viernes, 26 de abril de 2024

EL REGRESO DE LA AURORA

El tiempo todo lo cura siempre me han dicho, y creo que es la verdad. El tiempo transforma el dolor en recuerdo. El tiempo nos concede la serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, el valor para cambiar las cosas que podemos cambiar, y la sabiduría para saber la diferencia. Tal como nos lo dice la oración de la serenidad que recitan los adictos en su camino de recuperación.  El tiempo desanuda la madeja de nuestras dudas y contradicciones. El tiempo no regala la fuerza para pararnos de nuevo y dar el siguiente paso, sin importar el embate que nos tiró al suelo. El tiempo nos ayuda a enfocar con un lente nuevo nuestra vida y, cada una de las experiencias vividas. El tiempo no actúa solo, el tiempo nos recuerda los ciclos y de los ritmos de la vida. El tiempo es un gran maestro. Pero ese maestro es escurridizo. Cuando lo miramos de frente nos hace un permanente llamado a la acción. Y para muchos infunde un gran miedo al porvenir.

Es gracias a ese maestro y su compañera, la paciencia, que estos meses que he vivido, después de duelos, pérdidas y tratamientos, que hoy me siento con ánimo de seguir estudiando en esta escuela de la vida.  Gracias a esas despedidas y a esos días “en la lona” como les digo yo, tuve la oportunidad de valorar cada una de las personas que tenemos a nuestro alrededor, hasta aquellas que nos hieren. Porque todas ellas, si nosotros lo asumimos así, nos ayudan a aprender a crear y mantener relaciones significativas, nos ayudan a abandonar patrones de comportamiento que nos limitan, nos ayudan a crecer, nos inspiran, nos acompañan.  También, durante este periodo de ausencia de las letras recordé que el tiempo se nos va como arena entre los dedos, pero si sentimos con intensidad, si disfrutamos hasta el malestar y el dolor, podremos deleitarnos de esos sabores ocultos que nos trae el manjar que llamamos vida.

Respetar nuestros ciclos es un arte. Yo intente a toda costa escribir algunas líneas durante estos meses. Esfuerzo que resultaba infructuoso. Quise hacer ejercicio cuando todavía estaba sin energía. Me empujaba a hacer cosas cuando me sentía incapaz. Gracias a estos meses recordé el viaje de transformación de una semilla a una flor. Cada flor tiene su propio ritmo. Cada semilla necesita de diferentes ingredientes. Algunas necesitarán más sol, otras semillas necesitarán más humedad. Lo importante es conocernos tanto para saber cuando tenemos que regarnos, cuando tenemos que salir al sol, cuando tenemos que trasplantarnos, cuando tenemos que podarnos. Florecer no pasa de la noche a la mañana. Necesita observación, determinación, trabajo, disciplina, y toneladas de amor.  Esta actividad requiere de tiempo y paciencia.

“Los dos guerreros más importantes son el tiempo y la paciencia.”  León Tolstoi

“El tiempo es el consejero más sabio de todos”. Pericles

De la mano de Tolstoi y Pericles los invito a que abracemos a esos dos guerreros. Los invitemos a cenar de nuestro manjar. Escuchemos su consejo. Y recordemos que es algo dado que no podemos crear. ¡No lo desaprovechemos! Decide hoy que vas a hacer que tanto has pospuesto. Decide hoy qué vas a enfrentar. Mira de frente a eso que tanto has ignorado.  Aparca el miedo, y acompaña a semilla en su tránsito a convertirse en flor. ¡Nunca es tarde!

Para mí, compartir mi tiempo con ustedes, es una gran bendición. 

¡Salud porque la aurora regrese a casa!

¡Feliz día!

sábado, 13 de mayo de 2023

La Música de la Alegría

“Me llamo Jose David, tengo 8 años, mi mamá se llama Lina, y los dos vivimos en Caldas, Antioquia. Mi gran deseo es ser chelista y asistir al Encuentro de Chelistas de Colombia, pero no tengo chelo porque no tenemos los recursos para comprarlo, ni mucho menos dinero para ir a Bogotá al encuentro. Nos costó mucho pedir ayuda, no sabíamos cómo y nos daba mucha pena.  Después de hablar con mi mamá finalmente nos decidimos a pedir ayuda. ¿Y adivinen lo que pasó? ¡Magia! Hablamos con el evento y el chelo nos lo donó la mamá de una chelista bogotana, otro chelista más aportó para la inscripción del evento, otra persona prestó un apartamento en Bogotá cerca a la Universidad de los Andes donde será el evento, una amiga de mi profe me regalo la ropa para los dos conciertos, la Casa de la Cultura de Caldas nos ayudó para comprar los tiquetes. En fin, anoche puse un aviso en la puerta de mi cuarto que decía: Ocupado por un músico lindo de corazón alegre”.  

¡Qué tal el convencimiento de lo que quiere ser! ¡Qué tal la determinación por conseguir lo que sueña! ¡Querer es poder, señores y señoras! La humildad para pedir y la compasión de las demás personas avivaron el fuego en su corazón de ser un músico de corazón alegre.

El tiempo sigue su curso y así los acontecimientos en cada una de nuestras vidas. En la mía ha habido un cambio de estación. Así como los árboles resisten las gélidas temperaturas del invierno, pierden todo su follaje, y como titanes y con mucho control y, hasta estoicismo, esperan pacientemente el despunte del sol y el deshielo, así he sentido que han sido los últimos años de mi vida. Pero cuando el calor de sol abraza a esos árboles que se pudieran pensar son chamizos porque más escuálidos imposible, y la tierra nutre sus raíces, los árboles hacen el despliegue de la más hermosa naturaleza. La florescencia ocurre, los colores aparecen, sus aromas inundan el espacio. Las abejas loquitas por tanto elixir no paran de trabajar. Y así es cuando nuestra verdadera naturaleza emerge, nuestro ser se manifiesta regocijante, por la vida y por la oportunidad de florecer, con inmensa gratitud por el invierno precedente, porque nos permite admirar con reverencia la alquimia de la transformación, y porque nos enseña con sable en mano lo que significa superarse, lo que significa mudar de follaje y de identidad, lo que significa la humildad y la aceptación, y lo que significa decidir cómo responder ante las adversidades de la vida.

Jose David me mostró su valentía enmascarada en un aspecto frágil, me mostró su sonrisa, su alegría, y su reverdecer al ver un video que decía que amaba a una de las personas que lo habían ayudado. Ese guerrero sin armas de metal se alista para abrir su corazón en el chelo, y para hacer la travesía menos vana de todas, la de conocerse a si mismo, la de comprender que su voz es única, la de reponerse a cualquier emboscada con la expresión como estandarte, y con sus notas buscar conquistar la escurridiza belleza que se esconde en lo profundo de su alma.

