domingo, 2 de agosto de 2020

Día 132: Saltaré


Siguiendo el mundo de las historietas del blog anterior, empiezo este por una que me dejó la boca abierta. Al buen entendedor pocas palabras. Esto sucedió el 20 de julio, mientras en Colombia, celebrábamos el día patrio, un par de niños saltaban de un tercer piso en Grenoble (Francia) huyendo de un incendio que consumía su hogar. Las causas las desconozco.  Los vecinos del lugar se agolparon en el primer piso y les gritaban que se tirarán, mientas los niños se sostenían aterrorizados afuera de la ventana. Los niños, uno tras otro, vencieron el miedo y confiando en este grupo de desconocidos para salvar sus vidas, se soltaron, para descender en caída libre unos 15 metros.  En pleno siglo XXI , estos gritos no eran otra cosa, que gritos de independencia. Este fue el verdadero Florero de Llorente, para que este par de niños aprendieran que confiar en los otros puede salvarles sus propias vidas, que el miedo en vez de inmovilizarnos los debe movilizar, y que ante una encrucijada de tal magnitud una decisión puede ser un viaje cuyo puerto de partida es la angustia y cuyo puerto de llegada es la felicidad de ser conscientes de la fugacidad de la vida, y de su milagro. El mayor de los niños lanzó primero al pequeño, y luego lo hizo él. ¡Chapeau!

Walid Athoumani, estudiante de geografía y vecino del lugar que estuvo ahí para recibir primero al niño de 3 años y luego para recibir al de 10 años. Walid con otros vecinos, subieron a tumbar la puerta para poder entrar y no lo pudieron hacer, por lo cual decidieron optar por indicarle al par de niños que saltaran de su ventana. Los niños salieron ilesos, no tocaron el suelo. Mientras varios de los que recibieron a los niños sufrieron fracturas en sus muñecas, y dedos. A Walid no le importó el dolor de su muñeca y esperó la recepción del segundo niño. ¡Lo importante era salvarles la vida! En su relato, que les copio el link al final del blog, dice que se sentía orgulloso de la solidaridad de los vecinos y que los grandes héroes eran los niños con su coraje

Pienso en los niños, y me admiro ante su manejo de la situación, ante su valentía. Me asombra que a pesar de que en sus mentes el terror galopara, ante esta pequeñísima decisión, no vacilaron ejecutar lo que "unos mayores " desconocidos los instaban. Esa intrepidez y audacia es fruto también, de unas mentes sin tantos prejuicios, de la fantasía que los adultos olvidamos de que "todo es posible". El niño juega, y este juego se trataba de confiar. Por otro lado, pienso en Walid y sus demás vecinos,  actuaron determinados a ayudarles a los niños a pesar de la adversidad. La mente colectiva es mas fuerte que la mente individual, la adrenalina y la claridad del objetivo, los llevo como equipo a que, en tal nivel de presión, lograran lo impensable. Se imaginan la energía generada por la fuerza de choque, al sostener la caída libre de un un niño de 15 kilos y el otro de 30 kilos aproximadamente? Por pura física esa fuerza de choque deforma la materia porque la energía no se disipa si no que se transforma, y ahí llegaron las lesiones. No tenían manera de calcular ex ante el golpe ni el resultado. Querer es poder definitivamente.  Ninguno de los protagonistas de esta historia, tenían forma de verificar si el otro era confiable, pero lo hicieron sin tanto cavilar. La vida de estos niños son resultado de la confianza que todos se tuvieron: la confianza que los vecinos se tuvieron unos a otros, la confianza de los niños frente al grupo de vecinos, la confianza que el niño menor le tuvo al  niño mayor. Fue una cadena de confianza, la que impidió que estos niños yacieran fríos e inmóviles, o visto desde otra óptica, fue esta cadena de confianza lo que permitió que estos niños volvieran a nacer. 
 
