa de Papel es mero pasquín al lado de la magistral escapada.  La Interpol se lo pillará con toda seguridad rastreando sus viandas en el yate:  suero y butifarra importados de Quilla..."¡Aja, tú sabes!"

La verdad me impresiona que hace menos de un mes decíamos que el 2021 todo iba a ser diferente, mientras nadando en la indiferencia, llenábamos centros comerciales y celebrábamos todos unidos. Veinte días después, las UCI en muchas partes del país sin capacidad.  Y de pronto, tantas tantas personas conocidas, amadas, amigos de los papás y papás de los amigos, navegando a contra corriente. En algún momento de este mes alcancé a contar al menos 20 personas conocidas infectadas. 

No sé si les está pasando a ustedes. No sé si ustedes oren. Pero cuando, en silencio, le empiezo a pedir a Dios por las personas que conozco que están sufriendo de algún modo u otro, ya la lista está tan larga, que con frecuencia se me pega la dendrita, y me toca verme abocada a hacer una generalización que agrupe a un combo de personas, para no excluir a nadie.  Ya tengo más categorías que antes. Y no sé si se han dado cuenta, pero una categoría nos lleva a pensar en otras. En fin, descubrí lo ensimismada que he vivido, lo indolente y lo poco compasiva que he sido. He vivido sin ser consciente de la magnitud del drama del otro, me he pensando victima al estilo del valle de lágrimas... pura paja...son muchos muchos más lo que tienen cargas más pesadas que yo. Solo es necesario abrir los ojos y los oídos.   

El sufrimiento de tantos relativiza el nuestro, las angustias de tantos vuelven insignificantes las nuestras. Mientras,  nos lo recuerda un pasaje budista ¿Por qué sufrir si podemos cambiar las cosas, y por qué sufrir si no podemos cambiarlas? Mientras estemos vivos tenemos la oportunidad de ponerle al mal tiempo buena cara, de ser feliz a pesar del sufrimiento, de experimentar la magia del perdón y la aceptación.  

Les pregunto: ¿Qué quisieran ustedes que se dijera en la ceremonia para celebrar su partida de este mundo? ¿Qué están haciendo para lograr eso por lo que aspiran ser recordados? Yo, por ejemplo, quisiera entre otras cosas, ser recordada como alguien que siempre intentó ayudar a los demás, y tú: ¿a dónde pones tus apuestas? Espero que no seas recordado por ser el pastorcillo mentiroso. Yo apuesto por ti, porque si tu haces moñona, todos la haremos, ¡todos celebraremos!

"Lo escogí a usted porque me di cuenta que valía la pena, valía los riesgos, valía la vida" 
Pablo Neruda

"Si tuviera que volver a comenzar mi vida
intentaría encontrarte mucho antes" 
El Principito




domingo, 20 de diciembre de 2020

Plerosis

Velas encendidas, faroles engalanados de colores, música festiva, pólvora ardiendo, viandas autóctonas haciendo su agosto: para unos, arepas fritas y carimañolas; para otros, buñuelos, natillas y hojuelas. Las reuniones familiares están a la orden del día, los amigos también buscan un pretexto para cantar juntos "...dulce Jesús mío, mi niño adorado, ven a nuestras almas; ven, no tardes tanto...". Siempre hay un motivo para encender esa vela, un motivo para agradecer, un motivo para añorar. El olor de la cera de las velas se mezcla con el rocío de la madrugada en la costa, o se mezcla con las frías noches del interior del país, en todo caso, el calor de las costumbres irrumpe hasta el más frío resquicio de nuestra hogar.

Pero este año todo fue diferente. No nos pudimos reunir como de costumbre a compartir, a vivir los sonidos, olores y colores de la Navidad. Es una Navidad que, para muchas familias, les recuerda la ausencia de un ser querido, o porque el Covid lo hizo partir o porque la pandemia los separó. Es un año de distancia, de angustias y miedos; es un año en que tantas tantas personas, de una u otra manera, sufrieron.  Así que, si hoy estás leyendo este blog, dale gracias a Dios por el milagro de la vida, por el milagro de compartir con tu hijo, nieto, esposo, esposa, amigo, amiga.