Yo me identifico con Jose David, hoy el sol vuelve asomarse en mi horizonte, hacen su aparición mis flores. Decidí estudiar terapia de sonido y de voz, decidí reenfocarme en mis estudios de chelo. Decidí capitalizar mis aprendizajes y ponerlos al servicio de mi propia florescencia como de quien me rodea. Decidí que abandonar el victimismo y asumir la responsabilidad. Decidí abandonar el miedo y atreverme a desplegar mi follaje sin dudarlo. Decidí tocar Carmen de Bolívar en el chelo. Decidí convencerme que soy capaz de emprender un nuevo comienzo y de ser lo que me sueño. Decidí poner el aviso en mi cuarto que como en el de Jose David dice: “Ocupado por un músico lindo de corazón alegre”.

sábado, 25 de marzo de 2023

La Risotada

En estos días, leí en Instagram una de esas frases de la Casa de Carlota dichas por personas con Síndrome de Down: “Un corazón roto sirve para armarlo diferente”. La verdad al leerla me quedé de una pieza. Cómo personas que supuestamente tienen una “discapacidad” le den a la diana tan certeramente. La pregunta que naturalmente sucedería sería: ¿cómo lo armamos si está hecho pedazos? ¿Si las piezas no cuadran con qué las pego? ¿Qué forma le quiero dar a ese nuevo corazón? ¿Qué debo soltar y aceptar por doloroso que sea? ¿A qué debo renunciar de mis creencias para empezar de nuevo? ¿Quién soy, qué busco ser, quién quiero dejar de ser? ¿Qué me debo perdonar para poder pasar la página? ¿Qué decisiones debo tomar para hacerme cargo de lo que me corresponde?

Es impajaritable que nos encontremos en el camino de la vida con momentos dolorosos. Como puede ser la partida de un ser querido, inesperada o no; la separación de caminos entre parejas o amigos; el despido de un trabajo; la mentira, el engaño y la calumnia, entre otras. Hay de todo en botica.  La tristeza es una emoción que no nos hace débiles sentirla. Todos la hemos sentido en la vida. Algunas personas la esconden o la evaden, pero ella viene a ayudarnos. Viene a abrir un canal de expresión de ese dolor.

Los budistas son muy claros en diferenciar el dolor y el sufrimiento. El dolor es algo natural que surge de un incidente determinado, y el sufrimiento es una acción deliberada de aferrarnos en ese dolor, y en no aceptar lo que implica ese cambio. Cuando sufro me victimizo y eternizo el dolor. Cuando en sí mismo el dolor es efímero. El sufrimiento es una resistencia al aprendizaje que trae consigo el dolor. Thich Nhat Hanh nos dice que el dolor trae consigo la comprensión y la compasión, y éstos son los verdaderos cimientos de la felicidad. Armar un corazón diferente como decía nuestra frase inicial implica observarnos, reflexionar sobre nosotros mismos, comprendernos y comprender la enseñanza que trae la circunstancia en que vivimos, al fin de cuentas implica transformarnos en el proceso mismo de desapego.  

¡Y sí, sufrimos porque nos apegamos a tantas cosas! A las personas, a una rutina, a una zona de confort, a las cosas, a una idea, a una ilusión, a una imagen de nosotros mismos. Yo siento que el dolor llega a recordarme siempre, a manera de cachetada, que amar significa soltar, que amarme significa perdonarme, que amar al otro significa comprender su dolor, y así dejar el disfraz de victima para asumir la capa de responsable. El dolor viene cual arte de magia, a transformarme y a llevarme de la mano, a verme directamente de cerca o a la distancia, y a susurrarme con su encanto, la respuesta de  qué estoy dejando atrás y abrazando en medio de tanta incertidumbre. Me sopla a dónde quiero y siento dirigir mis pasos.

Este proceso no es de un día para otro. En mi caso es cíclico. Va y viene. A veces estoy bien y a veces algo de repente me recuerda el incidente que me dolió. ¡Paciencia mi querido Watson! No hay de otra.  Muchas veces quisiera que las cosas se hubieran desarrollado de manera diferente. Pero no hay caso alguno recriminarme si lo intenté y dejé todo en la cancha. Si por el contrario no lo hice, no queda de otra que ponerse las pilas y reconducir lo que se pueda. Si quisiera cambiar algo que está fuera del alcance de mis manos me digo a mí misma: “¡aja que te crees, deja la soberbia, y acepta!”

Esta larga nota, para contarles que me duelo por la partida de mi tío Sergio. Su sentido del humor, sus ocurrencias, su risa, su inestimable cariño fue parte integral de mi niñez y de lo que hoy soy. Que sea una oportunidad, en medio del dolor que nos embarga, para decir gracias por siempre sacar una gran risotada en todos nosotros. Tu partida nos ha recordado a todos la fugacidad de esta vida. Nos ha recordado que no podemos perder el aliento, que amar es nuestro ejercicio como decían los místicos españoles. Y que debemos ponernos los zapatos, amarrarnos bien los cordones, y dar el siguiente paso, cualquiera que este sea con fe y esperanza.  

¡Ahora que armo de nuevo mi corazón, por tu partida, el color de tu risa siempre estará presente!  

jueves, 22 de diciembre de 2022

ODA A CARONTE

Cada fin de año, de ciclo, nos invita a una reflexión sobre lo aprendido. En mi caso, este año 2022 ha sido el año donde me encontré con la muerte de muchas maneras: la muerte de Luis Eduardo un viejo amigo, el suicidio de mi socio y amigo Yank, la muerte de mi “Ñaolin” como le decía cariñosamente a Don Benja, mi gran compañero de viaje por mas de 15 años; la muerte de la empresa, la muerte de mi relación con Tomás, el otro socio, la despedida de la Tía Pat, de César, de Beatriz Heilbron, de Roberto S., Jorge Z., la renuncia a una iniciativa que concebí y puse a marchar. En 2022 fue el abrazo de Caronte, el abrazo de ese impredecible viejo gruñón que transporta a las almas por las aguas de Hades.  Todo cambió de estación mientras Caronte en su barca navegaba sin cesar acompañando a mis seres queridos e iniciativas a otro plano. En el 2022 comprendí que por mas fuertes que sean los embates, ellos no deben jamás perturbar el sentido de tu existencia, y si no las conocemos cada encuentro con Caronte nos permite pasar por el cedazo todo aquello que tiene o carece de sentido.  Lloramos, nos dolemos, decimos adiós, nos da rabia, a veces ni somos capaces de asimilar la película que transcurre en 3D frente a nuestros ojos. Al final somos nosotros metidos en ese mismo río, en el que Caronte navega con su hermosa embarcación. No podemos explicar la sensación de desorientación y ahogo que nos genera despedirse y, abrazar la transformación y el cambio.

Hay pasajes de ese río que son calmos y otros, por el contrario, que son estrechos con corrientes impetuosas, su paisaje está hecho de piedras que sobresalen, y el agua conquista las cúspides de cada una de ellas sin permiso ni decencia. En los pasajes calmos se puede flotar, nadar si se quiere, pero, en los rápidos, la sensación de peligro, de fragilidad y vulnerabilidad está a la orden del día. Yo descubrí que tenía dos opciones para navegar estos pasajes cuya velocidad casi que ni te deja pensar, y es resistirme a la corriente y tratar de aferrarme a como diera lugar a algo que me sostuviera momentáneamente, o simplemente sumergirme en las profundidades, y convertirme en un alga, en una piedra, o en un pez que se alimenta, que juega y que se aprovecha de la corriente para vivir. En otras palabras, mientras Caronte con pericia navega el río, yo desciendo a sus profundidades a encontrar la serenidad que no está en la superficie, es adaptarme a ese río, es dejarme llevar. En la profundidad la corriente te transporta y te sientes sin gravedad, todo se mueve lento, te sueltas y disfrutas, cual tortuga marina que con garbo aletea y se desliza sin afanes ni preocupaciones.