¿Cuánto confío en mi?¿Cuánto confío en el otro?¿Cuánto confío en lo divino? La mente juega y nos encadena para hacernos pensar que no somos capaces de hacer algo que la saca de su statu quo, nuestro orgullo nos impide confiar porque nos hace sentir más que el otro, o el otro menos que nosotros, y nuestra ignorancia nos hace creer la mente suprema del universo, nos creemos dioses, y por tanto confiar en algo inmaterial es una pérdida de tiempo, si bajo mi pensamiento tengo controlado el destino,para qué debo confiar en algo que me trasciende? ¡Somos tan inconscientes, tan egoístas!

Alguien me dijo alguna vez que confiar es una decisión. Yo no creo que la tomemos con mucha frecuencia. Vivimos en relación a otras personas, y partimos de la desconfianza casi siempre. A mi me pasa, por ejemplo cuando vienen a gritar afuera del edificio pidiendo plata, familias enteras, más de una vez al día, con sillas y entables. Ya me suena premeditado el negocio. Ya no confío en la veracidad de sus quejidos y lamentos.  

Si queremos transgredir nuestros límites debemos confiar en nosotros, si queremos lograr algún día atisbar en lo divino, tenemos que confiar en su presencia, orden, y benevolencia, si queremos aprender a vivir con otros, debemos aprender a escuchar nuestra percepción e intuición sobre quién y cuándo confiar en el otro. Este episodio en Francia, nos dio una lección magistral, de poner en manos de otros, de desconocidos, mi vida. ¿Acaso soy yo la desconocida, es el otro, es el Ser Supremo? Tengamos el coraje de los niños para lanzarnos sin controlar el resultado. Soltar nuestras aprehensiones nos permitirán ser acogidos por nosotros mismos, por unas manos inesperadas a la vuelta de la esquina , por el despertar a la consciencia que la huella divina está en todo cuanto nos sucede, está en todo cuanto nos rodea. 

"Mientras andas el camino de la vida, verás un gran abismo. Salta. No es tan ancho como crees." Proverbio nativo americano

Aquí les va el link:
https://www.facebook.com/605545973301212/videos/31309074603266


sábado, 25 de julio de 2020

Día 124: A Sotavento

Soy testiga de cómo las estaciones cambian, de cómo desde mi ventana, los torrenciales aguaceros transforman el Valle de Aburrá, de un lugar de verdes esplendorosos que se intensifican debajo de los rayos del sol, a ser la cuna de un bebé arropado, agazapado por el estruendo de las descargas eléctricas. La vida pareciera desaparecer ante tan majestuoso espectáculo. ¿Quién puede defenderse de la vehemencia de la naturaleza? Ni sus montañas pueden acorazar a este valle con olor a café y fríjoles . El tiempo ha cambiado, la pandemia ha cambiado, y nosotros hemos cambiado.

He recibido en el transcurso de estas semanas un popurrí de historias conmovedoras, amasadas por lo trágico, pero adobadas por la lucha contra la irreductibilidad y por la fuerza del dar.  La primera de ellas la encontré en un periódico, Jihad Al-Suwait es un joven palestino,quien decide escalar varios pisos de un hospital, por su fachada,  para poderse sentar en la ventana de la habitación donde su madre cada noche batallaba contra el virus, hasta que dice adiós para siempre. Qué habrá pasado por la cabeza de aquel muchacho, viendo su madre en su solitario confinamiento, noche tras noche, caminar ante la muerte, sin que este pudiera prevenirla. Su silenciosa compañía separada por un ventanal de vidrio, las horas deslizándose, su impotencia, su determinación, el vacío lo rodeaba, lo acunaba. Su ingenio amoroso, transformó aún en la distancia, la despedida de ese ser que le dio la vida, en una gala digna de cualquier monarquía.