Para mí, hoy es un día especial. Hace un año que estoy en el tratamiento para la esclerosis, con esa inyección que me manda a la lona un fin de semana entero.  Y la verdad, creo que es el momento para compartirles algo de lo que he aprendido con esta dosis quincenal.  El miedo acompaña a lo incierto, para nadie es un misterio,  pero lo cierto es que el miedo se puede vencer si se acepta lo que nos toca vivir.  Como dice Desmund Tutu, la persona que tiene coraje no es aquella que no tiene miedo, sino aquella que vive, que actúa, a pesar del miedo.  Y, como todo camino, lo único que podemos hacer es enfocar nuestra energía en dar el siguiente paso. Con frecuencia, me preguntan hasta cuándo me pondrán la droga y, como no lo sé y los médicos lo ven que es para largo, les respondo que los médicos dicen que para siempre, pero que yo no lo creo. Por lo tanto, la pregunta es cómo decido enfrentar el reto quincenal. Y aquí viene  el segundo gran aprendizaje de este camino, y es que el dolor es una puerta que puede resignificarlo todo,  que te vuelve más consciente del sentirse bien y a plenitud; por tanto, cuando me siento bien, exprimo los días hasta su última gota. El dolor es el maestro para enseñarte que, a veces, es inevitable,  pero que puedes darle un sentido a esos 72 días al año que debes estar recluida, acostada, superando la fiebre y el malestar. ¿Me preguntarán si abatida? La respuesta es que no. Como buen maestro, me ha hecho comprender el gran poder que tenemos en nuestro interior; el gran poder de la mente para llevarnos de paseo al mar, a escucharlo, a olerlo, a ver su serenidad en la madrugada, mientras mi cuerpo combate la fiebre, el dolor y el insomnio. 

El poder de pensar en el otro  fue, para mí, revelador. Entonces, cuando me siento mal, pienso en tantas personas en hospitales, cuidados intensivos, discapacitadas, en tratamientos invasivos, trasplantes que también, como yo, deben enfrentar el reto de superar el dolor. Lo que he aprendido es que el quid está en no pelear con el dolor, en aceptarlo, y utilizar esos días para pedirle a Dios por las personas que tienen pruebas más fuertes que las que yo vivo. Es quitarle el foco a mi malestar y relativizarlo frente al dolor de los demás. 

Y este año, sí que ha estado lleno de historias anegadas de lágrimas. Por tanto, siempre he estado bien entretenida. Si pienso que es una pérdida de tiempo, lo es. Si pienso que esos 6 días al mes son una escuela para que mi corazón se sintonice con el dolor del otro, es un gran regalo. 

El tercer aprendizaje es: si pienso que me va a dar duro la aplicación, me da tres vueltas. Así que la mejor amiga y aliada para esta prueba soy yo misma. Si me considero víctima, le doy el poder a mi alter ego para que cave la tumba, aún estando viva. Si decido vivir, debo exiliar todos los pensamientos que me obligan a pensar que estoy enferma. Como me dijeron en unas de las primeras citas de mi nueva profesión "paciente", hay enfermos y enfermedades.

Al final, por qué le tememos tanto miedo a vivir, por qué tratamos de eludir el dolor, por qué no valoramos los simples y grandiosos momentos en que podemos dar, amar, sentir.  Yo, hoy, le doy las gracias a la vida por la esclerosis múltiple;  les cuento que la redefiní, si juegan con las letras se dan cuenta que la esclerosis multiple esconde que es mi plerosis. Para los que se pregunten qué es plerosis, etimológicamente, viene del griego plerosis "regeneración" y se compone de "pleon" que significa pleno, mucho y "osis" que significa conversión, impulso. Es decir, la esclerosis, ya denominada plerosis es, para mí, un recorderis del impulso que nunca puedo perder por buscar la plenitud, por aprender cada día, por regenerarme cada día, por convertir cada segundo de mi vida en tiempo con sentido.