Cada cambio, cada despedida, cada desencuentro, cada muerte, cada dolor es un mensajero, cual Caronte con su propia barca. Son maestros y nos dan instrucciones precisas para reconducir, y navegar el pasaje del río que estemos atravesando. No nos tiran al agua sin darnos la información y las herramientas para sobrellevarlos.

Yo me siento transformada. Yo me siento con más ganas de ser. Yo me siento muy afortunada de haber contado con maestros tan grandes para aprender de la vida, del perdón, de la lealtad, de la valentía, del amor. Ellos prendieron unas antorchas y me hicieron ver lo imperativo de ese viaje interior, allí adentro en esa oscuridad aparente sus mensajes resuenan como canciones, su ejemplo es un recorderis permanente de la fugacidad de esta vida, y que lo importante no es aquello que conseguimos, si no aquello que damos. Estar de frente a la muerte nos desnuda y nos invita a abrazar nuestra vulnerabilidad y nuestro presente como un indiscutible milagro.

 Nuestras creencias son nuestros lastres. Nos anclan a una imagen, a una forma de actuar y de ser. Apostemos a seguir la guía de todos aquellos maestros que nos antecedieron. No esperemos a estar en nuestro lecho de muerte para arrepentirnos de nuestros errores y equivocaciones. No esperemos a estar de frente a la muerte para apostar por la vida y comprender la maravillosa oportunidad para buscar la unión, la libertad, la plenitud. Que la inercia no nos carcoma, y cada día hagamos algo que nos acerque a ese propósito. Tomemos la decisión de cortar los lastres. ¡No esperemos más!

Que en estas navidades nos comprometamos a sumergirnos en nuestro interior, a pesar del ruido y la pereza, y agradezcamos con toda nuestra alma por cada cosa que nos sucede sin pedir ni merecer, por los aprendizajes, por lo seres que siempre estarán a pesar de su partida, por el dolor, por la enfermedad, por las dificultades económicas, por la incertidumbre, por la soledad, por los problemas, por nuestras propias debilidades. En fin, por todo aquello que nos reta, por todo aquello que tenemos, por todos y cada uno de los seres que nos acompañan en este caminar.

Yo hoy doy las gracias por cada uno de ustedes.  Y espero que la luz del amor se encienda en cada uno de sus corazones, y nunca, nunca, se apague.

¡Feliz Navidad!

jueves, 3 de noviembre de 2022

La Toxi

“Qué hice yo para merecer tu amor, me dijo entre lágrimas cuando me vio entrar en la UCI. “Te quiero abrazar, acércate”. Entre lágrimas de emoción me murmura, que había tenido pensamientos que habría sido mejor haberse muerto en la última de las dos cirugías que el día anterior le habían practicado. Estábamos mi primo Cheyo y yo, viéndola en medio del dolor más agudo, de la incomodidad más absoluta; de no poder tragar, de tener tubos drenando líquidos por doquier, y a pesar de sus contradicciones, nos sonríe, nos dice te quiero, y hasta estuvo mamando gallo con Cheyo al mejor estilo de Lencho de las Mercedes. Y no habían pasado cinco minutos y ya Patri me estaba enseñando la paciencia que todo lo puede.  En su agotamiento intentaba tragarse una muesca de hielo, y luego padecía la insoportable tos que le sucedía, se apretaba su barriga con una almohada para ayudarse a expectorar. No la oí quejarse de dolor. Y para mí eso era, en esas circunstancias, heroico. Ese día nos dice al pasarnos un kleenex que ella había utilizado: “pónganse guantes, me dicen la Toxi”, con una picardía digna de una niña diciendo sus primeras malas palabras.

Además del conocerte, acompañarte Patri en tus últimas dos semanas fue el más grande regalo que me hayas podido dar. Fue una inmersión a pulmón en las profundidades de tu ser, en las dualidades que plagan nuestro existir, en el valor del tiempo, en la perspectiva de lo trascendente e intranscendente de nuestro trasegar, en cómo la fragilidad humana expone unos atributos en esa silenciosa elocuencia, me recordaste del valor del desapego a lo material. Me sedujiste con tu volver permanente a la paz que sentías una vez tomaste la decisión. Con serenidad te enfrentaste a lo desconocido, decidiste cada detalle de tus últimos días, dejaste pildoritas de cariño a quienes más amaste, consolaste el dolor de toda tu familia, los convidaste a comprender que amar significaba dejarte pintar en un lienzo sin fronteras donde cualquier combinación cromática era posible. Pediste perdón, creaste una red de soporte entre los tuyos, te imaginaste cuadros, cantaste, y lloraste hasta cuando me habías dicho que estabas seca.

Aprendí cuando me pediste te acompañara a tomar la decisión más difícil de tu vida, la de abandonar el tratamiento y empezar el camino del buen morir, que tú en los más profundo de tu ser sabías cuál era tu decisión. Tuviste miedo no de la muerte si no del dolor de tus seres queridos. Y a pesar del miedo, afianzándote en esa paz que me repetías tuviste a partir de ese momento, alzaste el vuelo. Nunca te vi sombría a partir de ese momento. Tu paz era contagiosa a pesar del deterioro de tu cuerpo. La alegría nunca te abandonó. ¡Mi campeona como te decía, te ganaste la presea dorada!

Pero hay una cosa que con el paso de los días me he dado cuenta y es que cuando llegué a acompañarte pensé egoístamente que yo te iba a ayudar. Pero tú, por el contrario, me hiciste el más grande de los regalos.  Me conferiste el recordar mi camino, el recordar la razón de ser de mi vida, me inundaste de valentía para acometer el porvenir, me entonaste vallenatos para que no olvidara que no debo dejar de componer mi propia música, de abrazar con pasión lo que llevamos por dentro. Gracias Patri por recordarme quién soy y con tu ejemplo convidarme aprovechar con amor y luz cada segundo que tenga de vida, gracias por darme la osadía para atreverme a ser feliz.  ¡Te quiero Tía Pat!

domingo, 2 de octubre de 2022

Libélula azul

El sol en su apogeo calienta hasta el último grano de arena de la bahía de Tampa. Las libélulas danzan sin mediar coreografía ni ensayos. Sus piruetas colorean el bastidor irrespetando todo canon. Vibran sus alitas transparentes, y se suspenden en el aire, respiran y van a merodear a un laguito a donde logran ver su imagen magnificada. Entre tanto, una bandada de Ibis blancas surca los cielos. En medio de ese calor, una de ellas se despide de la bandada dirigiéndose al cenit. Ya el huracán hizo su paso, y ahora la vida continua, transformada: contigo y sin ti. Las lluvias ya quedaron atrás. Nosotros sentimos el coletazo del huracán, pero tu solita acompañada por tus seres más entrañables, levaste las anclas y te elevaste confiada a la luz insondable que tan intensamente anhelabas.