La segunda historieta, es de alguien muy cercano a mis afectos, quien es atropellado por un camión transportador de alimentos, mientras montaba bicicleta. La bobadita le costó 4 costillas rotas, fisura en la cadera, neumotorax, y magulladuras por todo el cuerpo. ¡Se imaginan el dolor!  En medio de la resaca por un trauma de tal envergadura, esta persona, tiene tiempo para enseñarnos cómo sembrar, cómo enfrentar el dolor, cómo llenar de color un dibujo monocromático. Imagínense que escribió en uno de esos grupos de Whatsapp, y le dijo a un familiar suyo, que todo el dolor que estaba viviendo lo ofrecía por su salud. Hermoso acto de nobleza, hermoso acto de amor. ¡Una obra maestra! 

La última historieta para no aburrirlos con la lista de contagiados por el Covid, es la de una compañera del colegio que fue diagnosticada con Esclerosis Múltiple en el 2001. Para hacer el relato corto, ella hoy está en silla de ruedas y abrió un crowfunding para buscar recursos para conseguir un aparato que le ayude en su rehabilitación física, para poder volver a caminar. El título de su página era el siguiente: "Help Nicole #move #conquer# #MS will not rule my life. Keep # dreamin." Lo que nos dice, es que ayudémosle a que se mueva, a que conquiste, a que la esclerosis no domine su vida, a que continúe soñando. ¿No creen ustedes que ese debe ser el título de todas nuestras vidas, si cambiamos la esclerosis múltiple, por el reto cada uno está viviendo? Que la depresión no domine mi vida, que el cáncer no domine mi vida, que la angustia no domine mi vida, que el miedo no domine mi vida, que los problemas económicos no dominen mi vida, que la tristeza no domine mi vida.  ¡No nos demos por vencidos, esforcémonos por alcanzar los sueños, no nos quedemos quietos! Nicole se sueña la brisa acariciando su pelo mientras camina. ¿No creen que el sueño de uno, es el sueño de todos?¿No creen que ayudarle a otro es ayudarnos a nosotros mismos?

Simplemente conmovedoras. Podemos escalar edificios para arrullar a tu ser querido en la distancia, podemos transmutar el dolor en amor, podemos soñar que el camino es dar un paso. El factor común es podemos, podemos ser inspiración viviendo con entereza nuestros retos. Los actos de valentía nunca serán baladí.  

Recibamos el aliento de las personas que nos acompañan en esta travesía, con sus hazañas diarias. Recibamos el aliento de los que nos antecedieron. Inspiremos. Y con la fuerza que recibimos de su ejemplo, lancémonos a alta mar, alcemos nuestras velas, y naveguemos a vela llena. Si el viento cesa, naveguemos a toca vela, si el viento cambia de dirección, cambiemos la vela pero no la apoquemos, si el esfuerzo es mucho, desfoguemos la vela. Zarpemos y naveguemos a sotavento, disfrutando de la propulsión del viento, del corazón vagando por la inmensidad, de la experiencia de vivir nuestras conquistas con nuestra tripulación. Todos somos capitanes, todos somos marineros, todos somos vela, todos somos viento, todos somos mar.

"Carpe diem, quam minimum credula postero" ( Aprovecha el día y no confíes en el mañana)

viernes, 10 de julio de 2020

Día 109: Cumplamos la tarea

En Colombia tenemos dos motivos por los que celebrar. El primero, por el descubrimiento de los fósiles de un Pterosaurio, un dinosaurio volador,  que vivió en los Santanderes hace más de 125,000 años. El segundo, es que según la prestigiosa revista Nature aborígenes precolombinos fueron los encargados de colonizar la Isla de Pascua, y la Polinesia. Lograron hacer adicional a un rastreo genético , hallazgos de algunos restos de alimentos que vendrían de nuestro continente, como la batata. Resulta mordaz sugerir que celebremos en el marco del pico de muertes y contagios por el Covid, o por la explosión de un camión en Tasajera que dejó a familias enteras desoladas. Pero hago hincapié, en que sí tenemos motivos por los que celebrar.  Si no es en Colombia, les pido que piensen qué razones podríamos tener para descorchar un buen vino, o saborear una exquisita vianda. 