Que en esta Navidad, ustedes busquen la plenitud, comprometiéndose con el otro, con el amigo, con el que conoces, con el que no conoces, porque al final, todos buscamos la felicidad que a veces se nos muestra escurridiza.  El año se cierra, así que, como los balances en las empresas, los invito a que no sigamos esperando un año más para hacer lo que nos soñamos, para dar lo que somos, para agradecer lo que recibimos sin merecer, para vivir con sentido cada segundo de nuestra existencia. 

Feliz Navidad a todos y espero que el año 2021 nos permita borrar la palabra separación del diccionario y nos permita abrazar, besar a quienes están en nuestro corazón. Que sea la oportunidad para agradecerles a todos sus comentarios, sus palabras de aliento, su compañía. 

¡Cantemos!


"... Dime que me quieres
Dime que me quieres
Que me adoras mas
un año que viene
y otro que se va
un año que viene
y otro que se va


traigo un ramillete
traigo un ramillete
de un lindo rosal
un año que viene
y otro que se va
un año que viene
y otro que se va
vengo del olivo
vengo del olivo
voy pa'l olivar
un año que viene
y otro que se va
un año que viene
y otro que se va..."
CANTARES DE NAVIDAD

domingo, 6 de diciembre de 2020

Entre zánganos y perfumes

Las abejas se arremolinan alrededor de las flores del jardín. Sin tapujos rompen los esquemas y dibujan sus viajes en el viento, en la supuesta invisibilidad del aire.  En medio del jolgorio se desgaja un aguacero que las hace salir despavoridas a resguardarse de tal violento encuentro, baten sus alas sin resistencia y buscan con seguridad el camino más corto para llegar a la colmena, donde podrán calentar sus cuerpos y podrán quitarse la ropa húmeda. Ellas no miran para atrás , no hay tiempo que perder, se enfocan en llegar a su anhelado refugio.

¡Tanto tenemos que aprender de las abejas! Ellas saben hacia dónde se tienen que dirigir, saben cuál es su rol y aporte a su sociedad, cumplen su cometido sin "peros". Ellas no conocen su ignorancia, ni anhelan ser la reina porque solo hay una.  Son zánganos u obreras, aún así pasan por alto el impacto de su dedicado esfuerzo y ni se les pasa por la cabeza que le dan alimento a tantos. Nosotros que nos creemos una especie superior deberíamos observar a ese combito de bichitos vestidos con un enterizo amarillo de rayas negras, que zumban y zumban, y ofrecen la mismísima vida por asegurar la supervivencia de sus familiares y amigos.  

Que si el huracán de Providencia, que si las casas quemadas de Cartagena, que si la inundación por las lluvias, que si el virus llego a tu comunidad, que si los refugiados huyen de sus hogares en busca de seguridad y sustento para sus hijos, que si los desplazados de la violencia empiezan de nuevo, que si las víctimas son héroes o villanos. ¿Y nosotros qué hacemos?

Nosotros hemos olvidado que vivimos en comunidad. Falsamente, creemos que nuestra supervivencia depende de lo que atesoremos, así eso implique hasta la muerte de otro ser humano. Omitimos de forma sistemática la necesidad del otro, solo perseguimos nuestro bienestar. ¿Y será que  lo que buscamos como bienestar, es lo que en el largo plazo nos lo dará?  Vivimos perdidos, todos nos consideramos obreros cuando somo zánganos, algunos se resisten a su realidad de zángano para volverse el rey o la reina. No ejecutamos nuestras labores por estar hurgando en nuestras memorias, pidiendo perdón o pidiendo permiso. Rompemos el equilibrio de la colmena porque no respetamos las leyes universales del dar y del recibir.  Somos obtusos al no comprender que el foco de nuestra vida trasciende, como las abejas, las fronteras de la colmena. Utilizamos nuestros aguijones para hacer doler al otro, en vez de dar nuestra vida por el otro. Desconocemos que tenemos que buscar la flor mas dulce y excelsa, esa que nos alimenta el cuerpo y el alma. 

¡Qué maravilloso es que nadie necesite esperar ni un solo momento antes de comenzar a mejorar el mundo! Anne Frank