Y sí tú: ibis, libélula, mar, azul (tu color favorito), libertad, valentía, entrega, amor, carcajada, desparpajo, claridad, sensibilidad, adaptación, Patrietta para tus allegados después del trasplante. Si hay algo que te caracterizó, quillera empedernida, fue tu generosidad, la entrega a los demás. Todos dimos fe de una u otra manera. Intentaste a toda costa unirnos y lo lograste. Como hablamos hace unos días la luz de tu velita encendió en todos nosotros la nuestra. Tú en el centro y todos con nuestros pabilos encendidos a tu alrededor amándote y recibiendo tu amor. Tal como me dijiste con una sonrisa única…  ” ¡Caro, yo lo que hice fue una fogata!”. Y si, de ti emanaba el fuego del amor, en ti estaba la fuerza de la trascendencia, en ti estaba el calor de la certeza de tu decisión, la llamarada del desapego, la consciencia de la despedida.

Nos enseñaste a cantar y a bailar en medio del dolor. Cantaste, cual Escalona:

“¡ay!

¡De mi corazón asegúrate,

de todo mi amor asegúrate,

De mi corazón asegúrate tú,

¡Que de todo tu amor me aseguro yoooooo!

Cantaste a Jaime Molina, bailaste “Tamarino seco se le caen las hojas agua derramada no hay quien la recoja.” , te sumergiste en el preludio de la Suite 1 de Bach para cello, tu favorita.

Dijiste te quiero cientos de veces, estuviste al tanto de cada uno de los detalles de tu proceso, te despediste de todos, y al final Dios te concedió lo que tanto querías descansar en paz. Repetiste sin cesar “Nada te turbe nada te espante, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza quien a Dios tiene nada le falta solo Dios basta”. Y siempre sin falta, hacías un pare antes de pronunciar “Solo Dios Basta”. Porque en lo profundo conociste a Dios en ti.

Hoy celebramos que tu sueño se hizo realidad, hoy te celebramos. Yo los invito en medio de la tristeza y la nostalgia celebremos a la tia Pat, a ese corazón valiente, que lo batalló todo, que coloreó de tantos colores nuestras vidas.

Tia Pat, gracias por darme el privilegio de ser testigo de tu humilde grandeza.

Porque …“Problema tuyo, problema mío”

TE QUIERO TIA PAT

sábado, 3 de septiembre de 2022

Al buen entendedor....

Sin ton ni son, voy dando pasos en medio de una carretera destapada rodeada por árboles que, desde su demarcado lugar en el mundo, nos acompañan a cuantos deambulamos por sus alrededores. Marcan mi ritmo el sonido de mis pasos, y tal vez mi corazón alza la mano.  Y digo tal vez, porque a veces le sigo y a veces me sigue. Los pinos bailan mientras yo me muevo, su torso se ondea con una flexibilidad envidiable. Y si en esa calma que solo da el contacto con esos majestuosos bailarines. Hay algo que simplemente deja de serte para serles, y ellos en esa grandeza, se vuelven diminutos para llenar de música y aroma ese pequeño espacio que habita en nuestros cuerpos, que no tiene forma, y al fin de cuenta no tiene límite. Que su pequeña inmensidad es insondable. Ellos dejan de ser y tú te vuelves ellos.

Y en la vida pasa, que, cuando uno menos piensa, esa travesía se estropea. Toca parar. Un auto rojo, como diría Vilma Palma e Vampiros, con aura de grandeza, rugiendo sus motores para llamar la atención del universo entero, pasa raudo y veloz, y te deja encunetado. Su chofer un inexperto jinete cree que la razón de ser es demostrar su poderío con la vana carcaza de su carro, y el rugir ensordecedor de sus motores. La polvareda se levanta, no tengo mas opción que detenerme, toser porque me cuesta trabajo respirar, quitar con mis brazos todo ese humo que no me deja ver. Trato de fijar en la distancia un lugar para referenciarme, y a lo lejos, más allá de esa nube atisbo algo que me da tranquilidad. La carretera sigue, hay una curva, no muy pronunciada, por cierto, y en las inmediaciones, vacas pastando aturdidas por el bólido rojo que atentó contra su serenidad. Impávidas están de tal barahúnda. Y sí, mientras las vacas se reponen de tal vil espectáculo, no tenemos más opción que incorporarnos, de pie ya, recobrar el aliento, limpiarnos los ojos, y quitarnos el polvo de nuestras palmas de las manos, y de la marca que nos queda en nuestras rodillas tras el raspón monumental. A ese jinete sin caballo, que nos irrespeta y nos deja comiendo polvo, hay que dejarlo pasar. Reconocer su ignorancia y perdonarle el irrespeto.

Al principio, cuando nos vemos cual cuadrúpedos en la cuneta, nos viene una rabia, que lo único que se nos ocurre es gritarle a ese inconsciente porque casi nos mata. A él no le importó atentar contra tu integridad física y moral. Tú te sentiste vulnerado, pero que mas da, tocó comer polvo. Y ese paseo acompasado se convierte en una pesadilla. El ego, la humillación, la rabia. Pero después cuando el ruido del motor se desvanece y, el jinete sin caballo deja de verte con el retrovisor, la tristeza toma la batuta, y nos muestra cómo ese ser le está siguiendo los pasos a Narciso y su inevitable destino de ahogarse deslumbrado por su propia imagen.

Los pinos siguen estando allí, el corazón sigue latiendo, la carretera no se desapareció, las vacas mugen, el polvo se limpia, los raspones sanarán algún día, y yo aún puedo moverme, puedo sin dolor dar un paso más. Tengo que esforzarme por aprender de la encunetada, pero una vez más, debo retomar mi paseo a sabiendas que puedo volver a tener un encuentro cercano con un adolescente embelesado por la falsa plenitud que el mundo y sus juguetes pueden dar. Ahora debo caminar más cauta. Disfrutando igual. Ahora sé que estos jinetes no quieren darse cuenta lo que dejan en la verja, lo único que les importa es el poderío que demuestran. Y a mí por el contrario me embelesa la belleza que me circunda. No soy infalible. Pero en este trasegar tengo la certeza que el jinete está ensordecido por el ruido que le acompaña, y ni si quiera me escuchó gritándole de la impotencia. Puede que una curva se lo coma, por la velocidad en la que va, o puede que no. Ya no importa. Yo seguiré a pico monto dando mis pasos, sin más pretensión que la de ser y aprender de cada etapa del camino. En esta etapa aprendí que la ignorancia es mala consejera. Que el ruido es mal consejero. Que mis intereses son diametralmente opuestos a los del jinete.  Y que siempre, podemos pararnos golpeados, y amar, aunque sea magullado a ese ignorante que te atropelló, y te recordó con más fuerza que nunca, que el camino es ser, es dejar de ser, es amar siendo, es sembrar sin esperar cosechar, es perdonar.

 

sábado, 20 de agosto de 2022

Dolce Far Niente

La superación humana siempre será motivo, para mí, de asombro. Oía en CNN hace unos días un reporte de Clarissa Ward (“Chief International Correspondent”) donde relataba cómo un año después de la toma de Afganistán por parte de los talibanes, las mujeres afganas desafiaban el régimen saliendo a la calle sin cubrirse el rostro, otras más jóvenes se resistían a no estudiar para lo cual improvisaban aulas a escondidas y encuentros clandestinos para no despreciar al inolvidable Baldor, otras caminaban diariamente 3 horas hasta el centro de Kabul para acceder a tres panes regalados por una ONG, para así poder tener la ración de alimento diario para sus tres hijos. ¡Es increíble seis horas de caminata por tres panes (medio pan per cápita)! ¡Dios!  