Si pasamos a una esfera más personal. Hoy, los invito conmigo a celebrar esas pequeñas cosas que hacen de este paso, el llamado valle de lágrimas, un viaje como ningún otro. Hoy, celebro por ejemplo, que mis controles de esclerosis múltiple, luego de casi un año de diagnóstico, son considerados estables. Por lo tanto, seguimos como venimos. Cómo no celebrar el amor de nuestros familiares y amigos, que hacen liviano el caminar. ¡O cómo no hacer una fiesta por haber encontrado un croissant vegano de chocolate negro!

Esta semana, me estremeció escuchar las respuestas de una mujer que había perdido a su hijo y hermano en el terrible accidente en Tasajera, ante la indelicadeza del periodista. Desgarrada, narró como las últimas palabras de su hijo habían sido que no quería morirse, y como el último sollozo de su hermano había sido que no iba ver nacer a su hijo, no lo iba a conocer. ¡No seamos indolentes e inconscientes! Esta semanas anteriores, ante la expectativa de los resultados de la resonancia, y ante la avalancha de emociones que navegan los días, pensé que más que temerle a muerte, al dolor o la discapacidad, debemos temerle a no exprimirle el último jugo a la vida, a no cumplir con el "para qué" de este paseíto. El miedo se transforma en un presente maquillado de desparpajo.  Cómo no celebrar la salud, cómo no celebrar el olor a ajo, cómo no celebrar la caricia de tu mascota, cómo no celebrar poder cantar las canciones favoritas de Jorge Drexler en su  Facebook Live,  cómo no celebrar tus batallas,las mías,  cómo no celebrar tus apuestas por la reinvención, cómo no celebrar el don de fluir.

Utilicemos método e intuición para demarcar nuestra área de trabajo, trabajemos con el cuidado de un arqueólogo desenterrando la historia con un cepillito, seamos respetuosos de los hallazgos. Creamos en nosotros, liberémonos de la mente que nos hace creer que no hay camino, que no somos capaces de hacer lo que soñamos, que el futuro es sombrío, que ya no hay tiempo de nada. Disfrutemos de la meticulosa y dispendiosa misión . Busquemos esas sensaciones que hemos olvidado de nuestra niñez, se acuerdan de la emoción de esconderse, o luego de pegarse un carrerón para que no nos tocara la lleva, la emoción de montar bicicleta y su libertad, la de dibujar creyéndose Picasso, o cantar creyéndose Paloma San Basilio. ¿Se imaginan el Pterosaurio pisteando el Cañón del Chicamocha , sobrevolando montañas escarpadas, y comiendo piñas de Lebrija? ¿Se imaginan el asombro de esos primeros aborígenes que decidieron ir más allá de lo conocido, al encontrar un pedazo de tierra rodeada de agua salada?

"Cumplamos a tarea de vivir de tal modo que cuando muramos, incluso el de la funeraria lo sienta."
Marc Twain.







 



lunes, 6 de julio de 2020

Día 105: El agua moja


Richard Phillips es un afroamericano que fue sentenciado a cadena perpetua por un crimen que no cometió. El principal testigo de su caso fue el actual responsable de los hechos. Después de luchar por 46 años en una cárcel, sin posibilidad alguna de salir bajo fianza, el homicida cambia su testimonio y lo exonera de toda responsabilidad. El estado de Michigan le pagó un millón y medio de dólares como resarcimiento, lo que equivale a $ 91 dólares por día. ¿Eso vale un día de vida?

La otra historia conmovedora de sentencias injustas es la de los llamados " los 5 de Central Park". La historia de 5 jóvenes afroamericanos que fueron sentenciados por el homicidio de una mujer caucásica que corría en las inmediaciones del Central Park en Nueva York. Los jóvenes fueron obligados a declararse culpables aún sin que ninguna evidencia los respaldara. Uno de ellos estuvo en una celda en aislamiento por 13 años.  

Richard pintó acuarelas por 46 años para que su corazón no se endureciera, cuando salió enfatiza el reto que fue la adaptación a la libertad. No tenía a nadie, no sabía comprar en un supermercado, y hasta se le había olvidado manejar.  En el caso de "los 5 del Central Park", eran muchachos entre los 14 y 16 años, el uno quería ser trompetista, el otro beisbolista, los otros ni sabían qué vida soñaban. Después de 12 años el estados de Nueva York les hace un pago de 40 millones de dólares. Y en una entrevista que les hace Oprah Winfrey, se puede ver el sabor agridulce, que aún hoy tiene para ellos. El sistema los hizo crecer, los cambió, y en las palabras de uno de ellos "los rompió". 

Estas historias nos invitan a reflexionar en la noción de la justicia, del resarcimiento, pero sobretodo de cómo podemos escalar las pendientes más empinadas. Estas historias son inspiradoras, porque estos seres, a pesar de la injusticia, aman. Richard Phillips, en su entrevista,  nos recuerda que la vida no se trata de evadir los problemas, sino cómo en medio de la tormenta podemos bailar debajo de la lluvia, y sobretodo, digo yo, disfrutar de ese baile.

Hoy, las noticias nos bombardean con el resurgimiento de la peste bubónica, con un nuevo virus porcino, con las mutaciones del Covid, con la desobediencia social y el incremento de muertes y contagios por Covid, en Colombia y en el mundo. Por otro lado los mayores de 70, entutelando al gobierno.  Los líderes fallándole al pueblo. Desempleo con récords históricos de más del 20%, en Colombia. Sobre-endeudamiento de las familias, instados por un sistema para que compren aún sin tener. En fin, si lo miramos así no hay con que hacer un caldo. 

Bailemos al mejor estilo de Hollywood, en la lluvia, disfrutemos de las gotitas tocando nuestro cuerpo, reconociendo "que el agua moja",que nos refresca, juguemos, y sintamos profunda alegría de estar vivos. Aprendamos de estas historias, que la justicia no está en nuestras manos. Somos pésimos impartiendo justicia. Y si el veredicto está en nuestra contra, vivamos el camino, un día a la vez. Y aun si no lo está, y nos sentimos agobiados e intranquilos, seamos conscientes del universo atemporal que habita en nosotros. Volvámonos lluvia para calmar la sed del otro, y recordemos una y otra vez, que el éxito se mide por la forma de afrontar las pruebas y  no por las pruebas en sí. Seamos positivos, y en este momento de vida, agradezcamos que tenemos las puertas abiertas para inundar el mundo de nuestro ser, vasto, eterno, sereno y libre. 


martes, 23 de junio de 2020

Día 93: La sincopa


Mi última semana no ha tenido otro nombre que: la sincopa. . Gracias a mi profe de cello , he tenido una mano de Carmen de Bolívar  monumental..." Tierra de placeres, de luz y alegría...de lindas mujeres...Carmen tierra mía!" Para los que no sean costeños, es mi porro favorito. Lo cantó Lucho Bermudez con Matilde Díaz. . A mi me transporta a mi niñez, a las premiaciones de los torneos de Golf, cuando de precocita  me tocaba ir a las fiestas de los "grandes", a esperar mi copa.  Me sentaba en unas escaleras , en el Salón Principal de Country Club de Barranquilla, que me permitían divisar desde lo alto a los "grandes" , y ver como se deslizaban, como seguían el ritmo que los Hermanos Martelo marcaban, como esas parejas se amalgamaban, y cada uno de ellos eran y dejaban de ser al escuchar la melodía.  Era maravilloso ver cuando sonaban los primeros compases, la pista de baile se volvía un hormiguero, el factor común, la expresión. 

A pesar de mis recuerdos de infancia, y de que mi corazón siempre haya latido a ese ritmo, no tenía la menor idea que se traía la profe un regalo de tal calado. La sincopa me explicó: " es un fenómeno que consiste en una prolongación de una figura rítmica o una armónica de un tiempo débil a un tiempo fuerte". La verdad quedé mirando un chispero. Cómo así que una prolongación de un tiempo débil a un tiempo fuerte. Pos manito, en el cello las dos notas se articulan en la misma arcada y la duración de las notas se suman. Me imagino que están tan perdidos como yo lo estaba. Pero para que no se desgasten con estos tecnicismos, se los voy a resumir...Carmen de Bolívar está plagada de sincopas. Y son ellas las que, entre otras cosas,  le dan su exquisitez.