La valentía de esas mujeres se compara con la de Egan Bernal, que a pesar de desportillarse a 60 km/h contra un carro, y haber estado al borde de la muerte y si no al borde de una discapacidad permanente, se levantó de su lecho de enfermo, y batalló contras sus heridas y dolores, contra su trauma, y se sentó de nuevo en el sillín y pedaleó literalmente hasta el cansancio. Hoy vuelve a competir. Es un milagro dicen algunos. Y él escribe en su Instagram “No sabemos lo que somos hasta que vemos lo que podemos hacer”. Y para qué irnos a Afganistán o a Boyacá si en la familia hay seres dignos de admiración. Mi tía Patri batalla cual Rey Arturo, con su corazón valiente, combatiendo los efectos colaterales de su trasplante de médula. 


¿Y qué hay en nosotros mismos de esos seres que admiramos por su coraje? Pues, si uno se pone a mirar, la vida se encarga de mantenernos entretenidos y sacarnos permanentemente la casta. La mía ha estado requete entretenida: el suicidio de un socio, la muerte de Benja mi gatito quien me acompañó por 15 años, decisiones de cambio laboral. En fin, de todo como en botica. Durante el último mes viajé a Barranquilla a compartir con la tribu. Como buena mamífera me fui a dejarme abrazar por la manada. Y así fue. Allá escuché a mi papá aprender italiano, y vi a mi mamá atender pacientemente a mi abuela nonagenaria. Y sí, en Barranquilla, descubrí la filosofía italiana de no hacer nada “dolce far niente”. Nosotros acostumbrados a estar imbuidos en torrentes de actividades, parar tiene una dulzura inigualable. No solo porque nos permite pensar, no pensar, sentir, dejar ir, aceptar, comprender, abrazar, hacer sin hacer, ¡cambiar! En esa quietud, también actuamos, también nos enfrentamos a nuestros retos.  


Si no que lo diga mi profe de cello, quien vio como mi proceso pedagógico se debía suspender por los avatares de la vida.  Después de un mes regresé a clase. Quien en sus palabras en nuestra primera clase después de este largo receso dice: “¡Me cambiaron a la alumna!” El cello sonaba diferente, más duro, más bonito, más afinado. ¿Cómo se podía explicar esto si yo no había tocado una sola nota mientras estaba en Barranquilla? Además de la consabida maduración neuronal, en mi temporada en la Arenosa, no hacía más que recordar la irreverencia, el coraje, la seguridad de mis compañeritos del semillero de la orquesta. Ellos se sentaban en el instrumento sin complejos e inseguridades, lo desafiaban. En resumen, la dulzura de no hacer nada me llevó a comprender que debía aprender de mis pequeños gigantes. Disponerme a aprender como niña. A disfrutar como niña. Algunos días antes de la muerte de Benja, la profe me había dicho que no podría tocar el celllo, si no me descaraba, si no me sentía capaz de dominarlo. Y así en la quietud aprendí del descaro de los niños, de su desparpajo para pensar que son non plus ultra y en consecuencia actuar como tal.  


Egan tiene razón en que descubrimos quiénes somos por nuestros actos. Las mujeres afganas afirman en estas entrevistas que son conscientes de su peligro, pero que también son conscientes que el poder no lo tiene el régimen militar, si no que está en ellas. No hay una ideología que pueda combatir esta determinación. Él se descubrió no sólo ascendiendo al AlpHuez, mítica etapa del Tour de Francia, sino también al tenerse que enfrentar a los dolores, a la limitación de movilidad, a la fisioterapia, al pedaleo mientras aún caminaba con bastón.  Mi tía lucha sin descanso por la vida, por sus pinceles y pinturas. Y yo, cada día me levanto a descubrir la música de cada capítulo de mi vida, la que hay en mí, la que hay en todo lo que me rodea.  


Cada uno de nosotros tenemos pruebas que superar, no nos dejemos vencer por los problemas, seamos coherentes con nosotros mismos, y no tiremos la toalla. Aprendamos de esos héroes desconocidos, que no buscan figuración alguna, si no que hacen sin vacilación lo que los motiva. Rompamos a pedazos las imágenes ilusorias que habitan en nuestra mente y nos coartan. Que sean nuestras acciones ese batazo que dispare un home run y deshaga por la magia del atreverse, la creencia de no poder ser imparable. ¡Siempre con humildad claro está! Tenemos en nuestras manos la oportunidad de reedificar y reconducir nuestros destinos. Que no sean nuestros actos apología al egoísmo, la ambición y a la doble moral. ¡No nos confundamos!  Por el contrario, que sean ellos muestras de compasión y humildad. No nos tenemos que comparar con nadie. Trabajemos por ser una mejor versión. No nos demos por vencidos, y enfrentemos los grandes desafíos de la vida con alegría y aceptación. Abracemos la despedida de aquel que somos y no nos deja ser, y demos la bienvenida, a la expresión de aquello que ignoramos que somos, que nos trasciende, que intuimos que somos, que nos busca sin cesar y al cual nosotros rehuimos agazapados.  

 

“El viaje de mil millas comienza con un sólo paso.”  

Lao Tzé 

lunes, 20 de junio de 2022

¿Vencedores o vencidos?

 

Señores y señoras les informo que, a partir de la fecha, el país con la democracia más consolidada de América del Sur ha hecho la transición a un gobierno de izquierda. Igualmente, para la prensa amarillista, que le encantan estas noticias les doy la primicia que, hace un par de semanas, mi socio se suicida víctima de una extorsión.  Una extorsión cuyo modus operandi se basaba en la empatía.

Y sí, las cosas cambian. De la noche a la mañana. Un día nacemos otro día morimos. Un día el sueño colectivo se esfuma para convertirse en la historia sin fin. Un día nos sentimos capaces de comernos el mundo, y al otro nos vemos sentados, petrificados, por las noticias que parecen de otras vidas, viendo un camión de la fiscalía salir con el cuerpo de tu amigo hecho trizas.  

Esto me recuerda a las canchas de arena en las que jugaba futbol, con Jose Fernando mi primo, y el combo del barrio donde estaba la casa de mis abuelos.  Cuando corríamos de un lado al otro, y la polvareda se levantaba y de pronto éramos incapaces de ver hacia adelante, por esa nube de tierra que se nos metía en los ojos y, no nos dejaba respirar. 

¿Y ahora quién podrá ayudarnos? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo me debo parar después de lo sucedido? ¿Hacia dónde debo correr para meter el gol? ¿Cuál es la meta, si es meter un gol? 

Por qué carajo esperamos batacazos que nos mueven el piso para hacernos estas preguntas y para darle el valor a las cosas antes de que pasen. Digan si no valoran ahora, por más discrepancias que tengan, al combo de presidentes que lidero este país en los últimos 20 años. No soy de política, pero valoro la libre expresión, y valoro la honestidad y la transparencia. Detesto la manipulación basándose en falaz empatía.  Hay dolor de patria, como hay dolor en mi corazón porque un amigo no se vulneró ante sus amigos y familiares, no soporto más el agobio, y decidió terminar el calvario de su vida. ¿Tenían solución sus problemas? ¿Eran verdaderamente inmanejables o era su percepción?