Lo hermoso de la sincopa es que esa ligadura, sorprende. La sincopa llena de fortaleza la esperada debilidad. Sazona la música, la vuelve un manjar; elimina los vértices de un cuadrado para sacar el compás y delinear un trazado sin líneas de contención. 

¿Qué les parece si le aplicamos el concepto de la sincopa a nuestras vidas y a la realidad que vivimos? Los momentos de debilidad son aquellos donde nos cunde el miedo, donde el sosiego es un intangible, donde nos cuestionamos hasta el apellido, donde nos sentimos solos y sin sentido. Que tal si en la partitura de nuestras vidas, ligamos ese momento a uno revestido fortaleza. Al unir esos tiempos, transformamos esa fría arcilla, en una figura o forma que nos habita.  La posibilidad de cambiar el ritmo y la melodía, están en nuestras manos si decidimos componer nuestra música.  Muchas veces abandonamos la travesía por el miedo al qué dirán, o por los juicios que se vuelven una cadena perpetua.  Nuestros seres queridos nos recuerdan el acervo de herramientas que llevamos en la mochila, nos hacen ver con claridad, que siempre  hay algo del pasado que nos enseñó, y que nos permitió superar una tribulación. Ellos nos instan a que rebusquemos en los anaqueles, y hagamos uso de nuestro mejor esfuerzo para disfrutar de una nueva sintaxis,  para ponerle picante y picardía, a lo que para muchos puede ser una agobiante existencia. El presente como foco de nuestra atención, y nuestro ser como instrumento sonoro. 

"Uno para todos y todos para uno", al mejor estilo de los mosqueteros. Abramos nuestra mano a recibir aquel que nos brinda amor, abramos nuestra mano al que nos hiere, abramos nuestra mano a nuestro pasado, abramos nuestra mano a la búsqueda de la eternidad, abramos nuestra mano la incertidumbre, abramos nuestra mano a la imaginación, abramos nuestra mano a nuestra debilidad como pilar de la perseverancia y de nuestra transformación. 

Embriaguemos de sincopas la vida. Rompamos lo moldes. Alteremos los ritmos. Crezcamos en el arte del tiempo. Aprendamos, como dijo Robert Schumann,  a expresar los más delicados matices del sentimiento al penetrar más profundamente en los misterios de la armonía. 

Aquí les dejo el vínculo para que se den un paseo por Carmen de Bolívar:

   









domingo, 14 de junio de 2020

Día 84: De cavernas y recintos

Se imaginan un hombre en la Edad de Piedra, comunicándose a través del uso de monosílabos, refugiándose en cuevas, y en sus profundidades, uniéndose con otros, para expresarse, con tinturas naturales, haciendo dibujos del hombre-bisón en las paredes, en donde el potencial creativo se plasmaba en cada ápice de piedra esculpida o coloreada. El animal como una deidad.  El hombre desde la prehistoria, se hace protagonista de una realidad que trasciende su universo, y valida su existencia. Algunos deterministas pensarían que ese plano incognoscible pero intuible llegó con la escritura, pero no fue así. Es más, hemos creído por muchos años que el hombre dejó de merodear, dejó atrás sus años de cazadores y recolectores, y se asentó en lugares,  para domesticar animales y para cultivar su alimento. Les cuento que es completamente falaz este argumento. Hay vasta evidencia, que los seres humanos experimentaron con la agricultura primero, en lugares de experiencia religiosa o "templos". El hombre buscó controlar y manipular la naturaleza, para sacar provecho de la misma. El hombre hace una transición cognitiva para pensar, que podemos ser los dioses de la naturaleza. Lo divino concebido desde lo humano, como lo humano.  El hombre al describir a Dios, se describe a si mismo en términos divinos.  Hay un libro fascinante de Reza Aslan, el mismo autor de El Zelote, llamado "Dios, una historia humana" donde nos lleva de la mano desde la prehistoria hasta la consolidación de las principales religiones monoteístas, mostrándonos esa visión antropocéntrica del principio vital.

La incertidumbre ha sido una constante para todos los seres que habitamos este planeta, para esos primeros cazadores, deambular sin descanso hasta encontrar alimento. Para una especie de ave en Borneo, que construye durante toda su vida unas estructuras elaboradísimas con palitos y ramitas, en busca de cortejar a la tan añorada hembra. Los árboles frutales esperan, sin remedio batallando en la intemperie, al que el Fenómeno del Niño, se acabe y lleguen las primeras lluvias para revestir su follaje de colores, aromas y sabores. Un joven, hoy , espera si es merecedor de la beca para financiar sus estudios, y si no es tan aventajado,  tan sólo, espera si lo van a admitir al alma mater. La reina de belleza, que ayer salió en las noticias, se debate en saber cómo será su vida después de la amputación de su pie.   

La vida está llena de esas preguntas, que no creo sean incógnitas. Nos creemos dioses, como nuestros antecesores, y creemos de forma soberbia, tener la respuesta. Elaboramos escenarios en nuestras mentes, basándonos en ilusiones, o en supuestos improbables, y como guionistas de una película definimos qué debiera hacer parte de la trama y qué no. Cuando los posibles escenarios, son muy disimiles, y los posibles caminos perpendiculares, dejamos de ver la vida como un espiral, y nos sumergimos en el caos, por anticiparnos a cómo hemos de vivir ante tal variabilidad, o si seremos capaces de subir la pendiente del camino predeterminado. Se nos olvida, en nuestra pequeñez, que hay un narrador omnisciente: que lo sabe todo, que lo explica todo, que se puede identificar con el autor, que permite los saltos en el tiempo y en el espacio, y que aporta credibilidad. ¿Por qué pretendemos actuar como éste, sin ser omniscientes? Nos creemos dioses, creemos que Dios es como nosotros. 

Los místicos han buscando tener un atisbo de lo inenarrable, de lo intocable, de lo inimaginable, de lo atemporal, de lo inmaterial. Ellos buscaban sin cesar la transcendencia, partiendo de la aceptación de su precaria naturaleza, del camino. Ellos buscaban sin cesar la trascendencia, resignificando cada momento de la vida como esas condiciones perfectas, por mas dolorosas que fueran, para afinar su voluntad,  refinar su entrega, e interpretar majestuosamente su instrumento de amor.

Abandonemos, nuestra profesión de guionistas, de narradores omniscientes, de ignorantes. Busquemos el reino de Dios y todo se nos dará por añadidura. No nos inquietemos por el mañana, disipemos el helor del miedo y de la incertidumbre, con la llama de amor vivo que enciende y libera el recinto por ocupar. 








domingo, 7 de junio de 2020

Día 77: Opticus

A mi me encanta nadar.  Con frecuencia cuando me zambullo y llevo un rato concentrada en la respiración, y en las brazadas, izquierda, derecha, sintiendo como el agua se desliza sobre mi cuerpo,  de pronto, las gafas se empañan, se nubla todo, no veo nada, y ya se vuelve muy incómodo seguir adelante. Si no quiero parar, hago lo que me enseñaron en mis sendos cursos de buceo, y es que levante un poquito las gafas y deje entrar agua, así el agua misma, elimina la opacidad. Para los que los que son menos acuáticos, o viven en lugares calurosos, sabrán lo que sucede si uno tiene gafas cuando se baja de un carro con aire acondicionado. Queda uno ciego, en realidad. Y no queda mas remedio, que quitárselas, tomar un pañuelo y limpiarlas, ponérselas, y retomar la marcha.  