Como dice otro amigo mío:  "el mayor de los problemas es el propio". Es una verdad a rajatabla. Y si es así, entonces. por qué creemos que tu situación no es la mía o viceversa. ¿Por qué insistimos en creer que hay un tú que no soy yo? Si no que lo digan todas las personas que asistimos a la misa de mi socio. Él se sentía desesperado con seguridad, se sentía solo y sin salida.  ¿Es que acaso su suicidio no me afectó?  La presidencia de Petro nos afecta a todos. U optamos por ser la víctima y creer que una persona puede cambiarlo todo, o desmoronamos ese sesgo, y asumimos la responsabilidad que nos corresponde para trabajar, para seguir adelante, para transformarnos, para cambiar la realidad que nos refleja. Si yo cambio tu cambias.  

En nuestro emprendimiento, de ser los tres mosqueteros pasamos a ser Batman y Robin. Y muy a pesar de lo anterior, quedamos convencidos que nos tenemos que levantar cada mañana a trabajar por generar consciencia de la salud física pero sobre todo, de la salud mental de las personas.  Muy a pesar de Petro, y muy a pesar de la dolorosa muerte de nuestro socio y amigo, aceptamos el dolor como una invitación permanente e imborrable a que tenemos que dejarlo todo en la cancha. Que así nos duelan los ojos en la polvareda, y así tosamos como locos, tenemos que esforzarnos, por ayudar a las personas que tenemos a nuestro alrededor alivianar el peso de su carga.   Diríamos que la muerte de nuestro amigo se convierte en un permanente recorderis que tenemos que trabajar sin descanso por el otro, en vez de sentarnos en disquisiciones sin sentido, a pensar como la adversidad nos venció, tenemos que chutar el balón, sin miedo, a pesar de la defensa, de los empujones y de las zancadillas. A pesar de la polvareda.

Petro venció en la contienda electoral, pero todos como sociedad podemos vencer la indiferencia y la victimización.  El verdadero desarrollo no está afuera está dentro de cada uno de nosotros. La paz y la felicidad no nos la dará el régimen político o la estabilidad económica. 

¡Un acto de amor hace la diferencia! 

¡No pierdas la esperanza!

¡Goooooool!

  

domingo, 20 de marzo de 2022

Aletheia

Escucho a los analistas políticos decir que la razón de ser de la guerra de Ucrania es por el miedo que tiene Putin, líder de un régimen autoritario, de la occidentalización de su vecino.  Putin a su vez afirma vehemente que Ucrania es un régimen neonazi. Se le olvida el pequeñito detalle a Mr. Putin que, Zelensky, el presidente de Ucrania es judío. Los noticieros buscan explicaciones para su locura y ahora dicen que tiene una enfermedad neurodegenerativa y que no tiene tiempo que perder. Por otro lado, Zelensky exhorta al presidente de los Estados Unidos a que se convierta en el líder del mundo, y la manera de hacerlo es convirtiéndose en el adalid de la paz. ¿Cómo lo propone? Ayudándole a defender sus fronteras, su territorio, y a ayudar a que la barbarie cese.  Es decir, incorporándose en la guerra. Ucrania se desangra, se destruye, llora, tiene hambre, tiene miedo, se siente abandonada por el mundo occidental por el cual tanto apostó.

Tantas contradicciones y cuántos debates éticos. Estados Unidos afirma a todas luces que se abstiene de participar por prevenir una tercera guerra mundial, pero aporta armas y dinero. Europa tibia depende del petróleo y el gas natural de Rusia. Tan sólo ahora después de casi un mes de crueldad empieza a debatir una posible incorporación de Ucrania a la Unión Europea, movimiento que responde a unas afirmaciones de Zelensky donde daba por perdida esa posibilidad. Los líderes religiosos exacerbando la discordia contraria a su mandato de unión, compasión y amor. Los rusos de a pie sufriendo también por el orate que tienen de autócrata, porque sienten que los impuestos que pagan están siendo utilizados para matar a su vecino y pariente. Además, viéndoseles cercenada la libertad de acceso a la información y a la libertad de expresión. Hoy ya ni si quiera pueden comerse una hamburguesa de McDonalds que fue símbolo del fin de la guerra fría y acceso a las comodidades a las que adolecían. Las madres de los soldados no conocen sus paraderos, y Putin afirma darles compensación económicas por ser héroes. ¿Vida vs. Dinero?

Sufrimos y peleamos por el poder, por unas fronteras imaginarias delineadas por el hombre, para el hombre y por el hombre. ¿O acaso un lobo estepario que sale de Siberia a darse un paseíto le piden pasaporte para pasar a Ucrania, a China o a Kazajistán?

¿Y nosotros a qué jugamos? La humanidad está desorientada, está anestesiada. Por un lado, nos encanta ver las noticias, nos encanta vociferar en contra de las atrocidades y de la inoperancia de la justicia global por juzgar a Putin como un criminal de lesa humanidad. Pero olvidamos la compasión, olvidamos que mientras nos comemos un plato de almuerzo, al otro lado del mundo hay alguien en un resguardo sin luz, oyendo bombas, sin comida y angustiado por sus seres queridos, por su propio devenir. ¿y qué hacemos? ¿Al menos una oración? ¿Cuántos de nosotros hemos ayudado a las víctimas? No Caro, es que está muy lejos y no sé cómo hacer. ¿En serio? Querer es poder. No queremos. Pero al mismo tiempo nos decimos a cada uno de nosotros que somos personas buenas. Las contradicciones que vemos afuera existen en nosotros mismos. ¿Vamos a dejar que persistan?

El miedo es la leña que aviva el fuego de guerras, de crímenes execrables, de hechos inenarrables. El miedo es el que hace que nos acoracemos detrás de imágenes inexistentes de nosotros. El miedo nos paraliza. El miedo nos hace reaccionar violentamente. El miedo nos hace agredir. El miedo nos hace mirar la mirada hacia afuera y no hacía nosotros mismos. El miedo nos convierte en lo que no somos.  El miedo “petri-fica”.

 

Es el momento para desocultar nuestro ser, de acercarnos a la verdad dejando atrás los velos que no nos dejan conocer las cosas tal cual son. Aristóteles le llamaba a esto aletheia. Su etimología a (sin) letheia (ocultamiento). 

Evitemos guerras, confrontaciones, evitemos dejar de vivir y tan solo existir, por nuestros miedos y contradicciones. No nos ocultemos detrás de ellos. Y busquemos con nuestras acciones plagadas de osadía y compasión, un cambio. Una desnudez sin velo, una entrega sin ruego, una búsqueda sin ego, un amor labriego.

sábado, 5 de marzo de 2022

COLOQUIO

 Las voces de los instrumentos en una orquesta en algunos pasajes se contraponen, en otros, llevan el mismo ritmo. Es una conversación permanente, donde el tiempo da la entrada a cada expresión, donde cada intérprete se funde con su instrumento para emitir, desde su corazón, más allá de la nota correcta, la sensación perfecta.  El instrumento es una extensión del cuerpo, la voz silente del intérprete se hace movimiento, es energía que se hace armonía. Es una oración que respeta la de los demás. Es un baile que se eleva en el torrente del mensaje plagado de silencios, de corcheas y redondas. Es un diálogo que une a varias almas aspirando a la belleza personificada en sonido. Es una búsqueda por entrar tanto en sí mismo, en el presente, donde la individualidad se diluye para fusionarse en un alma colectiva, donde la concentración plena abre paso al frescor del sentirse frente al mar, o deambulando en la noche viendo las estrellas, o hasta sentir la presencia del amado. La música es el misterio que nos une, que hace que nuestros cuerpos se muevan, que nuestra mente se aquiete y se adentre en ella, para recordarnos la insondable felicidad que nos habita, pero que tanto olvidamos.