He descubierto en medio de esta cuarentena, que a veces se nos empañan las gafas con las que vemos la realidad que estamos viviendo,  a tientas nos movemos,  todo pierde su brillo y claridad, dejamos de disfrutar lo que hacemos, y nos llenamos de largas argumentaciones que sustentan nuestro desasosiego, dejamos de confiar. Se nos presenta la dicotomía, de si necesitamos con urgencia, una parada técnica al optómetra para que nos corrijan las miopía y el astigmatismo, o si más bien sacamos el pañuelo del bolsillo y limpiamos los espejuelos.  

En estos días empecé a desesperarme por no tener trabajo. Las gafas se empañaron. Me veía en medio de una sin salida, porque emplearme tiempo completo es una clara imposibilidad, para una persona que cada quince días se debe incapacitar, porque está en las drogas . ¿Qué podía a hacer? Sumémosle a la película, que además soy población vulnerable por lo cual el encierro es más prolongado, y para rematar, todo patas arriba, innumerables empresas colgando los guayos.  Con las gafas empañadas, me dediqué a ver una serie en Netflix, que se llama Resurrección, sobre la vida de Ertrugul, el precursor del Imperio Otomano.  En ella, hermosamente nos muestran las enseñanzas del Corán, y hacen permanentemente énfasis en el sentido de caminar por la senda definida por Dios, y repetían en inglés " every cloud has its silver lining" que en español sería "no hay mal que por bien no venga" ( la cual creo que es una mala traducción), también repetían, que la noche es más oscura justo antes de amanecer, y que no hay primavera sin invierno. 

Pero así como los días pasan, las cosas se decantan, los mensajes llegan, y definitivamente tomamos la decisión de sacar el pañuelito.  Nos damos cuenta, que el brillo estaba ahí pero que enfocábamos nuestra atención a la bruma temporal. También nos damos cuenta, que el universo late, y tiene su ritmo. ¿Acaso nosotros no?  Todo en la vida es una prueba, y un gran regalo. Mis lentes se habían empañado, porque había olvidado, mis prioridades. Estaba buscando una salida en el exterior, cuando la respuesta era la forma como veía la situación.  Tomar consciencia, es una varita mágica, moviliza cosas inesperadas. Y luego se mira atrás, y se da cuenta, que todo era un juego de perspectiva. Y si se pone en relación a otros, se da cuenta que es una nimiedad. Para la muestra un botón,  en medio del cuento, me entero que el papá de una amiga fue declarado desaparecido. Yo quedé patidifusa. Como diría otro amigo, el problema más grande es el de uno. ¿Y de qué tamaño era mi mal llamado problema, al lado de la angustia de mi amiga de no saber el paradero de su papá desaparecido?

Les comparto mi experiencia, con el ánimo de que escarmentemos en cabeza ajena. Tal vez cuando tengamos algún reto, paremos y pensemos, si por el cambio se empañaron las gafas, o si es mi observador que está un poco perezoso, y opta la salida más cómoda, de ser víctima. Tenemos a la mano, muchas herramientas, para hacer ese examen de consciencia, y en vez de pensar que nos vamos a ahogar en medio de la buceada porque se nos metió agua a la careta, utilicemos la receta aprendida. El silencio, es nuestro gran aliado. Allí tenemos el acervo de respuestas, hasta a las preguntas que aún no hemos formulado, o que nunca formularemos. 

Si pensamos diferente, el resultado será diferente. Alguien a quien aprecio me dijo hace un tiempo: " caer para levantarse no es caer".  Agradezcamos los cambios de estación, agradezcamos los ciclos, agradezcamos todo cuanto llegue en esta vida, agradezcamos que tenemos lentes, agradezcamos que se empañen, agradezcamos que aprendemos a limpiarlos, agradezcamos la nitidez y la luz, agradezcamos la noche y la oscuridad, agradezcamos el milagro de estar vivos, agradezcamos la posibilidad infinita de desempañarnos, y  de conquistar ese imperio indómito y sin fronteras, llamado nuestra paz interior.