Es así como esta semana tuve el inmenso privilegio por primera vez en mi vida de sentirme parte de una orquesta estudiantil de cuerdas frotadas. Para mi fue como subir al mismísimo Everest. Como toda aprendiz me senté en la silla sin saber como era que funcionaba, como se esculpía la magia del sonido. Era aterrorizante y a la vez emocionante. He de confesarles que cuando escuché por primera vez el sonido conjunto de todos los instrumentos, me paralicé de lo que me impactó lo que sentí. Fue sobrecogedor. Entendí que esa magia es fruto de interminables horas de trabajo, por comprender la tarea que te corresponde, por vencer las dificultades técnicas, pero sobre todo es fruto de que cada persona se supere a si misma, a su mente que le limita y le hace creer que no es capaz.  Asistir a una orquesta es ir a una escuela de trabajo en equipo, es una escuela de “mindfulness”, es una escuela de empoderamiento, de seguridad, es una escuela de enfrentarse al miedo a la equivocación. Me di cuenta de que es ese proceso individual quien aviva el fuego de la persistencia. El resultado de todo este proceso no es sólo la música que el asistente al evento escucha. Es la música misma quien edifica en cada una de las personas que la busca, un camino solitario y silente, para crecer, para abrirse a la intuición, para dejar de ser y convertirse en lo mismo que se busca, en música. Dejar de ser estáticos a ser dinámicos.  Dejar de ser inmóviles a ser móviles. Dejar de ocultarse detrás de palabras o prejuicios para desnudar su alma del todo, sin excusas. Dejar ser densos a ser sutiles.

Esta aventura me ha recordado la importancia de respetar el tiempo que vivimos, porque cada tiempo tiene una razón de ser. Si nos aceleramos, no escucharemos al otro, romperemos toda comprensión, todo diálogo, toda construcción común. A veces los mensajes llegan de manera directa por la voz de un amigo, a veces nos llegan enmascarados en enfermedades, en pérdidas de seres queridos, y por qué no hasta cuando caminamos o sembramos una plantita. La osadía de actuar aún cuando tengamos miedo de perder, de equivocarnos, de dolernos o de morirnos es lo que hace un buen director de orquesta, es hacer respetar la fluidez de ese coloquio, es componer la eternidad de esas notas en los corazones de quienes se abren a ellas. Escuchemos al otro, escuchémonos. Y aprovechémonos cada hora del día para vislumbrar que, así como Dios habita en la música, ese espíritu divino habita en nosotros. Hagamos de nuestras vidas una gran composición, esmerémonos por que ésta sea fiel a nuestro ser, a nuestras aspiraciones profundas y trascendentes. Y no sólo creemos la partitura fiel a nuestra composición. Sino que, en coherencia, seamos los intérpretes de esa composición. Y no olvidemos jamás, a aspirar ser música, y a ser música aspirándola.

viernes, 4 de febrero de 2022

Bon voyage

 

Hoy tuve que presenciar el último adiós de un entrañable amigo. ¡La muerte tiene el poder de relativizarlo todo, ojalá tuviera el poder de movilizarnos!

El observar el dolor de amigos en común me hizo pensar, si él, Luis, alcanzaría a imaginarse cómo transformó la vida de cada uno de nosotros. Las lágrimas se escurrían sin pedir permiso. Y ahí algunos de los que, en otrora, se tomara unos aguardientes, bailara y hasta cantara karaoke, éramos espectadores de una obra de teatro donde él era su protagonista.

Cuando se baja el telón. Todos los presentes abandonamos el teatro volviendo a la realidad de nuestras vidas, pero con la sensación de una tarde fría y lluviosa. Húmedos y acontecidos.   Y es ahí mientras resuelvo mi almuerzo y dirijo mi atención a temas mundanos que, me empiezo a hacer todo tipo de preguntas, que compartiré sin filtro con ustedes.

Aquí van mis divagaciones: ¿por qué no expresamos con apertura nuestros sentimientos a las personas que amamos? ¿a qué le tenemos miedo? ¿por qué callamos en vez de darnos al otro? ¿por qué nos alejamos de los demás? ¿por qué nos dejamos imbuir en nuestros atafagos y olvidamos lo fundamental, el otro? ¿por qué están ausentes los que pensé debían estar presentes? ¿cómo transformamos la ausencia en eterna presencia? ¿Qué más evidencia necesitamos para quitarnos la venda de los ojos y empezar a caminar hacia la paz, el amor, que tanto anhelamos? ¿por qué somos tan débiles y obstinados con nuestros propósitos y por qué abandonamos nuestras luchas justificando nuestra derrota? ¿por qué nos dejamos sonsacar de nuestros corazones para vivir presos del ruido, el afán, la posesión y el ego? ¿cuánto tiempo más vamos a vacilarnos, a hacernos los de la vista gorda, a sabiendas que podía haber hecho más y no lo hice? ¿por qué creemos que tenemos tiempo de sobra?

Y es cuando pienso en el tiempo y su severidad, que paro estas divagaciones y me concentro en hacer el almuerzo, porque el hambre me azotaba. Cuando la cosa estuvo lista y me siento a almorzar, le doy gracias a Dios por la vida, y una vez más se apodera de mi la gratitud por el tiempo compartido con los seres que siempre serán en mi corazón, así esta noche, ellos no puedan ver la luna. ¿qué es lo que verdaderamente atesoramos en esta vida? ¿qué es lo que se tatúa de forma indeleble en el alma?

Yo hoy agradezco el milagro de vivir, de llorar y de reír, y que me regalaras este instante de tu vida para leer estos garabatos. Hoy brindemos por las personas que ya partieron, porque ellos son una parte de nosotros, y tal vez nosotros seamos una parte de ellos. Que nuestras lágrimas sean compromiso de cambio y persistencia para que seamos diferentes, para que nuestras acciones le den calor a tantas personas con las que compartimos a diario nuestras vidas, para que no sientan, como nosotros hoy el frío y la humedad. Aprovechemos que es viernes, y brindemos por ese sí, que llevas contigo. ¡Hoy brindo por ti Luis, buen viaje amigo!

domingo, 30 de enero de 2022

Nankurunaisa

 

Les he de confesar que, en estos días he estado cavilando lo mucho que la naturaleza nos enseña y, cómo nosotros ensimismados en nuestros afanes olvidamos observarla y escucharla. Ella tiene el poder de sorprendernos, tiene el poder de arrancarnos una sonrisa o hasta un infarto si tenemos un encuentro cercano con una culebra.  Es como un libro en permanente escritura, es una sinfonía en permanente composición. Todo se mueve. Cada elemento laborioso trabaja, sin cesar, por su supervivencia. Es tal su perfección que la lluvia termina con el agobio de una resolana insoportable, o contrario sensu, el sol es una bendición en medio un gélido invierno.  Pero no todo es trabajo. También hay momentos para disfrutar, sino que lo digan las copas de los árboles que se mecen cuál cumbiamberas bailando la Pollera Colorá, mientras el coro lo entonan las aves, y los árboles circundantes levantan sus brazos al son de la melodía. El regocijo es inatajable, es envolvente. Pero como nada es permanente, todo es cíclico llega el momento de la quietud, luego llega la noche y el frío, luego el amanecer, la humedad condensada, el sol, el calor, el florecer. En la naturaleza el sentido de la existencia es muy claro. Todo es UNO.

Eso pasa en cualquier rincón del planeta. Mientras tanto cada uno de nosotros en nuestras vidas luchamos por sobrevivir. Luchamos por comprender el sentido de esta existencia. Muchas veces confundidos por las señales contradictorias con las que nos enfrentamos, no sabemos qué hacer, nos sentimos separados de los demás, desorientados y, con frecuencia, desconectados de nuestra esencia. Nos frustramos por el comportamiento de los demás, otras veces, por el propio. Pero lo angustia, y el afán, no nos permiten ver que las respuestas que tanto imploramos la tenemos en nuestras narices. Tomamos decisiones y luego, ante cualquier adversidad quisiéramos echar la película atrás, ojalá pudiéramos rebobinar cual equipo de sonido. El mundo y su sistema es una lucha individualista, en la que hacemos daño, porque primero están nuestros intereses sin pensar en el efecto de nuestras acciones, para los demás. El miedo nos encarcela. Vivimos atados a nuestras percepciones.  Olvidamos que todo es UNO.  Olvidamos como diría Thích Nhất Hạnh, prolífico escritor y trabajador incansable por la paz quien falleció la semana pasada que, "sin barro no hay loto, honra tu proceso".

Casualmente, el viernes tuve mi medicamento que, por primera vez, me lo apliqué yo. Me mandó a la cama como ustedes ya saben, a la media noche, me dio mucha fiebre y malestar. No me hallaba. No tenía sueño.  Tuve la oportunidad de prender una chimenea.  Y sentada ahí frente a ella, viendo los palitos de madera dejar de ser madera para convertirse en fuego, y el fuego emanar calor, me di cuenta de que, cada cosa que pasa en la vida nos convierte en algo más, así no nos demos ni cuenta. Para mí la droga y el esfuerzo que me implica cada quince días es como los palitos, se transforman en fuego interior, en ganas de vivir, en ganas de servir, en ganas de dar cada paso de esta vida en forma consciente, en ganas de comprender que yo también soy fuego, soy palitos, soy nube, soy un cardenal, soy mar, soy aurora boreal.

"Cuando reconocemos las virtudes, el talento, la belleza de la Madre Tierra, algo nace en nosotros, algún tipo de relación nace el AMOR"

Thích Nhất Hạnh

 

PS. NANKURUNAISA palabra japonesa que significa: " nunca olvides quién eres y vive por hoy y por el mañana, que jamás se te olvide sonreír y por terrible que haya sido tu día recuerda que el próximo día el sol te recibirá con una gran sonrisa, tú has lo mismo".



 









lunes, 6 de diciembre de 2021

El jorobado danzante

¿Ustedes sabían que el jorobado que menciona Víctor Hugo en su novela "Nuestra Señora de París" que, luego inspiró la película de Disney: El Jorobado de Notredame, verdaderamente existió? Monsieur Trajin, conocido como "Monsieur Le Bossu" (el señor jorobado) fue un escultor que le fue encomendada la labor de liderar las cuadrillas que restaurarían las esculturas destruidas de la fachada de la Catedral del Notredame, luego de la muerte de Luis XVI. Lo curioso es que el pueblo en la revolución francesa confundió personajes del Antiguo Testamento con monarcas franceses del pasado y las arrancaron y las destruyeron sin misericordia. Lo que se sabe de Monsieur Le Bossu es que no se mezclaba con otros talladores, era un hombre solitario. Yo me lo imagino con sus cinceles trabajando sin descanso en sus esculturas, preguntándose incesantemente, en la naturaleza divina de ese personaje bíblico que en sus manos quedaría representado para la eternidad. A pesar de su deformidad alzaba su mirada del piso a su obra, y de sus manos se transformaba el mármol inánime en arte, en belleza, en suavidad, en un ser casi mitológico.

Mientras el jorobado esculpía en solitario, los bailarines se deslizaban sobre los escenarios de madera en una conversación inaudible. La música los invitaba a expresar en movimiento. Sus cuerpos esbeltos y agraciados se movían con delicadeza y control.  Hubo un silencio en la música, y ellos se detienen, erguidos se miran el uno al otro con sus cuellos estirados, su barbilla mirando al infinito, y sus  brazos estirados con su dedo índice señalándose el uno al otro. Ya sienten que empieza de nuevo la danza. Y ellos se sumergen en esa apertura, en la confianza que el otro es una extensión suya, es el preludio del contacto, de la unión.  Y se da el primer paso, se acercan se toman de la mano, y dan ese giro en el aire. La gravedad es inexistente ante la expresión del cuerpo humano gimiendo libertad.  El cuerpo expresando el caudal de esa música que llevamos dentro. 

Es así como a cada uno de nosotros hemos tenido una experiencia vital única. Unos nos parecemos más al jorobado que otros. Mi mamá cuando estaba adolescente me decía "¡Enderézate!". Imagínense la joroba que construí. Yo miraba para el suelo y no miraba al infinito, yo no comprendía en ese entonces, que podía caminar abriendo el corazón a los demás, si no por el contrario, agobiada por mis contradicciones me interné en mi mundo, buscando ese sentido que resultaba escurridizo.  Esa fue la forma que yo encontré para comprender mi unicidad. Toda una Madame Bossu venciendo sus inseguridades y miedos. No siendo eso suficiente, decidí salir de mi aislamiento y me dediqué a viajar y a buscar afuera lo que tenía adentro. Entonces me fui al otro extremo. 

El viaje es el movimiento hacia el equilibrio. El más difícil de hallar. La balanza a veces se nos devuelve y el esfuerzo es el triple. Todos los días luchamos con nuestra mente que nos da mensajes encontrados y nos invita a abandonar la búsqueda. Independiente de nuestras historias, experiencias, tristezas o culpas, cada uno de nosotros debe ir detrás de conocerse a si mismo, para poder así dejar atrás todo aquello que nos ralentiza, que nos detiene, que hace que perdamos la orientación.  La danza de esta vida se compone de tomar consciencia y comprender que somos los escultores de nuestro viaje. Podemos optar por soltar todo y dejarnos llevar por lo que nos dice el corazón, y hacer caso omiso del monólogo que se reproduce sin parar en nuestro interior.  Podemos decidir cambiar nuestra postura, decidir dejar de mirar al piso y por el contrario, levantar nuestra mirada hacia el infinito, hacia la profundidad que escondemos, y que es necesario que vea la luz del sol.  Dancemos en la aceptación de nuestras vidas, y démonos el permiso de ser lo que somos, con la desnudez propia que enfrenta el artista en su proceso creativo.  Amemos las enseñanzas de las jorobas, y abracemos con la alegría la nueva postura con la que enfrentemos la vida. Ya Madame Bossu queda en el pasado, hoy miro este día como un regalo milagroso que me permite abrir mi corazón a fluir, como una buena bailarina al son de la melodía que solo yo escucho, pero que me permite levantar mi brazo, y dar ese giro en el aire. El desafío es vivir el amor, trabajar incansablemente, y aspirar a la libertad de ser nuestras propias obras de arte.